jueves, 21 de enero de 2010

Capítulo 7. "Plan B"

Al entrar en la calle de la discoteca los gemelos se bajan para entrar antes. Yo me quedo en el coche con Inés y Nilo, quien nos tira una bolsa con ropa a cada una.

-Aquí tenéis ropa más de fiesta. Con esos vaqueros no pasaréis desapercibidas. Os espero en la entrada, actuar como si me quisierais mucho ¿vale? –Nos guiña un ojo y sale del coche.

-No creo que mis pantalones sean tan poco apropiados. –Los suyos no pero los míos, que también son suyos, son penosos. –Y con esta minifalda si que voy a llamar la atención. –Dice enseñándome la ropa que Nilo le ha dado, es para enseñar bien el cuerpo. -¿La tuya qué tal es?

-Igual, -le digo tras mirarla. Al menos yo tengo unos pantaloncitos y una cazadora donde esconder mis cuchillos y la pistolera. Lo que me preocupa son los cuchillos de los calcetines. Con estas sandalias de tacón no puedo ocultar nada. Pero Inés tiene unos botines lo suficientemente altos como para tapar mis cuchillos. –¿Me dejas tus botas?

-Para esconder los cuchillos ¿verdad? Toma. –Nos cambiamos rápido y salimos del coche. –Ahora tienes que comportarte como si Nilo fuese tu… amiguito.

-¿Amiguito?

-Que seas muy cariñosa.

-Sabía a lo que te referías. Pero ¿por qué?

-Aquí no nos conocen, si hacemos eso nos asociarán a Nilo y no a Lerón y los demás. Todos saben que Nilo y sus chicos son unos juerguistas a los que les encanta armar grandes bullas.

-Ya entiendo. Así pensarán que no había una segunda intención en nuestros actos.

-Exacto.

-Buen plan. –Justo antes de dar la vuelta a la esquina Inés me para.

-Elisabeth, Ángel me ha dicho que no importa lo que te digamos. Irás a por Baltazar. –Y ha dado en el clavo. En cuanto lo vea me lanzo a su cuello. –Así que me ha pedido que cambiemos el puesto, todo sea por evitar que arruines la misión. Tú encárgate de Baltazar.

-Encantada.

-Pero haznos un favor. No lo mates, queremos interrogarlo.

-Eso no puedo prometértelo. –Sigo andando y evito la réplica de Inés. Sonrío sin parecer falsa y cuando veo a Nilo me acerco a él y abrazándole le doy un beso en la mejilla. -¡Nilo qué bien que te encuentro!

-¿Dónde está Inés?

-Ahí viene. –Miramos hacia ella, va andando tranquila levantando pasiones entre los vampiros y humanos que esperan en la cola. Sonríe a unos cuantos y le guiña el ojo a Ángel, Lerón y los gemelos. Cuando llega al lado de Nilo repite lo mismo que yo he hecho, pero su entrada ha sido mejor que la mía. En fin eso no es lo importante.

-¿Son nuevas? –Comenta el portero, que me mira extrañado. Quizá no sea la típica vampiresa bella de la que Nilo suele ir acompañado. Soy guapa sí, pero de una forma más casual y modesta que Inés, la cual es exuberante.

-Sí, son unos grandes fichajes. Guapas ¿verdad? –El portero vuelve a mirarme. –Sí ya, suelo escoger a chicas más llamativas como Inés. –Dice mirándola y guiñándole un ojo. –Pero es que Elisabeth me ha enamorado con su mirada y su carácter. –Creo que mi cara no ayuda a que el portero se lo crea. Inés me mira con cara de exigencia. Actúa vamos.

-Oh Nilo. Basta ya. –Digo fingiendo una risa tonta mientras enseño mis pequeños colmillos. Entre los miembros de la fila comienza a oírse protestas así que Nilo se decide a entrar al fin.

-Nosotros nos vamos para adentro. Por cierto, hay varios chicos que vienen de mi parte, déjalos entrar eh.

-De acuerdo. –Yo me arrimo a Nilo como para coquetear y le pregunto.

-¿Por qué le has dicho eso? Aquí siempre dejan entrar a todos los vampiros.

-Hoy no. El dueño quiere más privacidad. Solo conocidos. –Miro la discoteca y veo que es cierto, está más vacía sin embargo se sigue notando aquella sensación de estar a tope, mis sentidos se ven taponados unos segundos y después recobro la normalidad. A pesar de ser una fiesta privada sigue habiendo humanos, y quizás más que un día cualquiera.

-Chicas pedid algo y vayamos a bailar.

-Ya estamos dentro, -digo soltándome, -no hace falta seguir fingiendo. –Pero el me agarra pronto y me atrae hacia él y fingiendo que me besa el cuello me dice.

-Hoy hay aquí muchos vampiros encubiertos, se sospechan de ti te echan. Así que compórtate. –Me muerde el cuello lo que hace que me den ganas de retorcerle el cuello. Me contengo y sonrío juguetona al darme cuenta de que ya nos miraban mucho. Quizá porque estamos en una zona bastante vacía. Entonces llegan Lerón, Ángel y los gemelos, tengo que aprenderme sus nombres. -¡Oh! Ya están aquí mis aspirantes. –Ellos miran nuestro cambio de ropa y se ríen. A mí no me hace gracia. –Hoy es un día especial. Así que hoy no hace falta que me demostréis nada, tomad. –Coge la mano de Inés y la guía hasta ellos. –Divertíos juntos. –Sin perderlos de vista Nilo me guía hasta la barra donde nos sentamos en los taburetes. Pide dos bebidas y mientras espera pone una de sus manos sobre mi pierna. Se la aparto rápidamente.

-No te pases.

-Anímate preciosa. Podemos divertirnos mientras tanto, ¿no crees? –Se quita las gafas, sus ojos son negros como el carbón. Pongo cara de que me haya convencido y me acerco a su oreja.

-Tu vuelve a pasarte de la raya y te aseguro que no vivirás tranquilo el resto de la eternidad.

-¿Es una amenaza?

-Tómalo como un consejo. –Bebo un sorbo de la bebida y lo escupo. -¿Sangre?

-Sí. Oh perdón. No pensé que tú tampoco…

-Da igual. –Lo dejo y miro hacia la zona de baile y los vampiros encubiertos que hay por ahí. Entonces reconozco una cara. Arturo. –Nilo.

-Dime, -me hace caso enseguida, puede venirme bien que vaya detrás de mí.

-¿Quién va a estar aquí hoy? –Estoy nerviosa. Que Arturo esté aquí solo puede significar una cosa y si es así todo puede irse al traste.

-Baltazar.

-¿Y quién más?

-¿Cómo que quién más? –Seguramente no sepa mi situación y no cae en la cuenta de lo que quiero saber.

-¡Nilo! –Me acerco a él de modo que mis ojos están justo enfrente de los suoyos. -¿Quién más viene hoy?

-Pues… -Ya no hace falta que me responda.

-Roberto. –Acaba de salir de la zona VIP y se dirige a la barra, justo donde estoy yo. Si me ve aquí echaré a perder toda la operación y con ello mi única oportunidad de capturar a Baltazar.

-Nilo, ¿Roberto te conoce? –Noto en mi voz el miedo. Esto va de mal en peor. Si pudiese sudaría a mares.

-Sí. Somos grandes amigos. Es más, le hablé de ti en cuanto supe que participarías en la misión de hoy. Se mostró muy interesado en conocerte y me pidió que te trajera hoy. Pero no sabe nada de lo que planeáis tranquila. –Genial, si le ha hablado de mí sabe perfectamente quién soy. Miro a Arturo, sus ojos me piden a gritos que huya y veo sus músculos tensos. Sé que si me veo en peligro él vendrá a ayudarme, y si Roberto lo ve será su final. Y Lerón y Ángel no se quedan atrás. Con pequeños gestos me dicen que me largue. Y yo quiero hacerlo… o no. Quizás pueda enfrentarme a él y matarlo… no. Imposible. Si no puedo con Baltazar no voy a poder con Roberto, sería un suicidio intentarlo.

-¿Qué pasa?

-¿¡Que qué pasa!? ¡Que la has cagado, eso pasa! Roberto quiere mi cabeza idiota. –La furia que he sentido ha sido suficiente para eliminar mi parálisis y me levanto del taburete. Me alejo e intento esconderme entre los bailarines de la pista de baile, de reojo veo a Roberto que hace señas a dos hombres para que me persigan. Se acabó. Aquí no puedo huir, no tengo salida. Por mucho que de vueltas por aquí me acabarán encontrando. Mi única posibilidad es salir de la discoteca y la única salida ya está bloqueada. De repente alguien tira de mí. Es Arturo, menos mal.

-Tú siempre metida en líos. –Me lleva a una zona de sombras ocultada haciendo que parezcamos una pareja enamorada.

-Es mi naturaleza. –He de agradecerle que me haya salvado pero quiero irme de aquí cuanto antes.

-Ya, pues de esta vas a salir escaldada. Roberto a bloqueado todas las salidas. Tu única opción es intentar llevar a cabo vuestro plan. –Me quedo helada. ¿Cómo lo sabe?

-¿Cómo…?

-Tengo mis fuentes. Me ha costado mucho averiguar donde estás metida, he tenido que matar a varios vampiros ¿sabes? Sin embargo ya sé lo que intentas. Baltazar es un hueso duro de roer Beth. Ten cuidado. Habla con tu jefe, el tal Lerón. Vuestra única oportunidad es armar una buena y escapar con la confusión. Nilo os ha tendido una trampa. Os tienen fichados a todos.

-¿Cómo sé que me puedo fiar de ti?

-Quizás esto te lo aclare. –Me sujeta la cara con sus manos y me besa, igual que cuando éramos novios. Miles de recuerdos inundan mi mente. Pero todo acaba muy deprisa. Se separa sin apenas darme tiempo a responder. –Si sales de esta tendrás más besos. Pero ahora vamos a buscar a tu jefe. –Aún estoy un poco en shock, pero no lo suficiente como para no darme cuenta de que si nos ven juntos lo matan.

-No. Tú quédate aquí oculto hasta que yo esté lejos y luego vuelve junto a Roberto. Dile que te he cogido por sorpresa y me he escapado. Dile que te parece haberme visto subir las escaleras de las habitaciones privadas. –Me voy antes de que se pueda quejar, se que me ayudará. Entre sombras y oculta tras otros vampiros llego hasta donde estaban antes Lerón y los demás. Cojo a Lerón del brazo y me coloco entre él y la pared evitando que me vean.

-¡Estas bien!

-No tengo tiempo de explicarte como lo sé pero esto ha sido una trampa de Nilo. Saben quienes somos todos y no nos van a dejar escapar. Nuestra única opción es armar una buena y con la confusión huir, y si podemos nos llevamos a alguien. –Como Baltazar. Ojalá tuviera oportunidad de capturarlo. Todos se reúnen en torno a mí sin dar el cante esperando más explicaciones.

-¿Y qué hacemos?

-Yo tengo un plan. –Digo. Todos me miran esperando que se lo cuente. Sin duda me seguirán, saben lo buena que soy escapando. –Los chicos de Nilo no deben de estar al tanto de que era una trampa así que hay que localizar a uno y decirle que comiencen a alborotar. Mientras tanto yo los distraigo, me quieren a mí sobre ninguno así que se centraran en mí sobre todo porque saben que soy escurridiza. Vosotros os cargais a unos cuantos, intentad capturar a Baltazar, ya que estamos aquí no nos vamos a ir con las manos vacías. Y huid. Sobre todo preocupaos por huir. ¿De acuerdo?

-Vale. Pero yo te ayudo. –Me dice el gemelo que me dijo que nos llevaríamos bien. Lo acepto, necesito ayuda. Esto es un hervidero de enemigos. –

-Muy bien. Los demás escondeos entre la gente y ya sabéis el resto del plan. Cuando yo te haga una señal Lerón, huís.

-¿Qué significa la señal? –Respiro profundamente.

-Que si no os vais entonces no saldréis nunca. Cuando comience el alboroto empezáis ¿vale? Yo busco a quien dar la señal con…

-Juan. –Asiento con la cabeza y nos separamos. Jun me sigue entre las sombras mientras que los demás se dispersan por toda la sala. Ya veo a Roberto y sus hombres. Es increíble que no haya levantado el suelo para capturarme. Puede que esté muy seguro de que no tengo ninguna oportunidad. Tras unos segundos veo que un joven chico recién convertido habla con Nilo y después se aleja apoyándose casi al final de la barra. Me espero hasta que Arturo habla con Roberto y este desvía a la mayoría de sus hombres hacia las zonas VIP. Le indicó a Juan que me espere allí y pegada a la pared llego hasta la barra. Cojo uno de los vasos de la barra y con cuidado lo hago deslizar hasta que golpea suavemente al chico. Me mira y con la mano le indico que se acerque.

-Soy la amiga de Nilo.

-Sí. Lo sé.

-Tienes que dar la señal a los demás para que armen un alboroto.

-No puedo. Nilo me ha dicho que se anula el plan.

-Escúchame niñato. –Pierdo los nervios y lo sujeto de la camiseta con fuerza. –O das la señal o no sales vivo de esta. ¿Capisci? –Asiente con la cabeza y se da la vuelta. Mira hacia una vampiresa que baila en la pista de baile y afirma levemente con la cabeza mientras hace una señal con la mano que no consigo captar. De momento se extiende un rumor por toda la discoteca.

-Ya está. Cuando todos estén enterados no habrá quien pare aquí.

-Muchas gracias.

Para cuando llego junto a Juan la discoteca está enfrascada en un enfrentamiento entre vampiros que deja atónitos a los humanos, los cuales no ven normal su fuerza, velocidad y agilidad.

-Empieza lo bueno.

lunes, 18 de enero de 2010

Capítulo 6. "Misión"

Ángel ha venido antes a llamarme. Me ha dicho que los miembros de la misión llegarían en breve para que bajara, sin embargo me he quedado en mi habitación hasta que he oído a varios vampiros llegar.

Me siento incómoda. Esta no es mi ropa, sin duda es de una mujer algo más grande que yo y con mucho más para rellenar. En fin… al menos puedo ir cómoda con unos clásicos vaqueros.

Cuando bajo me encuentro con cinco vampiros, tres mujeres y dos hombres, además de Ángel y Lerón. Hablan animadamente sentados en el sofá.

-Mirad, aquí llega nuestro último fichaje. –Dice Lerón colocándose a mi lado en un grácil movimiento. Me pasa un brazo por los hombros y me acerca a los demás con una gran sonrisa. –Os presento a Elisabeth, ya os he hablado de ella. –Todos asienten.

-Elisabeth, estos son miembros de nuestra organización. Ellas son Alicia, -dice Ángel señalando a la primera vampira que está sentada en el sillón de su derecha. Es rubia con rasgos delicados, ojos castaños y piel blanca como todos. Debe de tener unos cuantos de años más que yo. –Y Marta. –Señala a la que se sienta al lado de Alicia. Es mucho más alta que los demás y más delgada, de rasgos duros a la vez que bellos. Es toda una contradicción verlas a las dos allí sentadas. Es morena con el pelo liso y ojos castaños claros con un tono acaramelado. –Ellos son Juan y Jaime. –¡Son gemelos! Gemelos vampiros… nunca lo había visto. Y acabarán de salir de su adolescencia vampírica. Tienen el pelo negro y un poco largo, cuerpo musculoso y la tez algo más oscura que la de los demás pero aún sigue siendo blanca. Sus ojos son verde ceniza con una aureola plateada alrededor de la pupila. Pero aunque son gemelos se les ve diferente. –Ellos conforman la unidad de acción y ataque. Y esta es Inés. –Dijo mirando la mujer sentada a su lado. Es pelirroja, un poco más corpulenta que yo pero sin dejar de estar delgada. La ropa que llevo es suya, sin duda. Tiene los ojos grandes y es lo que más destaca de su rostro. –Ella forma parte del grupo táctico.

-Encantada. –Me alejo y me apoyo en el marco de la puerta que lleva al pasillo. Nunca he sido de mucha compañía.

-¿Quién falta? –Pregunta Jaime.

-Nilo y su pandilla. -Le dice Lerón.

-Siempre llegan tarde.

-Dijimos aquí a las nueve y son y siete. –Replica Alicia.

-Tranquila. Para lo que queremos hacer no hace falta ir a una hora exacta.

-Pero podrían ser más puntuales.

-Agradece que se presten a ayudarnos hoy.

-Podrías haber llamado al resto de los miembros. –Se queja Marta. –No entiendo por qué has preferido que sean ellos. ¡Son como Roberto! Beben sangre humana.

-Pero se alimentan de ellos casual y moderadamente y no los matan. Tienen cuidado.

-Chicos tranquilos. Ya os contamos el plan a todos, excepto a Elisabeth.

-¿No? –Pregunta Alicia asombrada. -¿Cómo dejáis que vaya a una misión sin información? ¡Podría estropearlo todo!

-Tranquila, no estropeará nada. –Dice Lerón.

-No pienso ir con ella.

-Alicia, por favor… -Interviene Ángel.

-¡No! –Dice poniéndose en pie y mirándome mal. Creo que no solo se comporta así por mi desconocimiento de la misión. Creo que no le caigo bien.

-Estate tranquila. –Digo sin moverme. –Me pondré al día enseguida. –Me muevo rápidamente y me coloco al lado de los gemelos donde queda un sitio libre bastante alejado de ella. –Ponme al día. –Le digo a Lerón.

-Está bien. Vamos a ir a la discoteca que frecuenta Baltazar. Nilo y su pandilla se mezclaran entre la multitud. Cuando Baltazar entre en la zona VIP yo les haré una señal y formarán un gran alboroto. Entonces nosotros que entraremos en la zona VIP, con la confusión no se percatarán de nosotros. Y capturaremos a Baltazar y a unos vampiros que estarán allí también.

-¿Ese es el plan?

-Sí.

-Pues es pan comido, yo elaboraba planes más complicados que este.

-Los demás vampiros son de su guardia personal…

-No me importa quienes sean. Yo quiero a Baltazar.

-No Elisabeth. En cuanto te vea huirá sin darnos oportunidad a capturarlo.

-Lo capturaré antes de que huya. –Digo ya de pie.

-Elisabeth, sé lo que sientes. –Interviene Ángel. Ahora sabe lo que pasa por mi cabeza. –Pero debes dejárnoslo a nosotros. Te prometimos que tendrías tu venganza pero debes dejar que nos encarguemos de capturarlo. Ten paciencia. –Voy a replicar pero alguien llama a la puerta, es un vampiro. Mimo abre la puerta y deja entrar a un vampiro adulto. Calvo, con gafas de sol, barba incipiente (la que debía tener al ser transformado) y bastante delgado. Para ser un vampiro no parece nada fuerte. Los vampiros tienen un patrón y sus pequeños músculos van al contrario.

-Nilo, al fin llegas. –Dice Alicia crispada.

-Siento el retraso. –Su voz es baja y oculta algo.

-No importa. ¿Y tus hombres?

-Están ya en la discoteca.

-¿Cómo? –Dice Alicia.

-¡Oh dios! Deja de quejarte. –Grito, ya no puedo escuchar más quejas suyas, parece que nada la contenta. Nilo me mira curioso.

-¿Perdona? ¿Acaso crees que puedes mandarme callar?

-Sí. –Alicia se lanza contra mí con intención de luchar. Yo no me muevo porque veo a Ángel a mi lado que va a interponerse. Una vez delante de mí la detiene y sujetándola por los brazos le da la vuelta y se aleja con ella.

-No tenemos tiempo para discutir entre nosotros. –Se va con ella al pasillo y discuten.

-Eres mi heroína. –Me dice uno de los gemelos. –Creo que tú y yo nos vamos a llevar bien. –Se levanta y pasa su brazo por encima de mi hombro.

-Supongo… -Miro de nuevo a Nilo, quien me mira aún con su expresión curiosa. Parece que quiere decir algo pero no encuentra las palabras.

-Espero no haber venido para nada. –Comenta sin dejar de mirarme. -¿Sigue en pie el plan?

-Por supuesto, -dice Lerón, -esto solo ha sido un pequeño altercado, no cambia nada. ¿Por qué has mandado a tus hombres ya a la discoteca?

-Para que vayan integrándose, han ido en grupos variados para pasar desapercibidos. No quiero que ninguno de mis hombres salga malherido por culpa de esta misión.

-Os pagamos bien.

-Cierto. –Comienza a andar hacia su derecha mirando al suelo. –Pero debe de haber algún peligro… -lo mira sin alzar mucho la cabeza –porque sino habrías recurrido a los demás vampiros que forman parte de este grupo. Por eso quiero asegurarme de que no sospechen de nosotros.

-Este tío piensa. –Digo apartándome del gemelo y acercándome a la puerta. Paso por su lado y me paro junto a la puerta. -¿Vamos no?

-Antes hay que equiparse. –Me dice Ángel, que acaba de llegar con Alicia, esta me mira por encima del hombro y me da la espalda.

-Démonos prisa. –Ángel nos guía por la casa hasta un cobertizo que hay al otro lado del patio. Cuando entramos no veo más que una sala de juegos. Pero Ángel pulsa un botón de su reloj de muñeca y en las paredes se abren unas compuertas que dan paso a unas estanterías transparentes que llevan cientos de armas colgadas, desde cuchillos y navajas hasta escopetas. Todos me miran esperando que haga o diga algo.

-¿Puedo servirme? –Lerón y Ángel asienten a la vez. Genial. Todo esto a mi disposición. Hecho un primer vistazo y después me acerco a los cuchillos: son mis armas preferidas. Cojo dos medianos y me los guardo en los calcetines. Veo unas bolas pequeñas.

-Bombas. –Cojo varias y me las guardo. –Se accionan al recibir un fuerte golpe. -Sigo hacia otra estantería que tiene pistolas y sus respectivas pistoleras. Me coloco la que tiene espacio para más pistolas y comienzo a rellenarla. Cuando estoy comprobando la penúltima Alicia me interrumpe.

-No vas a la guerra. –Se queja Alicia.

-Puede que tú no, yo sí. –La guardo, me coloco la última y me acerco a la puerta esperando a que los demás se equipan. La mayoría escoge lo mismo que yo pero en menor medida. Alicia por el contrario se conforma con un cuchillo y varias bombas.

-Listos. –El sonido de las armas cargándose retumba por toda la estancia. -¡Vámonos!