viernes, 8 de octubre de 2010

Capítulo 14. "Julio".

Salgo del despacho de Lerón y al llegar a la cocina me encuentro una gran sorpresa. Arturo ha hecho buenas migas con Ángel e Inés y están riendo mientras cocinan. En este momento Arturo está picando un tomate; y por lo que veo en la mesa ha picado también cebollas, pimientos y ajos; y Ángel trocea una pieza de magro de cerdo. Inés está en el mismo lugar de antes charlando con ellos pero sin ayudar, hoy es su día libre.
-Veo que no necesitas mi ayuda para aclimatarte. –Digo acercándome a Arturo y observando mejor su trabajo. Ha cortado todo en perfectos e iguales trozos cuadrados.
-No era tan difícil.
-Ahí fuera puede que sí te necesite. –Comenta Ángel sonriendo, hay que ver como ha cambiado su opinión desde hace un momento. -Alicia ha montado un escándalo mientras estabais dentro y cuando lo vio salir directamente se fue a la barra. Juan debe de tener la cabeza a punto de explotar.
-Menos mal que en mi turno suele irse siempre, no me gustaría tener que lidiar con ella en la barra.
-¿Cuál es tu turno? –Me pregunta Arturo mientras reúne todos los trozos de tomate que ha cortado y coge otro para trocearlo igualmente.
-Noche.  Pero puede variar. ¿Qué hacéis?
-Carne en salsa.
-¿Os corre mucha prisa?
-No. –Dice ángel mientras coge lo que ha troceado Arturo y lo echa en una sartén para comenzar a dorarlo.
-Bien. ¿Arturo puedes venir un momento?
-Claro. –Termina de picar el tomate y suelta el cuchillo. Nos alejamos un poco de Inés y Ángel.
-Sabías que te vigilaban y no me has dicho nada. ¿Qué más me ocultas? –Arturo mantiene la cara inexpresiva. –Acabo de traerte aquí, les he dicho que me fío de ti. La que se juega el cuello soy yo y sin embargo no eres capaz de ser totalmente sincero conmigo. Dime Arturo, ¿qué más me ocultas?
-Beth, no es que quisiera ocultártelo, es que no quería romper la magia del momento.
-Arturo. Te lo pregunto por última vez. –Digo realmente cabreada. -¿Me ocultas algo más?
-Roberto no quiere capturarte. –Dice tras suspirar. –Un día mientras le espiaba le oí dar una orden a un grupo de que te atacaran, pero les dijo que no te mataran ni capturasen. Según comentó con otro vampiro, quiere mantenerte activa, siempre en movimiento y en combate para que desarrolles “tus habilidades especiales”. Eso es todo.
-¿Por qué no me lo has dicho antes?
-No… no lo sé. Sentía que tenía que contarte la verdad, pero no pude decírtela toda.
-Arturo. Si yo no puedo confiar totalmente en ti, ¿Cómo puedo esperar que lo hagan ellos? –Al menos esta conversación la estamos manteniendo en un tono tan bajo que los demás no nos escuchan.
-Beth. Yo no quiero fallarte. Es que no puedo. –Hace hincapié en las últimas palabras. –Algo en mí me lo impide, lo mismo que me pide a gritos que vuelva con Roberto.
-Tu vínculo… -Digo en un susurro. Claro, el vínculo puede estar manipulándolo, pero, ¿por qué antes no lo alteraba tanto?
-No creo que sea eso Beth. –Dice él totalmente despreocupado. –Si fuera eso podría deshacerme de él en un segundo. He de volver con Ángel, no quiero causar una mala impresión en mi primer día. –Me da un beso en la frente y vuelve a la mesa. Yo me quedo mirando al suelo.
No se mucho sobre el vínculo, pero sí se que puede llegar a ser irrompible para algunos vampiros. ¿Y si Roberto lo manipulara con él? Entonces, Arturo podría estar aquí para darle información. ¿Y si al traerlo aquí he condenado a todos? Lo miro. No, él es fuerte. Es mucho más fuerte que un vínculo. Ha acudido a mí porque él ha querido…
-Beth. –Miro sorprendida a todos lados hasta que veo a Juan en la puerta. -¿Podrías apoyarme en la barra? Alicia se ha ido toda desquiciada de que ha visto a Arturo ayudando y mi hermano ha tenido que ir a calmarla.
-Eh… claro. –Arturo me sonríe desde la mesa mientras camino hacia la puerta. Al llegar me paro un momento aún consternada.
-Beth… ¿Estás bien? –Me pregunta Juan.
-Sí. –Salgo y lo sigo hasta la barra. Una vez estoy situada en mi lugar de siempre vuelvo a darle vueltas a todo hasta que Juan vuelve a llamarme la atención. Dos jóvenes estaban esperando a que los atendiera. –Perdón, ¿Qué queréis?
-Una Shandy, una Fanta de limón y una jarra. –Agacho la cabeza y abro la nevera que tengo delante para sacar los dos botellines que me han pedido. Después saco un vaso, le hecho hielo y les sirvo la jarra. –Tres con ochenta. –Les digo una vez les he servido todo.
-Sabes, la rubia de antes era muy antipática. Tú pareces más sociable. –Dice el chico de la derecha sonriendo tanto como puede.
-Gracias.
-Si quieres, de que termines tu turno puedes unirte a nosotros. –Dice señalando con la cabeza al grupo más grande de toda la cafetería.
-Gracias por la oferta. –El otro muchacho vierte la Fanta en el vaso sin querer mirarme. Parece avergonzado.
-¿Puedo tomarlo como un sí? –Lo miro en silencio sonriendo levemente, ahora su amigo tiene cara de querer irse lo antes posible.
-No. –Digo secamente provocando una carcajada a su amigo.
-Como quieras. –Dice malhumorado mientras saca un billete de cinco euros del bolsillo. Voy a la caja y saco la vuelta para dársela. –Pero no sabes lo que te pierdes. –Coge la jarra y se va dando grandes zancadas.
-Perdónalo, está amargado.
-Yo creo que más bien lo ha amargado ella. –Dice Juan al pasar por detrás de mí en busca de hielo. –Dile que no se lo tome a mal. La chica está ocupada.
-No importa, se le pasará en un rato. –Coge el vaso y el botellín. –Hasta luego. –Dice sonriendo.
-Adiós. –Sonrío para no parecer muy seca. Cuando llega a su grupo lo veo hablar animadamente con varios chicos. Él sí me ha caído bien.
-¿En qué pensabas antes?
-En nada. –Digo mientras recojo el botellín vacío. Él se apoya a mi lado en la barra de espaldas a la sala.
-Parece buen chico.
-¿Quién?
-Tu novio.
-No es mi novio.
-Entonces, ¿qué sois? ¿Amigos con derecho a roce?
-No, no sé. Es complicado.
-No lo habéis hablado ¿eh? Bueno, supongo que ahora tendréis más tiempo. –Mira por la ventana de la cocina. –Es trabajador.
-Sí. Lo que hace lo hace bien, o no lo hace.
-Buena filosofía.
-Oye, ¿tú que sabes del vínculo?
-¿El vínculo creador convertido?
-Sí.
-Poco. El creador se convierte en algo así como… el dios del convertido. ¿Por?
-¿Por qué en ti y en mí no es fuerte?
-No lo sé. Eso pregúntaselo a Lerón que sabe mucho de estas cosas. –Gira la cabeza para mirar a alguien. –Atiéndele tú. –Se endereza y pasa por detrás de mí para volver a su zona de la barra. Sin mirar al cliente voy cogiendo mis pinzas para el hielo.
-¿Qué quieres? –Al alzar la cabeza me llevo una gran sorpresa. -¡Julio!
-Hola Eli, que alegría aún te acuerdas de mi nombre.
-Sí. ¿Qué haces aquí?
-Bueno, esto es una cafetería ¿no? Yo creo que no hay muchas opciones.
-Sí, claro. –Sonrío, haciendo que él aumente la suya. -¿Qué te sirvo?
-Una Coca-cola. ¿y cómo es que trabajas aquí?
-Pues fácil, -digo mientras echo hielo en el vaso, -vi la vacante y pedí el trabajo.
-¿No eres joven para trabajar aquí? –Me río.
-¡Tengo diecinueve años! Creo que soy lo bastante mayorcita.
-¿Diecinueve? No me lo creo.
-¿Cuántos me echas?
-Dieciséis a lo sumo. –Me río de nuevo. En parte tiene razón.
-Me lo tomaré como un cumplido. –Le abro el botellón y se lo coloco junto al vaso. Es increíble lo bien que me siento hablando con él. Saca un euro cincuenta y me los da.
-Quédate la vuelta. –Meto el dinero en la caja y me quedo mirándolo. Ahora parece un poco nervioso.
-Oye, el otro día… en el parque. Fue increíble como luchaste con aquel tío. Increíble y un poco extraño…
-Ya…
-¿Haces judo o algo así?
-No, aprendí sola.
-Pues vaya… como para meterse contigo. –Se hace el silencio. Cuando se acercan nuevos clientes él aprovecha para verter la Coca-cola en su vaso. -¿Crees… que podríamos charlar un rato cuando termines tu turno?
-Verás, es que también tengo que hacer el de noche y no creo que quieras esperar hasta las ocho de la mañana.
-Oh… Entiendo.
-Vamos mujer, no seas así. –Dice Juan parándose a nuestro lado. –Ve a charlar con él a una mesa y os tomáis algo. Que te quedan muchas horas por delante. –Ni que me fuera a cansar. ¿Qué trama? -¡Venga! No seas tan seca que ya has amargado a un pobre muchacho, no amargues a otro. –Lo miro con cara seria. Cuando vuelva él y yo vamos a tener una larga charla. Salgo de la barra y sigo a Julio.
-¿Prefieres una mesa o un privado? –Me pregunta.
-Me da igual.
-Pues vamos al privado, me hace ilusión, parecen muy cómodos. –Sonrío a su comentario. Nos sentamos uno enfrente del otro.
-Bueno, ¿y de qué quieres hablar?
-No sé. Conocernos.
-No sé si te convendría… -Pone una cara extraña. –Olvídalo, era broma. –Sonríe.
-Menos mal, ya pensaba que me iba a dar una paliza tu novio.
-No tengo.
-¿No? –Dice iluminándosele la cara, quizás debería haber omitido ese comentario. ¿Le gustaré? Es muy posible… -Que extraño, con lo guapa que eres.
-Sí, bueno. Algo malo tendré. –Digo sonriendo incómoda.
-¿No vas a tomar nada?
-No, no me apetece.
-Bueno, cuéntame. ¿Solo trabajas aquí? Quiero decir, ¿no estudias? –Niego con la cabeza.
-Am, yo estudio mecánica a la vez que trabajo en el taller de mi padre.
-Trabajo familiar.
-Sí. Es cómodo, siempre tienes el puesto de reserva. Yo voy a intentar montar un taller por mi cuenta, para tunear coches. Si me sale mal siempre puedo volver. –Sonrío. -¿Y qué tal es este trabajo?
-Está bien, y el sueldo es bastante bueno. –Una nimiedad comparado con mi sueldo de la organización, me pregunto de dónde sacarán el dinero para pagarnos a todos tales cantidades…
-Eh… -Otra vez se ha puesto nervioso. –No es por parecer quejica pero… aquella noche en la discoteca… Bueno, ¿qué pasó? –Baja la mirada para evitar cruzarla con la mía.
-Aquello… -¿Qué le digo? No quiero hacerle daño, pero tampoco quiero hacerle ilusiones. Se establece el silencio. Miro a Juan en la barra que atiende a unos clientes, ahora que me fijo la cafetería se ha ido llenando. Cuando observo la sala me detengo en el grupo de amigos de Julio. Una chica morena me estaba mirando pero al cruzar las miradas ella desvía la suya. Comenta algo con una muchacha que me mira disimuladamente.
-¿Eli? –Vuelvo a mirarlo, está sonrojado. –Creo que mejor dejamos el tema.
-No pasa nada, tranquilo. Mira, -me echo hacia delante, -yo, no soy adecuada para ti. Es mejor que ni siquiera tengamos trato. Es complicado de explicar pero no quiero que te veas envuelto. –Creo que ahora mismo está deseando que se lo trague la tierra.
-Bueno. Eso lo decido yo. ¿No crees? –La respuesta me pilla por sorpresa.
-Pues… bueno, si quieres arriesgarte.
-Me parece que vale la pena. –Me mira directamente a los ojos. ¿Qué me pasa? Siempre me he deshecho fácilmente de chicos como él, incluso de alguna chica en ciertas ocasiones. Él es distinto, parece que no se dará por vencido nunca. –Elisabeth yo…
-Beth… tenemos problemas. –La voz me llega desde la barra. Es Juan, está mirando hacia la puerta. Sigo su mirada y me encuentro con alguien que jamás esperaría ver aquí. Esto no puede ser bueno.
-¿Eli? –Me pregunta Julio, me había seguido hablando pero no me había dado cuenta.
-Julio, quédate aquí y no salgas,  espérame ¿de acuerdo?
-Por supuesto pero, ¿qué pasa?
-Nada importante. Ahora vengo. No salgas de aquí por nada.
-Vale. –Lo dejo preocupado, pero así mejor. Si no se mueve quizás no lo vea y así no corra peligro. Si lo ven conmigo quizás intenten utilizarlo contra mí. Salgo del privado y sin perderlos de vista me acerco hasta la barra. Ellos no se han movido, lo están observando todo.
-Juan…
-Sí, voy a avisarlos. –Se da la vuelta y avisa a los demás por la ventana de la cocina. En unos segundos todos salen por la puerta de la cocina y se colocan junto a mí delante de la barra, incluido Juan. Lerón se coloca a mi lado izquierdo y Arturo al derecho. Me sujeta la mano con fuerza.
-Tranquila, estoy aquí.

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-Eh… -Bueno, creo que es ahora o nunca, debería comenzar a abordar el tema como pueda. –No es por parecer quejica pero… aquella noche en la discoteca… Bueno, ¿qué pasó? –Bajo la mirada para evitar cruzarla con la suya, me da miedo su reacción. ¿Y si no le importa? ¡Dios! Qué difícil.
-Aquello… -De repente se calla. ¿No sabe qué decir? Subo la cabeza ligeramente hasta poder verla. Está mirando la sala. Tiene un perfil perfecto, es tan hermosa… si consiguiera… Puff… Mejor dejo de imaginármelo y se lo digo. Como dice Mery, “el no ya lo tengo”.  
-¿Eli? –Vuelve a mirarme. No puedo. No puedo decírselo. Es tan especial y perfecta… No está hecha para mí… –Creo que mejor dejamos el tema. –Pero, ¿qué digo? Nunca me he rendido tan pronto con una chica.
-No pasa nada, tranquilo. Mira, -se acerca más a la mesa, -yo, no soy adecuada para ti. Es mejor que ni siquiera tengamos trato. Es complicado de explicar pero no quiero que te veas envuelto. -¡Tierra trágame! Esto es un rechazo alto y claro. Pero no quiero rendirme aún.
-Bueno. Eso lo decido yo. ¿No crees?  
-Pues… bueno, si quieres arriesgarte. –Me dice mientras vuelve a relajarse en su asiento. Quizás no esté tan interesada en rechazarme…
-Me parece que vale la pena. –Le miro directamente a los ojos. Bueno, se lo voy a decir y punto. Ya no hay vuelta atrás. –Elisabeth yo… bueno, tú me gustas, -digo mientras voy bajando la cabeza, -mucho. Y me preguntaba si querrías… ¿Eli? –Ha vuelto a mirar hacia la sala y no parece oírme.
-Julio, quédate aquí y no salgas,  espérame ¿de acuerdo?
-Por supuesto pero, ¿qué pasa? -¿La he espantado? No, ni siquiera me ha respondido a lo que le he dicho, creo que se ha distraído con algo y no me ha escuchado.
-Nada importante. Ahora vengo. No salgas de aquí por nada. –Que extraña es…
-Vale. –Sale del privado y se acerca hasta la barra. Intercambia unas palabras con el camarero y acto seguido otros muchos trabajadores salen por la puerta de la cocina y se colocan junto a ella delante de la barra, el que se sitúa a su derecha le coge de la mano mientras todos miran preocupados a alguien. ¿Quién es ese? Me ha dicho que no tenía novio, pero ese no parece hermano suyo. Además, ¡es muy viejo! No. Tiene que ser un amigo o un familiar, pero ¿qué será tan importante como para que salgan todos y él le coja así de la mano? Parece protector…
Otro grupo numeroso de hombres se coloca frente a ellos, el hombre que habla con Beth parece el jefe. Y la conversación no parece agradable. ¿Qué pasa? Elisabeth, ¿en qué andas metida? ¿Es a esto a lo que te referías antes?

jueves, 9 de septiembre de 2010

Capítulo 13. "Temas delicados".

-Hola Beil. –Digo saludando al portero de “Juego Peligroso”. Él asiente levemente y ni siquiera mira a Arturo. Temía que pusieran pegas tan pronto… Entramos en la sala principal de la cafetería y observo la gente que hay, está bastante vacío para ser viernes, supongo que la gente llegará para mi turno, como no. Pero eso ahora no importa. –Mantente en silencio y no te separes de mí.
-Ni que fuésemos a tener que salir corriendo. –Dice mientras examina la estancia.
-No lo descartes. –Echo a andar y noto mis nervios, si fuese humana cualquiera lo notaría porque no pararía de temblar y sudar. Necesito que lo acepten, de no ser así… no sé que haría.
Mientras camino hacia la barra no respiro. Uff… vamos a allá. Salto la barra con un rápido y sencillo movimiento apoyando solo una mano en la barra, podría hacerlo sin apoyarme pero no quiero llamar la atención. Me acerco a Juan, quien me está sonriendo mientras termina de servir a unos jóvenes humanos que me miran y cuchichean.
-Hola Beth.
-Hola, gracias por cubrirme esta noche. Te debo una, otra vez. –Me cubrió también los otros jueves y a cambio yo le hice la tarde del sábado.
-No importa. Me cubres el sábado y en paz. Veo que esta vez sí has tenido suerte. –Dice a la vez que mueve la cabeza en dirección a Arturo, que está detrás de la barra en el punto donde yo salté esperando, menos mal que aunque le dije que permaneciese a mi lado ha intuido que era mejor esperar que saltar y seguir a mi lado.
-Supongo. ¿Está Lerón?
-Quieres presentárselo. –Dice soltando la última botella de coca-cola en la barra y apoyándose para estar más cerca de mí y poder hablarme al oído. –Está en su despacho. Pero en la cocina están Ángel, Inés y Alicia. No creo que te convenga meterlo por ahí. –Mira fijamente a Arturo. Creo que le tiene un poco de rencor, pero no porque formase parte de los seguidores de Roberto. –Alicia ya está en tu contra, que lo hayas traído solo le servirá de excusa para iniciar un nuevo enfrentamiento. –Hago una mueca. Alicia lleva montando numeritos desde que llegué aquí. Según me ha contado Juan ella quería formar parte también de la unidad de seguridad, cosa que yo he conseguido sin esfuerzo, y también le he quitado el puesto de principal directora de ataque. Todo ha hecho que esté totalmente en mi contra y es especialmente irritante cuando da voces con su chillona voz.
-Tendré que arriesgarme.
-Suerte. Y ya sabes que me tienes de tu parte.
-Gracias Juan. –Me doy la vuelta y camino a lo largo de la barra hasta llegar a la puerta de la cocina. –Ven. –Le digo a Arturo que entra por el hueco dispuesto en la barra para entrar y salir. –Espero que todo vaya bien. –Empujo la puerta y entro tirando de Arturo para que no se quede detrás como hizo antes, ahora es cuando tiene que mantenerse detrás de mí.
-Solo digo que esa… -Alicia corta su frase justo cuando entro. –Genial. –Está sentada en la mesa central cortando pimientos verdes. Todos giran rápidamente la cabeza al sentir el aroma de Arturo. Por la cara que ponen sé que esto no comienza bien.
-¿A quién traes Beth?
-Ah, ellos pueden llamarte Beth pero yo no ¿eh? –Dice Arturo acercándose a mi oído.
-Calla. –Digo dándole un fuerte golpe en el estómago. Él se sujeta el abdomen con un gesto de dolor, no le dolería si no tuviera esas cicatrices.
-¿No es uno de los que estaban en la discoteca “Noche Oscura”? –Pregunta Inés. Sin duda lo ha reconocido pero no quiere meter mucha bulla  de momento.
-¡Sí! –Grita Alicia. Ya estaba tardando… -¡Ese es uno de los rufianes de Roberto!
-Tampoco es para que me llam… -Le corto con otro rápido golpe.
-Que te calles. –Digo nerviosa, con su especial don para irritar solo lo empeoraría.
-Beth… -Comienza Ángel mientras deja de atender lo que cocina. -¿Qué hace aquí?
-Yo… Bueno él ya no está con Roberto. Podría ayudarnos.
-¡Es una trampa! ¡No nos podemos fiar de él! Y lo ha traído ella, os dije que esta no estaba de nuestra parte pero aquí nadie me cree. Claro, como es la protegida de Lerón. Pues yo digo que echemos a los dos.
-¡Oh, cállate bruja! –Digo sin poder contenerme. Oigo a Arturo que se está conteniendo para no reírse a carcajadas, y también Inés tiene que contenerse, pero Ángel está más preocupado por Arturo que por nuestro pequeño rifirrafe. –No es ninguna trampa Ángel. –Digo acercándome a él. –Yo respondo por él. Lo conozco desde hace mucho y sé que no me traicionaría.
-¡Pus claro que no! –Dice Alicia que había estado callada consternada por mi insulto. –El problema es que tú también estés metida en el ajo. ¡Eres una traidora! Deberíamos entregarte a Roberto antes de que nos traigas más problemas.
-Ángel, -digo haciendo un esfuerzo por ignorar a Alicia. –No planeo nada. Solo quiero que lo aceptéis. Quiere dejar a Roberto. –Ante el silencio de Ángel me altero. -¡Vamos! ¡Él fue quien me contó que aquello era una trampa! Ha cargado con una tortura de semanas por ayudarnos, ¿no me crees? –Sigue sin moverse. -¡Mira! –Digo levantando la camisa de Arturo. -¡No le haría esto si no sospechara de él!
-Beth. Comprende que tú le creas pero yo no puedo hacerlo tan fácilmente. Es un enemigo.
-¡Lo ves! No te ibas a salir con la tuya tan fácilmente traidora. –Dice Alicia regodeándose. Cierro los puños y los ojos. Esto va mal, muy mal.
-Necesitarías alguien más para que te respaldara y aún así tendríamos que interrogarlo.
-Yo la respaldo. –Dice Juan entrando por la puerta. Se coloca a mi lado y me sonríe. –Fui testigo, al igual que vosotros, de que sin él ahora todos estaríamos en poder de Roberto, y con cicatrices aún peores que las de él. No podéis ignorar eso.
-Tienen razón cielo. –Dice Inés que está sentada tranquilamente. Ángel la mira inexpresivo. –Nos ayudó, no puedes ignorar ese hecho.
-¡Estáis locos! ¡Os están engañando! ¿Es que no lo veis? –Vuelve Alicia a la carga.
-Alicia, ve a cubrir a Juan a la barra por favor. –Dice Ángel.
-¿Qué? ¡No! Que vuelva él, es su turno. Además, alguien con dos dedos de frente ha de mantenerse aquí. No puedo dejar que cometáis un error tan grande.
-¡Alicia! No era una petición. No me dejas pensar con tus gritos. –Alicia nos mira a todos con odio y tras un largo lapso de silencio sale por la puerta dando un fuerte portazo. Inés y Arturo se ríen con disimulo.
-Creo que deberíamos presentarnos. –Dice Inés levantándose. –Yo soy Inés. –Dice mientras le da la mano a Arturo. –Él es Ángel, mi novio. –Arturo mira a Ángel y hace un pequeño movimiento de cabeza al que Ángel no responde. –Y él es…
-Juan. –Ambos se estrechan la mano. –Encantado, he oído hablar mucho de ti.
-¿Bien o mal? –Contesta Arturo a modo de saludo. Ángel carraspea y les corta.
-No es por interrumpir pero aún queda algo pendiente.
-No hay nada que discutir. –Dice Lerón mientras aparece por el pasillo de su despacho. -¿Desde cuándo no nos fiamos de los amigos de nuestros amigos Ángel?
-No es un cualquiera Lerón.
-Sí ya, era amigo de Roberto pero, ¿no lo eran antes algunos de nuestros miembros también? –Ángel se mantiene en silencio. Lerón se acerca a Arturo y le ofrece la mano. Mientras se la estrecha Lerón lo acerca a él con un tirón. –Pero ten cuidado, si nos traicionas no habrá piedad.
-No lo haré.
-Bien. –Cambia su rostro serio por uno más amigable. –Entonces no hay problema. Juan, ve a darle la noticia a Alicia; pero mantente lejos, no queremos perderte. –Juan se ríe y sale de la cocina. –Beth, Arturo, venid conmigo.
Me acerco a Arturo con una gran sonrisa. Todo está bien, Lerón le ha aceptado, ya no hay problema alguno. Todo saldrá bien. Entramos en el despacho de Lerón y nos sentamos en nuestros respectivos asientos, él en el suyo y nosotros en los de los clientes.
-Arturo era un miembro del grupo de Roberto, nos traerá más de un problema cuando se entere de que ahora está con nosotros así que tenemos que tomar más medidas de seguridad. ¿Qué proponéis?
-Aquí dos porteros en vez de uno en todas las salidas y más miembros en el local por si recibimos alguna visita. En la sede doblar todas las vigilancias y contratar un nuevo sistema de seguridad, el mejor del mercado. Además pienso que los espías deberían llevar más cuidado, y todos los miembros deberían mantenerse a una distancia prudente de los dominios de Roberto; además, en las misiones los grupos mínimos deberían aumentarse a cinco.
-Me parece bien. ¿Y tú Arturo? ¿Qué puedes aconsejarnos? –Arturo me mira. Asiento con la cabeza para indicarle que puede estar tranquilo.
-Roberto no intentará un enfrentamiento en terreno contrario, no vendrá aquí para luchar, en todo caso vendrá para dar un aviso. Vuestra sede no creo que corra mucho peligro, pero puede que si no ve otra forma sí os ataque allí así que doblar la vigilancia está bien. Os convendría un sistema de seguridad con sensores de movimiento ultra sensibles y con detectores de presión para el suelo, todo complementado con cámaras de vigilancia ocultas. Vuestro mayor peligro reside en las exploraciones y misiones. Intentará neutralizaros poco a poco reduciendo vuestros miembros, como ha hecho hasta ahora, pero en mayor medida y más rápido. No contéis con vuestros espías. Roberto conocía a la mayoría, sino a todos. Vigila muy bien a sus miembros, aunque siempre hay alguien que se le escapa. Tras el rapto de Baltazar a torturado a algunos en busca de información y a otros los ha matado directamente. Te alegrará saber que ninguno ha dicho nada antes de que yo me fuera. –Lerón asiente con la cabeza. –Y sobre todo intentará capturarnos a mí y a Beth. A estas horas debe de estar al corriente de todo, me he enterado de que nos ha tenido vigilados a ambos. Sospechaba de mí hacía tiempo. Seguramente al soltarme hoy me haya puesto una vigilancia diferente porque no he logrado darme cuenta de si me seguían o no. Normalmente los descubro siempre.
-Pero, si me ha vigilado… ¿cómo no ha encontrado mi piso? ¿Y por qué no me ha capturado?
-No lo sé.
-Quizás Roberto esté menos interesado en capturarte de lo que quiere mostrar. –Miro a Lerón en silencio. Más preguntas, en cuanto descubro algo lo único que consigo es hacerme más preguntas y no responder ninguna anterior. Siento que nunca desentrañaré la verdad… -Volviendo al tema principal, llevaré a cabo todas vuestras sugerencias. Y para terminar, creo que deberíamos darle alguna ocupación provisional a Arturo mientras conoce todas nuestras instalaciones y nuestro funcionamiento, de lo que tú te encargarás Beth. ¿Te gusta la cocina?
-¿Cocinar? No me desagrada.
-Bien. Serás el nuevo pinche de Ángel. Beth, te encargarás también de encontrar el mejor lugar para Arturo dentro de nuestra organización.
-Por supuesto.
-Pues hemos terminado.
-Bien. –Me levanto y espero a que Arturo haga lo mismo. Cuando se levanta le tiende la mano a Lerón, se la estrechan y luego Arturo me sigue.
Bueno, ahora que está todo solucionado creo que puedo relajarme y atender otros asuntos. El principal de todos es Baltazar, ¡y Nerón! Lo había olvidado.
Me paro en seco, me giro y veo a Arturo girar la cabeza con un gesto de incomprensión característico de los perros, que gracioso.
-¿Puedes ir saliendo tú? Tengo que hablar con Lerón de algunos temas un poco… delicados.
-Claro. Pero no tardes. –Se acerca a mi oído. –No creo que soporte mucho los gritos de esa rubia chillona. –Me da un beso en la mejilla y me rodea para salir por la puerta.
-Parece agradable. –Dice Lerón cuando Arturo ya ha salido.
-Lo es.
-Dime, ¿cuáles son esos temas un poco delicados?
-Verás… -No sé cómo decírselo exactamente. –Mientras esperaba a Arturo en Salamanca, me he topado con un... cazador. Se llama Nerón y dice que te conoce. –La última frase lo digo tan rápido como mis labios me permiten. –Tu gemelo. Quiere verte. –Añado al ver que no dice nada y que ni siquiera levanta la vista del papel.
-Nerón… -Dice al fin. -¿Qué te ha dicho?
-Solo que quiere verte. Me dio esta tarjeta… -Digo mientras la saco del bolsillo de mi pantalón y se la entrego. –Le dije que antes debía hablar contigo y que si accedías a verlo lo llamarías.
-Gracias. Puedes retirarte. –Omg… He tocado un tema sensible… No le culpo, debe ser angustioso tener noticias de un hermano cazador del que no sabías nada desde hacía años, quizás siglos. Me levanto y camino despacio hacia la puerta. –Beth. –Dice justo antes de que abra la puerta.
-¿Sí?
-Baltazar es todo tuyo. Pero creo que deberás interrogarlo antes de nada. Y quizás te serviría para negociar con Roberto si lo mantienes con vida. Pero tú decides, te prometí que sería todo tuyo tras haberlo interrogado. Y después serás libre de irte. -¿Irme? No, no quiero irme. Esto es mi portal a una vida mejor. Desde que me uní a ellos mi vida ha tenido más sentido que la venganza, y me ha dado la oportunidad de volver a estar junto a Arturo. Tengo amigos. Y lo mejor de todo, me gusta esto. No. No voy a irme. Y creo que está claro, ¿para qué habría traído a Arturo si pensara irme pronto?
-No pienso irme, al menos no de momento.
-Me alegro.
-No pareces sorprendido. –Digo volviendo a mirarlo, el está mirando la tarjeta. Se encoge de hombros.
-Supongo que tenía la esperanza de que te quedaras un poco más. –Dice levantando la vista un momento. –Ve con Arturo. Puede que te necesite.
-Sí.


martes, 6 de julio de 2010

Capítulo 12. "Viejas costumbres"

>Perpectiva de Elisabeth<
-Esto ha sido un error. –Digo acariciando el brazo que tiene posado sobre mi estómago.

-¿Por qué? –Dice incorporándose un poco y quedando por encima de mí. La sábana se le baja un poco más y me deja ver su hermoso torso desnudo casi al completo. Me mira inquieto. -¿Te arrepientes?

-No. No me arrepiento de nada. –Digo acariciando su rostro. –Pero nos hemos descuidado y podrían estar vigilándonos.

-No lo creo. No serían tan cabrones de no dejar a una pareja disfrutar de un momento de intimidad. –Dice con una sonrisa picarona. Se acerca más y me besa, después comienza a bajar por mi mandíbula hasta mi cuello alternando besos con pequeños mordiscos. Me vuelve loca, pero deberíamos irnos, mejor en otro lugar y en otro momento. Uff… sigue bajando por mi pecho… ¡No! Tenemos que ir a un lugar seguro, ahora que vamos a estar juntos tendremos muchas oportunidades más.

-Arturo, deberíamos irnos. Este piso ya no es seguro.

-¿Por qué? Fui yo quien lo encontró y no he dado parte de ello, nadie sabe que vives aquí. –Cierto, podría volver a vivir aquí, no tengo que encontrar otro piso, puedo volver. Pero, ¿y si le han seguido? Sería arriesgarse mucho. Además, me vendría bien vivir cerca de la sede.

-Te podrían haber seguido ahora, o puede que lo encuentren igual que tú me encontraste.


-Siempre piensas en lo mismo. –Dice rindiéndose por fin. Se tumba boca arriba y mira el techo.

-Si no lo hiciera estaría muerta.

-No, Roberto quería capturarte pero no matarte. –Le miro inquisitiva.

-¿Sabes algo al respecto? –Hace una mueca.

-Sí. –Duda. –No quiere hacerte pagar que le abandonaras y matases a unos cuantos de sus discípulos, le interesas por otra razón.

-¿No me lo has podido contar antes? –Me levanto y comienzo a vestirme, él se sienta con las piernas cruzadas.

-¿Qué más daría? Tampoco querrías que te capturase así que con eso no iba a conseguir que te quedaras conmigo.

-Pero podría haberlo utilizado. ¿Sabes algo más?

-No mucho, sé que intenta demostrar algo…

-¿Y…?

-No me mates por esto ¿vale? –Lo miro expectante y como no habla lo insto a comenzar con un movimiento ansioso de la mano. –Él pagó a Baltazar para que te convirtiera.

-¿Él? –Se me caen los pantalones que sostenía en las manos. Si fue él quién pagó, también fue aquel que esperaba en la plaza asegurándose de que Baltazar cumpliera su parte del trato. Pero… -¿por qué no lo hizo él mismo?

-No lo sé.

-Así que, -digo mientras me siento a los pies de la cama. –Le pagó, y ahora lo ha convertido en su mano derecha. –Digo recordando aquella conversación con Ángel y Lerón.

-Sí, pero porque quiere mantenerlo cerca. Le interesa casi tanto como tú.

-Pues ha fracasado. Lo tenemos preso nosotros. –Se produce un largo silencio. –Tenemos que hacer algo.

-¿A qué te refieres?

-No quiero pasar el resto de la eternidad vigilando mis espaldas. Cien años ya han sido suficientes.

-¿Qué propones?

-Primero tenemos que interrogar a Baltazar, tengo que sacarle información.

-¿Aún no lo has hecho?

-No me dejan. Creen que lo voy a matar.

-No me extraña. –Lo miro enfadada. -¡Tienes una gran fijación con matar a ese hombre!

-Vampiro.

-Como quieras.

-¿Tú no matarías a Roberto?

-¿Por qué iba a hacerlo? –Lo miro asombrada. Roberto lo convirtió y le arrebató su vida sin pedirle permiso. ¿No le interesa la venganza?

-¿Y tu familia? ¿Y tus amigos? ¿No te da pena no poder haber estado con ellos?

-Estuve, hasta que fue evidente que no envejecía. Y después me mantuvo cerca de ellos, protegiéndolos y cuidándolos.

-Pero murieron. –Asiente. –Y tú sigues vivo.

-Sí. Roberto me dio la oportunidad de vivir eternamente, conocer nuevas personas, nuevas épocas. Me dio la oportunidad de conocerte a ti. –Lo miro en silencio. –Él me ha regalado mucho.

-También te ha quitado mucho.

-Tarde o temprano mi familia habría muerto, antes o después que yo. Y no podría haber hecho nada para evitarlo.

-Sí, los podrías haber convertido. Pero no deseaste esto para ellos. ¿Por qué lo deseas para ti? –Se levanta y se sienta a mi lado, por un momento mi vista se desvía observando su cuerpo, aún no está vestido. Se sienta a mi lado.

-No, no quise esto para ellos, pero eso no significa que me arrepienta de lo que soy. Aunque mi familia directa ya no exista, tengo más familia. La descendencia de mi hermano sigue viva, y estoy muy feliz de poder verlos y cuidarlos. Hago todo lo que puedo por ellos.

-Pero tampoco puedes acercarte a ellos.

-Es un precio pequeño que estoy dispuesto a sufrir. Beth, no te quedes atrapada en la mentalidad de la sociedad en la que naciste, entonces la venganza era lo más importante incluso por encima de la familia, pero ahora no. ¿Acaso todos tus amigos no se han aclimatado a esta sociedad? ¿Acaso alguno desea solo la venganza? No Beth. ¿Alguna vez has pensado en otra cosa?

-Sí. En ti.

-Pues ahora estoy contigo. Tienes tiempo de preocuparte por otras cosas que no sea la venganza. Eso te ha deteriorado mucho. –Me sujeta las manos entre las suyas, yo me quedo mirándolas. -Antes eras una chica alegre, inquieta y curiosa. Todo era nuevo para ti. ¿Por qué ahora no?

-Eso no es importante. –Me suelto y me pongo en pie.

-Esta no eres tú. La venganza te ha consumido. –Miro por la ventana de la habitación con los brazos cruzados. Sí, he cambiado. Pero solo soy lo que el mundo ha hecho de mí, si yo no fuera así no habría sobrevivido. No he tenido más remedio que adaptarme y olvidar las nimiedades. –Beth. –Me llama Arturo con un tono bajo de voz. -¿Has pensado qué harás cuando cumplas tu venganza? –Silencio. No me lo había planteado. Pero, ¿qué más dará eso? Cuando llegue el momento entonces pensaré qué hacer. Ahora lo único que me interesa es… -¿Y si te ocuparas de tu familia? –Me giro rápidamente.

-¿Qué?

-Tu familia. Tienes que tener descendientes por ahí. Solo es cuestión de que los encuentres.

-Pero… -Corto al oír el timbre. Arturo y yo miramos a la vez hacia la puerta en un acto instintivo. Él hace ademán de levantarse pero yo lo detengo poniendo una mano sobre su hombro. –Antes vístete. –Sonríe y se levanta para coger su ropa y empezar a vestirse. Yo camino por el pasillo comprobando que la camisa sea lo bastante larga como para ocultar mi ropa interior. Me paro tras la puerta y miro por la mirilla. Es mi casera, menos mal. Abro más tranquila.

-¡Elisabeth querida! Hacía mucho que no aparecías por aquí, pensé en entrar a ver si te había pasado algo pero entonces Martina me dijo que te vio venir y salir después con una maleta. ¿Acaso vas a irte del piso? Has encontrado otro más barato ¿verdad?

-No señora Álvarez, es solo que…

-¿Quién era Beth? –Dice Arturo mientras aparece por el pasillo terminando de ponerse la camiseta. Observo a mi casera que lo mira con recelo y después se fija en mis piernas desnudas.

-Es mi casera.

-¡Oh! Creo que estoy molestando. –Dice nerviosa. –La semana que viene pasaré a por el alquiler, espero que estés Elisabeth. Buenas tardes. –Se da media vuelta para echar a andar por el pasillo.

-¡Espere señora Álvarez! Le pagaré ahora. –Voy corriendo a la habitación y cojo las llaves de mi coche. Cuando llego veo a mi casera mirando al suelo y a Arturo apoyado en la pared con los ojos clavados en su cuello. Seguramente tenga hambre. Le golpeo en el pecho con las llaves. –Ve a mi coche y coge un sobre que hay en la parte de atrás. –Asiente y sale evitando cualquier roce con la señora Álvarez, con todo el tiempo que llevo aquí y aún no sé ni su nombre. –Pase por favor.

-No querida, prefiero esperar aquí.

-Como quiera. –Nos mantenemos en silencio unos segundos que deben de estar haciéndoseles tan eternos como a mí. –Le ofrecería algo pero tengo la nevera vacía. –Digo intentando romper un poco el hielo.

-No importa querida. ¿Te molestaría si te dijera algo?

-Eh… no, adelante.

-¿No es demasiado mayor para ti?

-¿Mayor? –Sí, unos doscientos años.

-Sí, tendrá diez años más que tú.

-En realidad solo nueve. –Dice Arturo apareciendo detrás de ella con un sobre amarillo en la mano. Saco mil quinientos euros y se los entrego.

-¡Esto da para dos meses y aún sobra! –Observa mi casera.

-Sí. Voy a buscar un piso cerca de mi nuevo trabajo. Te pago este mes y el siguiente, y lo que sobra es por las molestias de no haberla avisado antes. Si es necesario puedo pagarle más. Mañana vendré a por el resto de mis cosas. ¿Le parece bien?

-Eh… Sí claro. No hace falta que me pagues más querida, con esto sobra.

-Me ha encantado vivir aquí señora Álvarez, me ha tratado usted muy bien.

-Ha sido un honor. –Me mira con dudas y finalmente se decide a abrazarme. –Ten cuidado con este chico, no me parece adecuado para ti. –Me susurra al oído, aunque sin mucho éxito, solo los vampiros somos capaces de adoptar un tono de voz tan bajo como para que otros vampiros no nos oigan. Lo que ella considera un susurro es una voz alta y clara para Arturo.

-Tranquila, siempre tengo cuidado. –Se despide con dos besos. Cierro la puerta y respiro hondo.

-Lo he recordado bien, ¿no? Siempre decías que tenías diecinueve años.

-En verdad, ahora mismo ella cree que tengo veintiuno, llevo viviendo aquí cinco años. Cuando llegué le dije que estaba estudiando y se suponía que mis padres me pagaban el piso.

-Mmm…

-De todas formas ahora mismo mi D.N.I. dice que tengo diecinueve años. –Lo actualicé el año pasado y pagué para que indicara que tenía dieciocho años.

-Al fin y al cabo no me he alejado tanto. –Dice mientras se acerca a mí y me rodea con sus brazos. –Te sienta genial enseñar las piernas.

-¿Aunque ya no tenga pelos?

-Ajá. –Más que una palabra ha sido un leve sonido.

-Con lo que te gustaban…

-Eran otros tiempos. ¿Cómo te los quitaste? No debe ser muy fácil para una vampira.

-Cera depilatoria. –Frunce el ceño. –Con un poco de mercurio. Dolió, -me miro la pierna izquierda, -pero al menos no tengo que repetirlo.

-¿Cuándo?

-Hace unos años. Pensé que sería extraño ver una joven de diecinueve años con pelos en las piernas y axilas. –Me acaricia la pierna.

-Muy suave. –Sonrío. Me mira a los ojos mientras sube la mano por debajo de la camisa, acaricia mi trasero y finalmente la posa en mi cintura para atraerme hacia él. Ya empieza de nuevo. Me besa y yo lo abrazo.

Esto me recuerda a los viejos tiempos. Cuando ambos estábamos bajo el mando de Roberto y nos escabullíamos en cuanto podíamos.

Esto es adictivo.

martes, 15 de junio de 2010

Capítulo 11. "Juego Peligroso"

-Julio. Julio. ¡Julio! –Ante el grito de mi nombre me sobresalto y miro a todas partes. Estoy en casa de María, mi mejor amiga. Creo que me hablaba de algo pero solo he captado mi nombre.
-Eh, ¿qué has dicho?
-Te he preguntado si quieres tomar algo. Pero ya te sirvo un café que necesitas uno urgentemente. –Se levanta y camina hacia la cocina de su piso, separada del salón por una simple barra. –Te pasas el día soñando despierto Julio. –Me sirve una taza de café y vuelve a sentarse a mi derecha a la vez que me ofrece el café. No me apetece y menos tan negro, además no lo necesito, no estoy soñoliento solo pensativo. ¡Yo no tengo culpa de que esa chica calara tanto en mí! -¿Aún piensas en esa chica?
-Sí. No logro sacarla de mi cabeza. –Me acerco el café pero el olor me echa para atrás, lo siento no puedo tomármelo, espero que no se enfade.
-Me das miedo. –La televisión sigue sonando por debajo de nuestra conversación, y ahora que lo pienso, creo que es la conversación más larga que he conseguido mantener desde hace mucho.
-¿Por qué?
-Porque te vuelvas loco. –Me dice seriamente, no está de broma.
-¡No es para tanto Meri!
-¿Qué no? Julio por Dios. Si no eres capaz de mantener la concentración en nada solo porque piensas en ella, y no me digas que no piensas en ella porque se te ve en los ojos. Además, -añade muy pagada de sí misma, -desde la última noche que te la encontraste no has vuelto a salir con nosotros. Y yo sin ti en la “Noche Oscura” no me siento cómoda. –Dice poniendo cara de pena.
-Es que no me apetece, solo es eso.
-¿Solo? Desde que cumpliste quince años no hay quien te obligue a quedarte en casa un fin de semana y ya llevas varios, y a las fiestas de mi pueblo ni viniste, y siempre me acompañas.
-Estaré madurando.
-¿Insinúas que tengo mente de cría?
-¡No! –No sé como las mujeres siempre encuentran la forma de volver tus palabras en contra de ti, yo solo buscaba una excusa. –Mira, lo que quiero decir es que puedo estar cambiando de forma de ser.
-¡Já! –La miro enfadado. -¡Eso no te lo crees ni tú! Deja de inventar excusas ridículas que nadie cree y admite la verdad. Piensas cada segundo en ella, te estás volviendo paranoico. –Afirma. Puede que tenga razón. Yo nunca m quedo en casa, soy el primero en salir y no hay quien me saque de la discoteca hasta que van a cerrar. O al menos solía ser así.
-Vale lo admito, he estado un poco despistado… bastante. –Admito al ver su cara de amenaza, no es que sea un blandengue pero no me hacen gracia sus pellizcones.
-¿Ves? No era tan difícil. Y ahora que ya lo has admitido le vamos a poner remedio. No puedes estar siempre pensando en ella.
-¿Y qué quieres hacer? –Yo no quiero dejar de pensar en ella, me agrada recordarla. Pero quizás si que me convenga distraerme un poco.
-Por lo pronto te vienes conmigo, que he quedado con los demás y he prometido que vendrías. Además, vamos a un sitio nuevo, una cafetería en las afueras. A lo mejor allí conoces a alguien que te distraiga un rato la mente. –Me dice a la vez que me guiña un ojo. Yo enarco las cejas. –Tranqui, no te vamos a tender ninguna trampa. Pro es que Nuri me ha contado que va gente así como especial, y muy guapa, así que a lo mejor encuentras a alguien que sustituya a la tía esa.
-Elisabeth. –Digo entre dientes.
-Como sea. Voy a cambiarme que sino llegamos tarde. Y tú dale la vuelta a la chaqueta, que por el lado negro te queda mejor, con esas rayitas tan monas. –Dice entrecerrando los ojos y sonriendo. Se levanta corriendo y se va a su habitación.
Mientras le doy la vuelta a la sudadera y me la pongo por el otro lado pienso en lo que me ha dicho Meri.
La conozco desde que comenzábamos a andar y no nos hemos separado nunca. Nos ayudamos en todo, desde estudiar hasta a ligar, y sé que solo quiere verme bien. Quizás… solo quizás, debería hacerle caso. Pero es que Elisabeth era tan guapa… y lo seguirá siendo, no creo que haya envejecido por arte de magia en unas semanas. Pero… ¿en qué estoy pensando? Meri es como tu hermana tienes que hacerle caso. Muy bien Julio, olvídate de la chica más maravillosa que has conocido en el mundo. Tienes que sacarla de tu mente.
Me siento en el sofá y miro la televisión hasta que escucho el taconeo que produce Meri al andar. Giro la cabeza y la veo aparecer en un paseillo que imita a las modelos, le encanta hacerlo. Se ha puesto unos vaqueros ajustados que realzan sus piernas, unos tacones negros de los que se arrepentirá más tarde y una camiseta negra ancha que cae hacia un lado dejando su hombro derecho al descubierto. Su pelo liso vuela alrededor de ella cuando da una última vuelta sobre sí misma. He de admitirlo, si no fuese mi amiga haría todo lo que pudiera porque fuese mi novia.
Me pregunta qué tal va y respondo con un silbido.
-Espectacular, y me quedo corto.
-Tú tampoco estás nada mal eh. –Se acerca y me coloca bien la chaqueta. Me sonría y me da un beso en la mejilla dejándome un pequeño rastro de brillo de labios.
-Si no te conociera desde que gateabas, te soltaría un beso en los labios ahora mismo.
-Si no te conociera desde que pegabas mocos en la pared, te soltaría una colleja ahora mismo. –Me río con su respuesta. No sé cómo lo hace pero siempre tiene una replica para mí. Supongo que es algo de esperar después de veinte años de amistad. -¿Nos vamos?
-Sí claro. –Digo. -¿En tu coche nuevo o en el mío?
-¡En el mío! Tengo que lucir mi SEAT León.
-Como quieras.
Salimos de su piso y nos montamos en su gran coche nuevo de color rojo. Está muy orgullosa de él, se lo ha pagado realizando varios trabajos y aunque su sueño es tener un descapotable, de momento se conforma.
Arranca y se dirige a las afueras. Me cuesta admitirlo, pero he de decir que conduce mejor que yo. Suspiro.
-¿No estarás pensando otra vez en lo mismo, no?
-No, pensaba en… que.. no tengo ganas de ir a la cafetería esa.
-Pues vas a ir sí o sí. No porque te vaya a obligar, que podría, sino porque ya estamos aquí y tú no traes coche. –Miro a todas partes, pero no veo nada. Por aquí solo hay un montón de naves.
-¿Seguro que es aquí?
-Sí, segurísimo. Mira, ahí están los demás. –Me dice mientras está girando una esquina. Y efectivamente, ahí están. Toda nuestra pandilla reunida, y creo que no falta nadie. Meri aparca, nos bajamos del coche y nos acercamos a nuestros amigos.
-Hombre Julio al fin te dignas a salir con nosotros. –Me dice Antonio.
-Sí, ya era hora. –Digo riéndome para quitar hierro al asunto.
-Bueno, ¿ya estamos todos? –Pregunta Nuri.
-Sí.
-Bien, pues vamos a entrar. La cafetería no tiene letrero ni promoción alguna pero según parece es famosa. –Nos va explicando mientras la seguimos. –Me lo ha contado mi hermana, vine con ella el otro día. Viene gente especial.
-¿Cómo que especial? –Dice Antonio interesado.
-Ahora lo verás. Son como la gente de Noche Oscura pero más tranquila.
-A mí esa gente no me termina de agradar. –Se queja Meri. Me ha contado muchas veces que se siente muy incómoda en ese ambiente. María es especialmente perceptiva y la última vez que fuimos juntos me contó que se sentía amenazada. Como si aquello fuera peligroso.
Peligroso. Elisabeth me dijo lo mismo, que era peligroso estar en esa discoteca. ¿Y si las sospechas de Meri son ciertas y allí pasa algo malo? No creo que me Elisabeth me mintiera cuando me dijo eso. ¿Qué ganaba con eso? Nada, solo asustarme. Cosa que tampoco ha logrado, no creo que esa discoteca tenga nada malo. Además, parecía como muy bipolar. Primero me tiró los tejos y después de invitarme a su casa me dejó colgado.
-No te quejes Meri. Que luego bien que te meneas en la pista de baile. –Meri pone cara de enfadada ante el comentario de Antonio. Sé por qué lo hace, dice que si baila no piensa que esa discoteca sea tan mala. Es a la que más nos gusta ir así que ella tuvo que buscar una forma de tranquilizarse, y bailar le relaja, o al menos le ayuda a distraerse.
-Espero que ahí dentro haya una pista bien grande, -refunfuña a mi oído. Me río y la miro, está nerviosa. En la Noche Oscura lo que realmente le da miedo es la gente, y si la que hay aquí es igual no creo que le apetezca repetir otro día.
Nuri abre una puerta negra y pasamos a un pasillo largo iluminado con lámparas en forma de antorcha, las paredes azules contrastan con el suelo plateado, del que salen finas líneas plateadas semejantes a una enredadera y que suben hasta el techo blanco. Al final del pasillo hay otra puerta negra custodiada por un hombre alto, robusto y con cara de pocos amigos. Es el portero, ¿portero en una cafetería?
-Buenas tardes. –Dice Nuri con una amplia sonrisa. El hombre la mira serio. –Vine hace unos días. ¿Me recuerdas?
-No. –Que seco. Nuri se pone nerviosa.
-Ah… vine con una muchacha muy parecida a mí, nos dejaste pasar sin problemas. –El portero alza la mirada por encima de ella para mirarnos a todos. Como poco somos diez.
-¿Hay algún problema? –Dice Antonio adelantándose.
-No. –Se lleva la mano al pinganillo de la oreja y murmura algo tan bajo que ni Nuri debe haberlo oído. –Podéis pasar. Pero no me hagáis entrar a por vosotros. –Dice apartándose y abriéndonos la puerta para que podamos pasar. Al entrar vemos que el decorado del pasillo se extiende por toda la sala, la luz es tenue igual que la música (están poniendo electro, me encanta), las mesas se distribuyen en filas diagonales, en las paredes hay cubículos privados en forma de media esfera elevados un poco, varias columnas dispuestas para aguantar el peso del techo sirven para clavar carteles y al final hay una enorme barra en la que atienden dos gemelos, detrás de ellos unas puertas deben conducir a la cocina. El local está bastante lleno sin llegar a estar abarrotado, varios privados están ocupados y tienen un biombo para mantener su privacidad, en las mesas dispuestas por el amplio salón hay al menos quince ocupadas. Algunos levantan la mirada hacia nosotros pero enseguida vuelven a lo suyo. Escogemos unas mesas cercanas a la pared y las unimos para sentarnos juntos.
-Es una cafetería que se sale de lo convencional. Parecería una discoteca si no fuera porque no hay pista de baile, la música está baja y está todo lleno de mesas.
Antonio y otros preguntan que queremos y se acercan a pedir pues no vemos a ningún camarero rondando por aquí para apuntad lo que queremos.
-¡Tíos flipad! Hay una camarera que está… -Dice Paco cuando vuelve con varias bebidas. –Así morena, los ojos azules, y un cuerpazo de cine, ¡madre santa! –Antes no vi ninguna camarera, giro y la busco por la barra pero nada más que están los dos gemelos.
-No la veo. –Digo volviendo a mirar al frente.
-Ha salido por esa puerta negra, le ha dicho a uno de los gemelos que tenía que hablar con no sé quién.
-Am. –Digo ya sin atender. Meri ha llamado mi atención, se ha sentado a mi lado. -¿Cómo estás? –Le susurro al oído.
-Bien.
-¿No te sientes angustiada ni nada?
-No. Este sitio es diferente. La gente es enigmática también pero no me dan malas vibraciones, es como si fueran del mismo país que los otros pero estos fueran la parte de la sociedad buena y los otros la mala. ¿;Me entiendes?
-Creo que sí.
-¿Y qué vamos a hacer este sábado? –Preguntan después de un rato de charlas individuales y grupales. –Ya es viernes, tenemos que pensarlo.
-Lo mismo que todos los sábados.
-¿Noche Oscura? No, no ,no, allí no pienso ir. –Dice Meri.
-¿Por qué? ¿Otra ves estas con tus paranoias? Ese lugar no tiene nada de malo, van muchas tías buenas he chicos, -dice Paco guiñándole un ojo a los demás, -y es la mejor discoteca de toda Plasencia.
-Yo estoy con ella, -digo. Quiero apoyarla, y además las palabras de Elisabeth aún causan un poco de intriga en mí. “Te he salvado ¿vale? No voy a perder más tiempo contigo. No vuelvas a esta discoteca si no quieres pasar un mal rato. Vete a casa, duerme y sal con tus amigos.” Ahora que lo pienso, en ningún momento dijo explícitamente que fuera peligroso., pero si lo insinuó. Y no me diría eso si no fuera verdad, quizá sea policía y estuviera investigando si vendían droga o algo por allí… No, eso es imposible. –Me río de mí mismo. -¿Una chica que es imposible que pase de los diecinueve años, policía? Que tonterías se me vienen a la cabeza, y es aún más imposible porque coqueteó conmigo, y no lo podría haber hecho si estuviera trabajando.
-… ya sabéis, Carmen, la muchacha esta que venía siempre con mi prima. –Varios asienten. ¿De qué estará hablando? ¿Ya han cambiado de tema? –Pues ha desaparecido.
-¿No jodas?
-Que fuerte.
-¿Y no saben nada?
-¿Y qué hace la policía? –Los comentarios se hacen numerosos entre el grupo. Carmen, la recuerdo. Es una muchacha muy agradable, siempre sonriendo y de buen humor, al menos cuando yo la he visto.
-Dejadme terminar. –Se queja Mari Ángeles. –La última vez que la vieron un tío se la llevaba a las salas V.I.P. de Noche Oscura. Y, -nos indica que nos acerquemos para que podamos oírla, -dos días después dos hombres fueron a casa de su familia para que no dijeran nada prometiendo que la encontrarían, pero me ha dicho mi prima que n la familia no saben nada más ni de los hombres ni de Carmen, y eso fue hace una semana más o menos. Y aunque su madre intenta volver a poner una denuncia al día siguiente ya ha desaparecido, y la primera que puso igual. Y cuando llama a los telediarios y a cualquier programa de televisión, o a la radio, o en los periódicos; da igual a donde vaya, todos le dicen que no tienen tiempo ni espacio para su problema.
-Eso es muy extraño.
-Extraño e imposible, los programas de televisión siempre están buscando noticias aí para sacar tajada con la audiencia. –Dice Antonio.
-Extraño no, -dice Mari Ángeles. –Da miedo. Yo estoy con Meri y Julio, paso de ir allí.
-Yo os apoyo también, -dice Antonio. Yo sonrío, está coladito por Mari Ángeles, así que hará todo lo que pueda por estar de su parte siempre.
-Oh vamos, no seáis unos caguetas. En todos los sitios puede haber un cabrón de esos, y Carmen tuvo la mala suerte de fiarse de él. Pero no pasa nada si nosotros vamos todos en grupo, llevamos haciéndolo mucho tiempo y que yo sepa nunca nos han raptado. Aunque Julio se ha quedado como tonto desde aquella noche en la que se fue a las salas V.I.P. con aquel pitonazo. Jajaja. Pero bueno ahí tenéis un ejemplo, se separó del grupo y sigue vivo y sin un rasguño. Y encima pasó un buen rato con la tía esa.
-Ya te lo he dicho, no llegamos a hacer nada.
-Sí, sí. –Dice irónicamente. Yo lo dejo así, ya he discutido ocn Paco esto muchas veces.
Pasan el resto de la tarde igual, Meri al final les admitió a todos que al bailar no pensaba en que no se sentía incómoda allí y Paco le prometió tenerla toda la noche bailando. Antonio estuvo hablando con Mari Ángeles y le dijo que si ella quería estaría protegiéndola si fuesen al final a la Noche Oscura, y entre todos los demás intentaron convencerme a mí y a ellos. Al final todos dijimos que sí iríamos, pero que no podíamos separarnos.
Yo he vuelto a mi mundo. Este lugar me la recuerda, es misterioso como ella. ¡Mierda! Otra vez pensando en quien no debo. Tengo que olvidarla, por Meri y por mi salud mental, ¿peor cómo? Es tan especial y tan diferente a las chicas que conozco… tiene un aire de rebeldía que me vuelve loco, sus ojos azules parecen tan vivos,… y su cuerpo es perfecto. No creo que tenga alguna pega. Si pudiera tan solo verla una vez más…
-¿Y ese suspiro Julio? –Me dice Antonio desde el otro lado de la mesa. Está abrazando a Mari Ángeles, ¿habrá hecho algún progreso mientras yo pensaba? –bueno, si quieres animarte te sugiero que mires a la barra, la camarera que dijo antes Paco me recuerda mucho a la descripción de esa tal Elisa que me dijiste.
-Elisabeth, -digo dudando. Es imposible que sea ella. ¿Qué iba a hacer aquí de camarera? Esta cafetería abre de noche, ¿para qué iba a ir a la Noche Oscura entonces? No, seguro que no es ella, y no me apetece llevarme una desilusión así que simplemente no miraré. Pero Antonio me da una patada por debajo de la mesa, ¿o ha sido Mari Ángeles? Se miran riéndose y Antonio me indica con la cabeza que la mire. –Vamos, mírala.
Refunfuñando me giro para descubrir que tenía que haberme girado hace mucho tiempo.
-Meri. –Digo sin apartar la vista de la camarera y dándole golpecitos en la espalda. Ella sigue mi mirada hasta la camarera. –Es ella. Es Elisabeth.

miércoles, 7 de abril de 2010

Capítulo 10. "Arturo"

Esa voz… es inconfundible. Es la única voz que me hace temblar en este mundo, nadie más podría causar en mí ese efecto. Pero… ¿Por qué me ha llamado Elisabeth? Él nunca lo hace. Inhalo, pero no percibo su esencia, el viento no me lo permite, ¿y si solo ha sido un engaño de mi mente? No, no puede ser.
La única forma de cerciorarme es darme la vuelta y comprobarlo pero estoy paralizada; por mucho que mi mente lo desea, mi cuerpo no mueve un músculo para permitirme ver al ser que más ansío tener cerca de mí.
Fuerzo mi cuerpo y giro lentamente. Y justo cuando quedo mirándolo frente a frente, él avanza hacia mí y en un solo segundo su cuerpo está muy cercano al mío.
-Beth…
-Arturo… ¿Dó… dónde estabas? ¿Estás bien? –Me guiña un ojo, me aparta de mi coche, cierra la puerta y me conduce hasta el portal de mi casa. Siempre tan precavido.
-Perfectamente ahora que te tengo enfrente.
-Pero… ¿Y Roberto? ¿Qué te ha hecho?
-Tranquila. Beth, ya estoy aquí, y me ves entero ¿no? –Intenta tranquilizarme. He pasado de la parálisis total a moverme casi sin control. Arturo me sujeta por los brazos y me mira con sus hermosos ojos. –Estoy bien. Y veo que tú estás mejor que nunca.
-¿Por qué lo dices? –Pregunto ya más calmada.
-Te sienta muy bien el coche.
-Ah, el coche. –Digo mirando hacia abajo. Él coloca su mano en mi mentón y me alza la cara. –Y siempre te ha sentado muy bien que despejases tu cara. –Llevo el pelo peinado en una cola de caballo.
-Gracias. –Digo sonriente. Recordando lo preocupada por él que estaba hasta hace un momento me vuelvo a poner seria. –Tienes que contarme qué te ha pasado. Todo. –enfatizo la última palabra.
-Solo me ha dado unos pequeños azotes, nada de lo que preocuparse.
-Arturo. –Digo muy seria. Le cuesta mucho admitir que alguien le ha dado una buena paliza, le daña su tremendo orgullo. Y ese comentario suena a falso.
-¿Qué más dará eso Beth? Estoy aquí ¿no?
-Perdone señor, no volveré a preocuparme por usted. –Comienzo a andar hacia la salida pero el me sujeta de un brazo y me impide salir.
-Espera. Yo no quería que te ofendieras, es solo que no entiendo que importa lo que me haya hecho Roberto. Te ayudé a escapar e hicimos la mejor actuación de nuestra vida, así que todos contentos. –Entrecierro los ojos al mirarlo, me esconde algo… sin pensarlo dos veces alzo las manos y le abro la camisa que lleva. Cuando descubro su pecho el se da la vuelta rápidamente y no me deja observarlo bien pero ya he visto suficiente. Tiene miles de cicatrices en el pecho, causadas sin duda por una prolongada tortura que ha durado hasta hace bien poco.
-No ganas nada ocultándolas, ya las he visto.
-Son leves, en unos días habrán desaparecido.
-¿Leves? Si fueran leves desaparecerían en unos minutos, no en unos días. ¿Te ha estado torturando desde aquel día verdad?
-¿Y qué importa? No podemos hacer nada. –Sigue sin mirarme.
-¿Nada? Claro que puedes. ¡Deja de chuparle el culo a este idiota y vente conmigo!
-No puedo Beth. –Vuelve a mirarme, por un momento me pierdo en los surcos que el mercurio ha causado en su cuerpo.
-¿No puedes? –Digo volviendo al ataque. -¡No quieres! Que es muy diferente.
-Tú no lo entiendes…
-Claro que lo entiendo. Te encanta la comodidad.
-¡No es eso! –Me grita completamente alterado. Nunca me había gritado, no de esta forma, sin estar obligado a fingir. Me quedo en blanco. –Beth, llevo toda mi vida junto a él. Casi cuatrocientos años marcan a uno ¿sabes?
-Siempre se puede cambiar Arturo.
-Supongo que yo no.
-Entonces, ¿no lo vas a dejar?
-No puedo… -Soy increíblemente estúpida por creer que Arturo podría dejar a Roberto y venirse conmigo.
-¿No quieres estar conmigo? –Las palabras salen a tropel de mi boca sin poder contenerlas. Es lo que siento.
-Claro que quiero. –Se acerca de nuevo a mí. -¿Cómo puedes pensar lo contrario? Sabes que te amo.
-No, no lo sé. –Arturo se acerca aún más e intenta besarme, pero yo aparto mi cara. Él suelta un suspiro y se aparta.
-Me hice ilusiones… pensé que tú me amabas lo suficiente como para cambiar de vida. Pero ya veo que no. Te gusta mucho estar junto a él. –Digo cerrando los ojos con fuerza.
-Beth por favor, yo…
-No me llames Beth. Nunca más. No si no piensas venirte conmigo. –Digo mirándolo con furia. El está asombrado.
-No es tan fácil como piensas Beth.
-¡Que no me llames Beth! Y claro que es fácil, ¡lo que pasa es que tú no quieres! Te encanta el lujo que Roberto te da. Y lo prefieres antes que estar conmigo. Pues bien. Vete con él. Pero no vuelvas a buscarme, jamás. –Recuerdo la última vez que le dije estas palabras en mi azotea. Pero esta vez es distinto, me ha herido de verdad, quizás porque sabe que le puedo ofrecer una vida de lujo junto a mí pero sigue prefiriendo a Roberto, o quizás porque una acaba cansándose de estos jueguecitos. Sea por lo que sea, no quiero verlo de nuevo.
-¡Basta! Te amo ¿vale? No hay noche que no mire a las estrellas pensando en ti., ni día que no sueñe en huir lejos contigo. Pero no puedo.
-¿Por qué? –Digo en un hilo de voz.
-Ya te lo he dicho.
-Sé que eso no es verdad igual que sabía que sí que te había hecho algo. –Digo tocando sus cicatrices.
-¿Quieres saberlo?
-¡Sí!
-¡Está bien! Porque tú no te alimentas de humanos, y yo sí. –Se hace el silencio entre nosotros. Un silencio en el que yo me quedo helada y él comienza a andar por el pasillo hasta que al final se sienta en el primer escalón de las escaleras.
-¿Eso es lo que te preocupa? –No responde. –Arturo, eso no tiene importancia.
-Sí que la tiene. Siempre que estoy contigo y me entra sed me da miedo.
-¿Miedo?
-Sí. –Vuelve a mirarme. –El tener sed me recuerda lo repugnante que te parece que un vampiro tome la sangre de un humano sin su permiso.
-¿Y por qué te da miedo?
-Porque algún día estemos juntos y necesite beber. ¿Qué pensarás de mí? Temo que te diera tanto asco que simplemente me dejases. –Un nuevo silencio vuelve a instalarse entre nosotros. ¿EL teme que yo le deje porque bebe sangre humana?
-Arturo. –Digo poniéndome de rodillas delante de él. –Jamás te dejaría. Mi amor por ti es mayor que eso. Encontraríamos un modo. Y siempre podrías sustituir tu forma de alimentarte. Yo bebo sangre humana donada, eso no es ningún robo.
-Beth… -Alza la cabeza y me mira. Entonces se pone de rodillas y sujeta mi cara con sus manos.
-Prométeme que lo intentarás. –Tras un breve momento de reflexión me dice:
-Te lo prometo.
Le sonrío, parece que esta vez será diferente. Y me alegro de ello.
No tengo mucho tiempo para pensar porque Arturo comienza a besarme dulcemente y esta vez yo también quiero que me bese.
-Te amo.

miércoles, 24 de marzo de 2010

NovedaDEs!!

xic@s,, traigO noTiciiaS,, voy a tarDar en suBir nuevO caP (esperO q no Os enFadeiiS) perO es xQ stOy aciienDo un nuevo tRailer,, aunQ más o menos va a Ser = voy a pOner fotOs retocaDas (para q lOs actOres se PareZcan más a lOs perSonajes), a lo mejOr añadO a alGuno nuevO y para q veAis a lOs q voy a CamBiar,, x ejemPlo: ángel ya no es el xicO de "smallville", es otro,, y a lO mejOr tb cambiO a baLtazar,, (este aún no lO e decidiDo),, tengO q seguiR retOcandoLo pero no creO q tarDe muxO,, y aOra cn laS vacaCiones tenDré mas tiem,, (aunQ tengo q aceR trabajOs =S)
wenO,, q esPeroO no oS siente maL q aun no publiQe nada nuevo y Q os gUste el traiLer cuandO lo suba,, un BesazO!!!

jueves, 4 de marzo de 2010

Capítulo 9 "Cazador"

Es jueves. El segundo jueves desde que dejé la nota para Arturo. La semana pasada no se presentó, estuve toda la noche y me fui al amanecer, decepcionada. Hoy siento que va a ocurrir algo, estoy nerviosa.
Ángel y Lerón me han regalado un coche, el cual me viene muy bien para trasladarme hasta Salamanca, es un Aston Martin modelo “One-77” de color verde plata y con todos los cristales tintados, precioso pero demasiado llamativo para mi gusto. Es una edición especial, cuesta alrededor de un millón de euros y solo existen setenta y siete ejemplares, dos de los cuales están aquí en Plasencia: el mío y el de Lerón. He intentado rechazárselo, pero me ha resultado imposible. También me han regalado un teléfono móvil táctil, un Nokia 5800 Xpressmusic, otro lujo más. Según me han dicho es el mejor del mercado y tiene una gran cantidad de extras y posibilidades, que no creo que use.
Y además me han contratado como camarera en su cafetería, el sueldo envuelve el pago por mi trabajo como socia también, lo que lo hace muy elevado. Creo que lo han hecho para darme una razón más para quedarme con ellos, quizás hayan notado que estoy cómoda aquí. Me estoy planteando seriamente el quedarme. Hasta ahora solo he existido para una cosa: la venganza. No he vivido, he estado apartada del mundo tanto humano como vampírico. No he tenido amigos, no he pertenecido a ningún lugar. Me he sentido viva al colaborar con ellos, al preocuparme por alguien más. He vuelto a reír y a conocer gente, a interesarme por disfrutar de mi inmortalidad.
Ya no soy una solitaria, y no quiero volver a serlo. Y… quizás, solo quizás, logre que Arturo deje a Roberto y se una a nosotros, con ellos también obtendría lujo y no tendríamos más problemas con nuestros encuentros… hay que ver lo rápido que puede cambiar todo… hace unos días le decía que me olvidara, y hoy sueño con que vuelva a mi lado…
Bueno, lo primero es asegurarme de que está a salvo. Me monto en mi coche nuevo y conduzco hasta Salamanca. Espero tener suerte esta noche… deseo que aparezca. ¿Cuántos jueves he de esperar hasta encararme con Roberto? Puede que ni siquiera le haya hecho daño, puede que lo estén vigilando y por eso no acuda a mi encuentro. Bueno, puestos a suponer, puede no haber ido a mi casa, puede que aunque haya ido no haya encontrado la nota (cosa que creo imposible, seguiría mi rastro hasta la habitación y vería el joyero, y una vez que lo vea encontrará la nota), puede que Roberto lo haya encerrado, puede que lo esté torturando en este mismo momento… Cierro fuertemente los ojos ante el dolor que me causa pensar en eso.
Debo ser optimista y dejar de montarme paranoias, todo llegará. Un jueves cualquiera, el que menos me lo espere, Arturo acudirá a nuestra cita y mi tormento habrá terminado. Y cuando lo haga podré encargarme de lo último que me falta para ser totalmente libre: Roberto. Baltazar ya no me preocupa, está encerrado en un sótano de la nueva sede del que no puede escapar. Aún no lo he podido ver. Lerón teme que cuando lo tenga enfrente no pueda resistirme y lo mate, y no ayudó mucho mi primer comentario al respecto: “No me hago responsable de lo que haga cuando lo tenga enfrente”. Así que lo interrogarán primero y después será todo mío, y según parece aún no ha cantado nada…
Llego a Salamanca antes de que anochezca y aparco mi coche cerca de la Plaza Mayor. Para hacer tiempo iré caminando tranquilamente. Al llegar a la plaza me encuentro con diferentes grupos de espectáculos ambulantes: malabaristas, pintores, estatuas vivientes… No se parece en nada a aquella noche… pequeños flases aparecen en mi cabeza. Recuerdos que nunca olvidaré… pero hoy recuerdo algo más… alguien nos miraba.
Mientras Baltazar me seguía oculto en las sombras esperando que terminara de cruzar la plaza… me di cuenta de que algo no iba bien, y asustada me di la vuelta. Primero caminé cautelosa pero cuando noté que salía de la oscuridad corrí cuanto pude, me dirigí hacia la parte contraria sin darme cuenta de que iba directa a un callejón sin salida, literalmente. Me pare al llegar a la entrada, él ya estaba ahí, sonriendo. Sus ojos no eran normales, o al menos no me lo parecieron en ese momento, su iris era completamente rojo.
El miedo me invadía, pero sabía que no podía estarme quieta, ese hombre me acabaría atrapando si lo hacía. Di dos pasos hacia detrás, tratando de que no se diera cuenta y me volví para volver a correr. Pero él estaba ahí de nuevo. Me impedía el paso. Me resultó incomprensible que se moviera tan rápido y miré hacia detrás, no estaba allí. Cerré los ojos esperando que ocurriera algo, pero no sentí nada. Abrí los ojos, estaba sola, aparentemente. Estaba haciendo de aquello un juego. Sabiendo que seguía entre las sombras pensé en mis posibilidades, teniendo en cuenta lo rápido que era, la huída no era una opción para mí, pensé que lo mejor era esconderme. ¿Y qué sitio mejor que aquel oscuro callejón?
Corrí hacia el callejón y cuando entré en la oscuridad corrí hacia un lado, me apoyé contra la pared intentando amoldarme a ella, ¿por qué habría decidido salir? Seguí caminando muy despacio hacia el fondo del callejón. Entonces lo toqué. Estaba a mi lado. Sabía perfectamente donde estaba. Rió. Cuando intenté correr hacia delante alzó su brazo, tapó mi boca para evitar mi grito y me atrajo hacia él…
Su piel estaba muy fría al tacto. Respiró fuertemente el olor de mi pelo, mientras, con la otra mano comenzó a apartarme el pelo del cuello. Lo único que pensé fue que iba a violarme… pero me equivoqué.
-Delicioso… hueles como ninguna otra… -Pensé que estaba enfermo. –Es un placer hacer esto… -me dijo a la vez que acercaba su boca a mi cuello. Enseguida note la amenaza, no me iba a violar, me iba a hacer algo peor. Mucho peor.
Noté sus colmillos presionar mi cuello… me rompieron la piel y él me apretó aún más fuerte, me hacía daño. Noté como mi sangre me abandonaba para satisfacer a aquel monstruo, ya sabía lo que era. Era un vampiro. Había oído historias sobre ellos. Y uno chupaba mi sangre entonces. Cada vez me sentía más débil.
Cuando pensaba que me dejaría seca… mi sangre comenzó a entrar en mi cuerpo de nuevo, pero iba acompañada de algo más, algo doloroso que pertenecía al vampiro. Cuando hubo restaurado toda mi sangre, el vampiro me soltó dejándome caer. Me di un golpe contra el suelo, pero pude mantenerme despierta lo suficiente como para ver algo que nunca hasta ahora había recordado.
El vampiro camino lentamente hacia la plaza… y allí… se reunió con otro hombre, quizás fuera también otro vampiro. Aquel me miraba fijamente. Cuando mi agresor llegó a su lado no pude más y me desmayé.
Este recuerdo me provoca una sensación de aturdimiento que nunca he experimentado desde que me convirtió… ¿Quién era aquel hombre? ¿Por qué no me ayudó? Debía de ser un amigo de Baltazar. Es una pena que no pudiera distinguir su cara… esto lo solucionaré más tarde.
Ahora camino hasta el callejón donde debo encontrarme con Arturo. Me siento en una caja oculta en las sombras y cierro los ojos.
Pasan las horas, y Arturo no aparece. Pasa la noche, y Arturo tampoco ha aparecido. El sol me deslumbra. Arturo ya no vendrá esta noche. Me levanto apenada y vuelvo a mi coche. Cuando llego encuentro a un joven intentando abrir la cerradura. Me acerco y le doy dos golpecitos en la espalda.
-¿Qué? ¿Se te han perdido las llaves?
-Eh… Sí. Las perdí anoche.
-¿No serán estas por casualidad? –Digo sacando las llaves de mi bolsillo.
-… -Contiene el aire. Duda entre irse o robarme las llaves, lo sé. Le cojo de un brazo y lo inmovilizo intentando no excederme con mi fuerza, así no tendrá que esforzar su mente.
-Con que robando ¿eh? Eso está penalizado por la ley, así que si no quieres que llame a la policía lárgate y no vuelvas a acercarte a mi coche. ¿Lo has captado?
-Sí, sí, sí. –Le suelto y él sale corriendo. Mejor así. Entro en mi coche y apoyo la cabeza en el respaldo, tengo ganas de romper algo, menos mal que he dejado escapar a ese ladrón. Arranco el coche sin abrir los ojos, oír el sonido del motor me relaja un poco. Cuando voy a dar marcha atrás un todoterreno me tapa la salida. Miro por el espejo retrovisor y veo que se baja un hombre, pero no es un hombre cualquiera: es un cazador. Me deslizo fuera del coche, normalmente me iría (tengo salida por delante) pero tengo ganas de pelear. Cuando lo tengo enfrente su físico me sorprende: es idéntico a Lerón, excepto porque este hombre es un cazador y no tiene la extrema belleza de Lerón, sin embargo también es muy bello, gracias a él puedo tener una idea de cómo sería Lerón cuando era humano. ¿Serán familia? Sería tremendamente improbable… son polos opuestos.
Los cazadores son “humanos” dotados de casi los mismos dones que un vampiro, aunque a ellos no les afecta ni la luz del sol ni el mercurio. Un cazador, a diferencia de un vampiro, elige serlo; no tiene más que mezclar su sangre humana con la sangre de un vampiro. Se dedican a matar a los vampiros indiscriminadamente (a los que pueden). Por supuesto, no hay muchos puesto que para un humano cazar un vampiro es algo más que casi imposible, y además, lo necesitan vivo (la sangre de un vampiro muerto no dura más que unas horas, se la inyecten en su cuerpo o no).
El clon de Lerón se para a unos dos metros de mí, analizándome. Le gano en fuerza, velocidad, y reflejos (a pesar de que el sol me afecta), y él tendrá objetos como cadenas, pistolas, lanzaredes… creo que podría ser una lucha equilibrada. Y de paso puedo intentar averiguar algo sobre su gran parecido a Lerón.
-¿Quién eres?
-Un cazador, pensaba que tenías suficientes años para saberlo.
-No me refería a eso. –Entrecierra los ojos.
-¿No huyes?
-No.
-Tremendo error. –Acto seguido me lanza una red con un lanzaredes. La esquivo saltando al capó de mi coche.
-¿Quién eres? –Repito.
-No te interesa. –Me lanza otra red, está dando por hecho que me capturará sin esfuerzo.
-Creo que si estás tratando de matarme sí me interesa. –Salto al capó de su coche y me bajo por el lado contrario a donde está él. Me agacho rápidamente y rajo sus ruedas. Él aparece detrás de mí e intenta enredarme con un cable de mercurio. Me agacho y me deslizo por debajo de sus piernas, cuando estoy detrás salto apoyándome en su coche para acabar delante de él.
-Eres mejor de lo que creía. Supongo que te mereces conocer mi nombre: me llamo Nerón.
-Nerón… yo tengo un amigo que se parece mucho a ti. Lerón.
-¡Lerón! ¿Lo conoces? –Se para en seco. Sin duda, lo conoce. -¿Está aquí?
-Mmm… -Digo saboreando su interés. De repente, mi ira se ha desvanecido. Quiero saber qué relación tiene con Lerón. –Creo… que eso no es de tu incumbencia.
-¡Dímelo! –Se lanza contra mí descontrolado, esta vez sin intentar usar sus artilugios. Me muevo para esquivarlo, la siguiente vez que se lanza contra mí me agacho y le doy una patada en las piernas provocando su caída. Me siento encima de él inmovilizándolo. La adrenalina de vencerle no es ni incomparable a la de vencer a otro vampiro igual que yo. ¿Se parecerá a la de vencer a un vampiro antiguo?
-Me pregunto que sentiría si bebiera tu sangre… -Le susurro al oído mientras le enseño mis colmillos. No pienso tomar nada de su sangre, si no pruebo la de un humano, menos la de un cazador.
-No, por favor. No.
-Pff. ¿Y tú te consideras un cazador? –Me levanto y me apoyo en mi coche cruzándome de brazos. –Esperaba algo más divertido. –Ya no me preocupa lo más mínimo. No sé si es porque no está en forma o no tiene ganas de seguir viviendo, pero de los tres cazadores que me he encontrado en mi vida este es el peor.
-No te hagas ilusiones, es que te necesito. –Arqueo una ceja.
-Perdona mi ignorancia pero, ¿para qué necesita un cazador a un vampiro?
-Para encontrar a otro. –Sigue a unos pasos lejos de mí, a ninguno nos gusta la cercanía del otro si no es para partirle el cuello. –Necesito encontrar a Lerón.
-¿Por qué piensas que te voy a ayudar?
-Te he perdonado la vida. –Más que vida, existencia.
-Creo que ha sido más bien al revés. –Me río, él frunce el ceño.
-Podría matarte ahora mismo.
-Pero no lo harás, me necesitas. –Digo puntualizando las dos ultimas palabras con una sonrisa irónica.
-Puedo buscar el lugar donde has comprado tu coche y seguir investigando desde ahí, con la matrícula tengo suficiente. –Pues buena suerte, no sé los detalles pero sí se que Lerón no es tan tonto. Seguramente haya ocultado su identidad para comprarlo y eliminado cualquier hasta él.
-No tendrás oportunidad. No encontrarás ninguna pista.
-Siempre las encuentro. –Pues en los años que debe tener Lerón no lo ha encontrado, así que no será muy buen cazador.
-En ese caso, ¿por qué no me matas? Harás tu trabajo, cumpliendo con el propósito por el que entregaste tu vida; eliminarás un individuo más de la plaga y tendrás tu pista, podrás encontrar a Lerón.
-Me conviene conversarte.
-Hablas de mí como si fuese tuya.
-Lo eres, me debes la vida. –Cuando un cazador perdona a un vampiro este le pertenece y a de obedecer todas sus órdenes. Pero ese no es mi caso. No ha llegado a alcanzar una clara ventaja sobre mí.
-Sigue haciéndote ilusiones. Yo me largo. –Nerón se coloca entre mí y la puerta del conductor de mi coche impidiéndome el paso.
-No te vayas. Tienes razón. Te necesito. –Dice entre dientes.
-Vaya vaya. –me regodeo en esas dos palabras. –Así que admites que me necesitas… y ¿qué es exactamente lo que necesitas de mí?
-Quiero encontrar a Lerón.
-¿Y cómo sé yo que no tienes intención de hacerle daño? –Silencio.
-Porque… -una leve expresión de dolor atenaza su cara antes de desaparecer rápidamente, -somos hermanos. -¡Eureka! De ahí viene su gran parecido. –Somos gemelos, mejor dicho. Por supuesto ahora somos diferentes en algunos aspectos. Me convertí en cazador para matar a quien me lo arrebató.
-¿Lo conseguiste? –Me recuerda a la lucha que yo tengo con Baltazar.
-Él se me adelantó. –Waw… Lerón mató a su creador (este es el nombre que suelen usar los vampiros para denominar al vampiro que los convirtió), o sea que también sintió odio hacia él, y puede que también sintiera asco de aquello en lo que se había convertido.
-¿No se te ocurrió sobornar a un vampiro para que te convirtiera? Así no seríais enemigos naturales.
-¿Sobornar a un vampiro? No podía, no tenía el dinero para hacerlo; además, como podría fiarme de que cumpliera su palabra.
-Estrategia. –Digo sin más. -¿Cómo conseguiste la sangre de un vampiro vivo?
-Acudí a otros cazadores. Tardé años tras la muerte de mi hermano. Pero lo conseguí. –Una pregunta aparece de repente en mi mente, nunca me atrevería a preguntárselo a Lerón, peor sí a él.
-¿Cuánto hace de todo eso?
-Seiscientos cincuenta y siete años. -¿Esa edad tiene Lerón? Entonces tiene alrededor de los mismos años que Roberto… Arturo me dijo que le calculaba más de seiscientos cincuenta. Por supuesto sus cálculos son unas estimaciones posiblemente erróneas.
-Me encantaría ayudarte, -es la verdad. Me siento identificado con su dolor (aunque no es exactamente el mismo: yo quiero vengar la muerte de mi familia a manos de vampiros y él quería vengar la conversión de su hermano). –Pero no puedo fiarme de ti. No puedo llevarte hasta él sin saber qué opina. –Aunque su declaración puede ser la verdadera; también es posible que quiera encontrar a Lerón para matarlo, puede no soportar en lo que se convirtió su hermano. Y si Lerón no se ha dejado encontrar será por algo.
-Lo entiendo.
-Tampoco te puedo decir donde vivimos.
-Entiendo… -Repite aún más bajo.
-dame un número al que llamarte para organizar una cita o darte información. –Saca una tarjeta de su bolsillo y me la entrega. –Detective, ¿cómo no? –Casi todos los cazadores tienen oficios parecidos a este, por un lado para encubrirse y por otro para tener un sueldo fijo y no depender de los puntuales y escasos encargos que reciben. Pero tienen los mismos problemas que nosotros, tienen que cambiar de identidad cada vez que su físico no encaja en la edad que intenta hacer creer a los humanos.
-¿Cuándo me llamará?
-Cuando hable con Lerón. –Espero que entienda que no quiero darle una fecha específica.
-Está bien. –Ha captado el mensaje. Comienza a andar con la cabeza agachada hacia su camioneta.
-No creo que puedas irte. –Digo caminando hacia mi coche y sin mirar atrás. Me subo en mi coche y antes de cerrar la puerta lo miro, está extrañado. –Antes te rajé las ruedas. –Y cierro a la vez que me río. Salgo por delante y me encamino de nuevo a Plasencia.
Al llegar me paso por mi piso. Lo hice la semana anterior también, para comprobar si Arturo había estado aquí. Una nueva decepción: no ha pasado aún por mi casa (eso si viene algún día). Tomo una gran bocanada de aire simplemente por sentir este llenar mis pulmones.
Salgo de nuevo y cuando voy a entrar en mi coche alguien me llama.
-¡Elisabeth!