domingo, 23 de agosto de 2009

Capítulo 1. "Como caído del cielo"

Son las dos de la madrugada y voy corriendo por un callejón haciendo gala de mi velocidad vampírica. ¿Qué por qué no me importa que me vea ningún humano? Fácil. Cuando te persiguen dos vampiros más antiguos que tú, y por tanto más fuertes, no te importa descubriste ante ningún humano. Solo piensas en escapar.
Sin duda alguna ambos trabajan para Roberto. Él y yo tenemos una pequeña cruzada desde hace tiempo y ha dado la orden de que me maten, y sinceramente no me hace mucha ilusión que me arranquen la cabeza
Los siento detrás de mí. Uno corre por el callejón, como yo, el otro va saltando por los tejados imitando a un gato.
Yo soy más rápida que ellos pero no puedo estar corriendo toda la eternidad. Necesitaré parar para alimentarme, ya siento la sed recorriendo mi cuerpo. Y además he de guardar algunas fuerzas para cazar pues estoy lejos de casa. No puedo esconderme en ningún lugar, mi olor los conduciría hasta mí. Han tenido tiempo para grabarlo en su mente.
Me paro en seco al llegar al final del callejón, justo antes de entrar en la plaza a la que el callejón daba. Esta plaza... Yo he estado aquí antes... Aquí fue donde me convirtieron. Aunque pasaran mil años lo recordaría, como recordaré siempre al vampiro que me convirtió... juro que cuando lo tenga enfrente lo mataré.
El poco tiempo que he estado aquí parada has sido más que suficiente para que mis perseguidores me alcancen. El que venía por detrás se acerca despacio, el que venía por los tejados salta y se pone delante impidiendo mi huida. Los conozco bien, éramos compañeros cuando yo trabajaba para Roberto. Son Marcos (el que está detrás de mí) y Arturo. Son, al menos, cien años más viejos que yo. No creo que gane en una lucha contra ellos, este puede ser mi final. Llevo escabulléndome ya ciento once años, y ha sido tan tonta la forma en la que me han localizado... estaba robando sangre donada. Y cuando salí de allí me los encontré. Dejé la sangre y salí corriendo, otra no me quedaba. Y tenían que ser ellos además, si hubieran sido más jóvenes no habría sido tan malo. Una pequeña lucha y a casa. Pero por desgracia tenían que ser más viejos que yo, más experimentados y entrenados.
-Que gusto verte Elisabeth. Hacia ya mucho de nuestro último encuentro. –Me dice Arturo.
-No lo suficiente.
-Jajaja, -se ríe Marcos detrás de mí. –Es una pena que dejaras a Roberto por una tontería. Ahora nos vemos obligado a liquidarte... con lo bien que lo hemos pasado los tres juntos. –Odio la arrogancia de estos dos. Siempre han sido así, y por desgracia yo también lo fui...
-No vais a hacerme nada.
-¿A no? Y eso cómo es.
-Porque yo no me voy a dejar. –Les digo moviéndome un poco para verlos a los dos.
-Vamos Eli, tú sabes tan bien como nosotros que no ganarás aunque luchásemos con las manos a la espalda.
-Que seáis más viejos no importa.
-Bueno, si quieres engañarte a ti misma no importa. Vas a morir de todas formas. –Odio que tengan razón. Yo no puedo con ellos. Con uno quizás si podría... pero con los dos es un asunto perdido. De todas formas no pienso morir ni suplicando ni rendida, ni siquiera voy a intentar huir. Me pongo en cuclillas como un gato al acecho. Podría parecer que así, yo de cuclillas y ellos de pie, estoy aún más en desventaja, pero no es así. Soy muy hábil esquivando y atacando por sorpresa. Quizás tenga una oportunidad... entre un millón. No me voy a engañar.
-Marcos. Déjame a mí. –Lo miro curiosa. ¿Quiere ser él quien me mate?
-Como quieras. –Se aleja y se apoya contra una pared para ver el espectáculo. Sin duda está convencido de que será divertido. A Arturo le gusta jugar con sus víctimas, hacerles creer que pueden ganar dándoles ventaja. Pero a mí no me engañará, lo conozco muy bien.
-Te echamos de menos en el grupo. Podrías volver, Roberto te castigaría pero te daría otra oportunidad.
-Jamás. –Se encoge de hombros y de repente se lanza contra mí. Yo me tiró a un lado esquivándole y me pongo de nuevo como estaba. He acabado en la plaza, por suerte no hay nadie, mejor, así no habrá muertes innecesarias.
Arturo no me da tiempo a respirar y se lanza de nuevo esta vez no le esquivo y yo también salto. Chocamos en el aire. Yo le golpeo en el estómago y él me agarra de un brazo. Ya en el suelo me remuevo quedando detrás de él. Saco mis colmillos y le muerdo en el hombro, Arturo se gira, me agarra del pelo y me tira al suelo. Se sienta encima de mí agarrándome los dos brazos y también saca sus colmillos. Cuando bebes sangre de otro vampiro le quitas algo de fuerzas, casi nada. Pero en una lucha puede equilibrar balanzas. También te da muchísima sed, pero no importa.
Yo no he llegado a tomar su sangre pero él parece dispuesto a beber de la mía.
-Arturo, siento a alguien acercarse. –Le corta Marcos, que se ha quitado de la pared y busca en todas direcciones. Ahora que me fijo lo siento, y Arturo también, enfrascados en la lucha no nos habíamos percatado. Viene oculto entre las sombras. Es otro vampiro, y es antiguo. Más que estos dos juntos. Por un momento dudo si será Roberto. Pero no, no lo es. Cuando nos llega el olor Arturo parece reconocerlo, se pone de pie llevándome con el, aún me sujeta los brazos. Este es mi momento, está distraído. Muerdo su brazo y bebo su sangre antes de que me suelte. Sabe a hierro y a veneno, el veneno que te convierte en vampiro. Nosotros lo llamamos pramoenvi. ¿Raro verdad?
El extraño aparece cuando Arturo me golpea y me tira al suelo, ambos le reconocen y le temen. Marcos se pone junto a Arturo y este me agarra del pelo y entre los dos me inmovilizan. Me tienen las manos agarradas a la espalda y me empujan un poco hacia delante. Tengo que mantener la cabeza alzada para verlo. Es hermoso, como todos los vampiros. Cuando lo convirtieron debía de tener pocos más años que yo, quizás veinte o veintiuno. Sus ojos son verdes, tiene el pelo corto y castaño, sus cejas están pobladas y definidas, la nariz es perfecta, los pómulos los tiene marcados y sus labios son rojos y carnosos. Tiene un torso fuerte y musculoso. Como todos los vampiros. Cualquier humana se enamoraría de él, y cualquier humano lo envidiaría.
-¿Qué quieres? –Dice Arturo. Él vampiro no dice nada, solo sigue acercándose poco a poco. –Detente. –No le hace caso. ¿Es que no se ha dado cuenta de que es más poderoso que ellos dos juntos? No debe aceptar ordenes de inferiores. –Dinos qué quieres. –Le exige de nuevo.
-A ella sana y salva. –Dice cuando se para a poca distancia. Yo me sorprendo. Ya no tengo amigos entre los vampiros para que uno venga en mi ayuda.
-Soltadla. –Su voz es hermosa y dulce, pero a la vez autoritaria y muy varonil.
-No. –Dan unos pasos hacia detrás llevándome con ellos. El desconocido sigue parado con las manos en los bolsillos. Entonces Arturo le hace una seña a Marcos. Este se adelanta dispuesto a luchar y Arturo se va más atrás. –Nosotros nos vamos. –Me dice. Yo no pienso irme con él a ningún sitio, me remuevo y me suelto de su agarre. De un salto me coloco junto al recién llegado. No lo conozco pero si me quiere sana y salva me fiaré de él, al menos hasta que me libre de estos dos. Nos miramos. Asiente un poco y vuelve a centrarse en los otros dos. Arturo está junto a Marcos y muy enfadado. –No te vas a librar pequeña. Roberto te quiere muerta y te tendrá muerta. Le llevaremos tu cabeza y nos ganaremos su aprecio. Eres nuestra entrada V.I.P. No nos importa que te haya salido un defensor. –El desconocido sonríe y se prepara para luchar. En un segundo está sobre Marcos. Lo tira al suelo y le arranca la cabeza de cuajo. Sigue siendo asqueroso verlo, por muchas veces que haya estado presente en una decapitación. Así que aparto la mirada. Cuando vuelvo a mirar Arturo y él están luchando. Matar a Arturo no le será tan fácil pero sin duda le vencerá. Yo por mi parte no tengo nada más que hacer aquí. No sé quién es este vampiro y no sé sus intenciones. A lo mejor quiere ser él quien se gane el afecto de Roberto y desde luego en ese caso no es mi amigo. O puede quererme para otros fines, en cualquier caso me es indiferente. Doy unos pasos hacia detrás sin perderlos de vista. Ahora Arturo está sobre mi defensor pero no por mucho tiempo. Lo tiene controlado no necesita mi ayuda así que yo me voy. Salgo a correr y no miro atrás. Tengo mucha sed y necesito reponer fuerzas. Pararé por el camino de vuelta a casa y robaré más sangre. O quizás aún este la que robé antes en el mismo lugar.