-Hola Beil. –Digo saludando al portero de “Juego Peligroso”. Él asiente levemente y ni siquiera mira a Arturo. Temía que pusieran pegas tan pronto… Entramos en la sala principal de la cafetería y observo la gente que hay, está bastante vacío para ser viernes, supongo que la gente llegará para mi turno, como no. Pero eso ahora no importa. –Mantente en silencio y no te separes de mí.
-Ni que fuésemos a tener que salir corriendo. –Dice mientras examina la estancia.
-No lo descartes. –Echo a andar y noto mis nervios, si fuese humana cualquiera lo notaría porque no pararía de temblar y sudar. Necesito que lo acepten, de no ser así… no sé que haría.
Mientras camino hacia la barra no respiro. Uff… vamos a allá. Salto la barra con un rápido y sencillo movimiento apoyando solo una mano en la barra, podría hacerlo sin apoyarme pero no quiero llamar la atención. Me acerco a Juan, quien me está sonriendo mientras termina de servir a unos jóvenes humanos que me miran y cuchichean.
-Hola Beth.
-Hola, gracias por cubrirme esta noche. Te debo una, otra vez. –Me cubrió también los otros jueves y a cambio yo le hice la tarde del sábado.
-No importa. Me cubres el sábado y en paz. Veo que esta vez sí has tenido suerte. –Dice a la vez que mueve la cabeza en dirección a Arturo, que está detrás de la barra en el punto donde yo salté esperando, menos mal que aunque le dije que permaneciese a mi lado ha intuido que era mejor esperar que saltar y seguir a mi lado.
-Supongo. ¿Está Lerón?
-Quieres presentárselo. –Dice soltando la última botella de coca-cola en la barra y apoyándose para estar más cerca de mí y poder hablarme al oído. –Está en su despacho. Pero en la cocina están Ángel, Inés y Alicia. No creo que te convenga meterlo por ahí. –Mira fijamente a Arturo. Creo que le tiene un poco de rencor, pero no porque formase parte de los seguidores de Roberto. –Alicia ya está en tu contra, que lo hayas traído solo le servirá de excusa para iniciar un nuevo enfrentamiento. –Hago una mueca. Alicia lleva montando numeritos desde que llegué aquí. Según me ha contado Juan ella quería formar parte también de la unidad de seguridad, cosa que yo he conseguido sin esfuerzo, y también le he quitado el puesto de principal directora de ataque. Todo ha hecho que esté totalmente en mi contra y es especialmente irritante cuando da voces con su chillona voz.
-Tendré que arriesgarme.
-Suerte. Y ya sabes que me tienes de tu parte.
-Gracias Juan. –Me doy la vuelta y camino a lo largo de la barra hasta llegar a la puerta de la cocina. –Ven. –Le digo a Arturo que entra por el hueco dispuesto en la barra para entrar y salir. –Espero que todo vaya bien. –Empujo la puerta y entro tirando de Arturo para que no se quede detrás como hizo antes, ahora es cuando tiene que mantenerse detrás de mí.
-Solo digo que esa… -Alicia corta su frase justo cuando entro. –Genial. –Está sentada en la mesa central cortando pimientos verdes. Todos giran rápidamente la cabeza al sentir el aroma de Arturo. Por la cara que ponen sé que esto no comienza bien.
-¿A quién traes Beth?
-Ah, ellos pueden llamarte Beth pero yo no ¿eh? –Dice Arturo acercándose a mi oído.
-Calla. –Digo dándole un fuerte golpe en el estómago. Él se sujeta el abdomen con un gesto de dolor, no le dolería si no tuviera esas cicatrices.
-¿No es uno de los que estaban en la discoteca “Noche Oscura”? –Pregunta Inés. Sin duda lo ha reconocido pero no quiere meter mucha bulla de momento.
-¡Sí! –Grita Alicia. Ya estaba tardando… -¡Ese es uno de los rufianes de Roberto!
-Tampoco es para que me llam… -Le corto con otro rápido golpe.
-Que te calles. –Digo nerviosa, con su especial don para irritar solo lo empeoraría.
-Beth… -Comienza Ángel mientras deja de atender lo que cocina. -¿Qué hace aquí?
-Yo… Bueno él ya no está con Roberto. Podría ayudarnos.
-¡Es una trampa! ¡No nos podemos fiar de él! Y lo ha traído ella, os dije que esta no estaba de nuestra parte pero aquí nadie me cree. Claro, como es la protegida de Lerón. Pues yo digo que echemos a los dos.
-¡Oh, cállate bruja! –Digo sin poder contenerme. Oigo a Arturo que se está conteniendo para no reírse a carcajadas, y también Inés tiene que contenerse, pero Ángel está más preocupado por Arturo que por nuestro pequeño rifirrafe. –No es ninguna trampa Ángel. –Digo acercándome a él. –Yo respondo por él. Lo conozco desde hace mucho y sé que no me traicionaría.
-¡Pus claro que no! –Dice Alicia que había estado callada consternada por mi insulto. –El problema es que tú también estés metida en el ajo. ¡Eres una traidora! Deberíamos entregarte a Roberto antes de que nos traigas más problemas.
-Ángel, -digo haciendo un esfuerzo por ignorar a Alicia. –No planeo nada. Solo quiero que lo aceptéis. Quiere dejar a Roberto. –Ante el silencio de Ángel me altero. -¡Vamos! ¡Él fue quien me contó que aquello era una trampa! Ha cargado con una tortura de semanas por ayudarnos, ¿no me crees? –Sigue sin moverse. -¡Mira! –Digo levantando la camisa de Arturo. -¡No le haría esto si no sospechara de él!
-Beth. Comprende que tú le creas pero yo no puedo hacerlo tan fácilmente. Es un enemigo.
-¡Lo ves! No te ibas a salir con la tuya tan fácilmente traidora. –Dice Alicia regodeándose. Cierro los puños y los ojos. Esto va mal, muy mal.
-Necesitarías alguien más para que te respaldara y aún así tendríamos que interrogarlo.
-Yo la respaldo. –Dice Juan entrando por la puerta. Se coloca a mi lado y me sonríe. –Fui testigo, al igual que vosotros, de que sin él ahora todos estaríamos en poder de Roberto, y con cicatrices aún peores que las de él. No podéis ignorar eso.
-Tienen razón cielo. –Dice Inés que está sentada tranquilamente. Ángel la mira inexpresivo. –Nos ayudó, no puedes ignorar ese hecho.
-¡Estáis locos! ¡Os están engañando! ¿Es que no lo veis? –Vuelve Alicia a la carga.
-Alicia, ve a cubrir a Juan a la barra por favor. –Dice Ángel.
-¿Qué? ¡No! Que vuelva él, es su turno. Además, alguien con dos dedos de frente ha de mantenerse aquí. No puedo dejar que cometáis un error tan grande.
-¡Alicia! No era una petición. No me dejas pensar con tus gritos. –Alicia nos mira a todos con odio y tras un largo lapso de silencio sale por la puerta dando un fuerte portazo. Inés y Arturo se ríen con disimulo.
-Creo que deberíamos presentarnos. –Dice Inés levantándose. –Yo soy Inés. –Dice mientras le da la mano a Arturo. –Él es Ángel, mi novio. –Arturo mira a Ángel y hace un pequeño movimiento de cabeza al que Ángel no responde. –Y él es…
-Juan. –Ambos se estrechan la mano. –Encantado, he oído hablar mucho de ti.
-¿Bien o mal? –Contesta Arturo a modo de saludo. Ángel carraspea y les corta.
-No es por interrumpir pero aún queda algo pendiente.
-No hay nada que discutir. –Dice Lerón mientras aparece por el pasillo de su despacho. -¿Desde cuándo no nos fiamos de los amigos de nuestros amigos Ángel?
-No es un cualquiera Lerón.
-Sí ya, era amigo de Roberto pero, ¿no lo eran antes algunos de nuestros miembros también? –Ángel se mantiene en silencio. Lerón se acerca a Arturo y le ofrece la mano. Mientras se la estrecha Lerón lo acerca a él con un tirón. –Pero ten cuidado, si nos traicionas no habrá piedad.
-No lo haré.
-Bien. –Cambia su rostro serio por uno más amigable. –Entonces no hay problema. Juan, ve a darle la noticia a Alicia; pero mantente lejos, no queremos perderte. –Juan se ríe y sale de la cocina. –Beth, Arturo, venid conmigo.
Me acerco a Arturo con una gran sonrisa. Todo está bien, Lerón le ha aceptado, ya no hay problema alguno. Todo saldrá bien. Entramos en el despacho de Lerón y nos sentamos en nuestros respectivos asientos, él en el suyo y nosotros en los de los clientes.
-Arturo era un miembro del grupo de Roberto, nos traerá más de un problema cuando se entere de que ahora está con nosotros así que tenemos que tomar más medidas de seguridad. ¿Qué proponéis?
-Aquí dos porteros en vez de uno en todas las salidas y más miembros en el local por si recibimos alguna visita. En la sede doblar todas las vigilancias y contratar un nuevo sistema de seguridad, el mejor del mercado. Además pienso que los espías deberían llevar más cuidado, y todos los miembros deberían mantenerse a una distancia prudente de los dominios de Roberto; además, en las misiones los grupos mínimos deberían aumentarse a cinco.
-Me parece bien. ¿Y tú Arturo? ¿Qué puedes aconsejarnos? –Arturo me mira. Asiento con la cabeza para indicarle que puede estar tranquilo.
-Roberto no intentará un enfrentamiento en terreno contrario, no vendrá aquí para luchar, en todo caso vendrá para dar un aviso. Vuestra sede no creo que corra mucho peligro, pero puede que si no ve otra forma sí os ataque allí así que doblar la vigilancia está bien. Os convendría un sistema de seguridad con sensores de movimiento ultra sensibles y con detectores de presión para el suelo, todo complementado con cámaras de vigilancia ocultas. Vuestro mayor peligro reside en las exploraciones y misiones. Intentará neutralizaros poco a poco reduciendo vuestros miembros, como ha hecho hasta ahora, pero en mayor medida y más rápido. No contéis con vuestros espías. Roberto conocía a la mayoría, sino a todos. Vigila muy bien a sus miembros, aunque siempre hay alguien que se le escapa. Tras el rapto de Baltazar a torturado a algunos en busca de información y a otros los ha matado directamente. Te alegrará saber que ninguno ha dicho nada antes de que yo me fuera. –Lerón asiente con la cabeza. –Y sobre todo intentará capturarnos a mí y a Beth. A estas horas debe de estar al corriente de todo, me he enterado de que nos ha tenido vigilados a ambos. Sospechaba de mí hacía tiempo. Seguramente al soltarme hoy me haya puesto una vigilancia diferente porque no he logrado darme cuenta de si me seguían o no. Normalmente los descubro siempre.
-Pero, si me ha vigilado… ¿cómo no ha encontrado mi piso? ¿Y por qué no me ha capturado?
-No lo sé.
-Quizás Roberto esté menos interesado en capturarte de lo que quiere mostrar. –Miro a Lerón en silencio. Más preguntas, en cuanto descubro algo lo único que consigo es hacerme más preguntas y no responder ninguna anterior. Siento que nunca desentrañaré la verdad… -Volviendo al tema principal, llevaré a cabo todas vuestras sugerencias. Y para terminar, creo que deberíamos darle alguna ocupación provisional a Arturo mientras conoce todas nuestras instalaciones y nuestro funcionamiento, de lo que tú te encargarás Beth. ¿Te gusta la cocina?
-¿Cocinar? No me desagrada.
-Bien. Serás el nuevo pinche de Ángel. Beth, te encargarás también de encontrar el mejor lugar para Arturo dentro de nuestra organización.
-Por supuesto.
-Pues hemos terminado.
-Bien. –Me levanto y espero a que Arturo haga lo mismo. Cuando se levanta le tiende la mano a Lerón, se la estrechan y luego Arturo me sigue.
Bueno, ahora que está todo solucionado creo que puedo relajarme y atender otros asuntos. El principal de todos es Baltazar, ¡y Nerón! Lo había olvidado.
Me paro en seco, me giro y veo a Arturo girar la cabeza con un gesto de incomprensión característico de los perros, que gracioso.
-¿Puedes ir saliendo tú? Tengo que hablar con Lerón de algunos temas un poco… delicados.
-Claro. Pero no tardes. –Se acerca a mi oído. –No creo que soporte mucho los gritos de esa rubia chillona. –Me da un beso en la mejilla y me rodea para salir por la puerta.
-Parece agradable. –Dice Lerón cuando Arturo ya ha salido.
-Lo es.
-Dime, ¿cuáles son esos temas un poco delicados?
-Verás… -No sé cómo decírselo exactamente. –Mientras esperaba a Arturo en Salamanca, me he topado con un... cazador. Se llama Nerón y dice que te conoce. –La última frase lo digo tan rápido como mis labios me permiten. –Tu gemelo. Quiere verte. –Añado al ver que no dice nada y que ni siquiera levanta la vista del papel.
-Nerón… -Dice al fin. -¿Qué te ha dicho?
-Solo que quiere verte. Me dio esta tarjeta… -Digo mientras la saco del bolsillo de mi pantalón y se la entrego. –Le dije que antes debía hablar contigo y que si accedías a verlo lo llamarías.
-Gracias. Puedes retirarte. –Omg… He tocado un tema sensible… No le culpo, debe ser angustioso tener noticias de un hermano cazador del que no sabías nada desde hacía años, quizás siglos. Me levanto y camino despacio hacia la puerta. –Beth. –Dice justo antes de que abra la puerta.
-¿Sí?
-Baltazar es todo tuyo. Pero creo que deberás interrogarlo antes de nada. Y quizás te serviría para negociar con Roberto si lo mantienes con vida. Pero tú decides, te prometí que sería todo tuyo tras haberlo interrogado. Y después serás libre de irte. -¿Irme? No, no quiero irme. Esto es mi portal a una vida mejor. Desde que me uní a ellos mi vida ha tenido más sentido que la venganza, y me ha dado la oportunidad de volver a estar junto a Arturo. Tengo amigos. Y lo mejor de todo, me gusta esto. No. No voy a irme. Y creo que está claro, ¿para qué habría traído a Arturo si pensara irme pronto?
-No pienso irme, al menos no de momento.
-Me alegro.
-No pareces sorprendido. –Digo volviendo a mirarlo, el está mirando la tarjeta. Se encoge de hombros.
-Supongo que tenía la esperanza de que te quedaras un poco más. –Dice levantando la vista un momento. –Ve con Arturo. Puede que te necesite.
-Sí.
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