lunes, 7 de marzo de 2011

Capítulo 15. "Roberto".

Arturo aprieta mi mano.
-Tranquila, no te va a pasar nada. Estoy aquí. –Ahora mismo estoy más preocupada por él que por mí. Está muy tenso, demasiado. Su lazo… Miro instintivamente a Roberto. Sus ojos verde almendra me miran también, como si supiera que en ese preciso instante iba a mirarle. ¿Qué haces aquí Roberto? ¿Qué es lo que quieres?
-Beth, mantente detrás. –Me dice Lerón poniéndose delante de mí junto con Ángel, Inés y algunos otros.
-No. –Me suelto de Arturo y me pongo junto a Lerón echando a Ángel a un lado. –El único que ha de mantenerse detrás es Arturo.
-¡No! Ahí no estás segura. –Me doi la vuelta y me abrazo a él para susurrarle al oído.
-Sé lo que te cuesta por el lazo Arturo. Debí darme cuenta antes, lo siento. –Le acaricio la mejilla. –Mantente aquí, al margen. No me va a pasar nada, tú mismo lo has dicho. Aquí no. –Le bso tiernamente la mejilla. –Confía en mí.
Vuelvo a girarme y suspiro.
-Beth… -Alzo la mano para que pare. No me interesa lo que me tenga que decir porque no voy a cambiar de opinión. Nadie me arrebatará la oportunidad de hablar con él cara a cara. Miro de reojo a julio, me está observando pero al menos no se ha movido, no me gustaría que lo relacionasen conmigo y lo metieran en problemas. –Muy bien, todos sabéis qué hacer en caso de problemas. No dudéis ni un instante.
Me centro en él. Viene tranquilo, saboreando cada paso que da. Nuestras miradas vuelven a encontrarse, y él sonríe. Detrás de él vienen seis vampiros, pocos para un enfrentamiento pero suficientes para garantizarle una huida limpia. El nunca luchará, jamás.
Se para a unos pasos de mí y recorre con la vista a todos. Se para unos segundos en Arturo y después se fija en mí. En su cara aparece una media sonrisa.
-Elisabeth. Cuánto tiempo. Has crecido mucho, te has convertido en una gran vampira. Lo que hiciste en “Noche Oscura” fue digno de admirar.
-¿Qué quieres Roberto? –Le corta Lerón.
-¡Lerón! Viejo amigo. –Dice aún sin mirarlo. –Hace mucho que tú y yo no mantenemos una conversación amigable.
-Y mucho más que pasará. ¿Qué quieres? –Repite con una voz dura.
-Solo, venía a hablar de lo ocurrido entre… -mira a Arturo. Obviamente solo está interesado en él, -Elisabeth y yo. –Gira rápidamente hacia mí. Esto es una gran sorpresa. Me ha hecho creer que no iba conmigo para que bajara la guardia. Arturo pone una mano al final de mi espalda, está tan tenso… Debe estar destrozándose la mandíbula.
-Entre nosotros no ha pasado absolutamente nada.
-Oh, no seas injusta. Sí que ha pasado. Primero, me abandonas, ¡a mí! Que te lo había dado todo. Y después comienzas a matar a mis subordinados. Eso no es así Elisabeth, pero bueno. Ya está olvidado. –Hace una pequeña pausa. –Pero cuando ya lo había olvidado todo vas y me arrebatas a dos de mis mejores y más leales siervos. –Espera una reacción por parte de mí que sin embargo llega desde detrás. Es Arturo, ha gruñido. –Sí, sí. Ya veo que tú estás aquí, atraído por las delicias de quién sabe qué. Pero, ¿y Baltazar? A él lo has traído en contra de su voluntad. No me parece justo Elisabeth, he tenido que convertir a un numeroso grupo de jóvenes para sustituirlo.
Me río, no puedo evitarlo. Sus últimas palabras han sido tan falsas…
-Jamás te has preocupado por tus siervos Roberto. A mí o me engañas.
-Querida, cuán equivocada estás. –Hace una larga pausa. –Hay alguien por quien siempre me he preocupado. –Da un paso hacia mí haciendo que todos se pongan en guardia. –Tú.
Alza la mano para tocar mi cara pero tres manos se la detienen al vuelo. Ángel por mi izquierda, Lerón por la derecha y Arturo desde detrás. Los vampiros de Roberto reaccionan enseguida y se adelantan para proteger a su jefe pero Roberto alza la otra mano indicando que todo está bien para que no hagan nada. Después mira a Lerón y hace una seña con la mano para indicar su rendición y cuando se lo permiten baja la mano.
-No te atrevas a tocarla. –Dice Lerón.
-Jamás. –Más que una palabra, Arturo ha emitido un gruñido.
-¡Arturo! Nunca pensé que acabarías aquí. Debes de estar muriendo por dentro ¿no es así? Nuestro lazo es demasiado fuerte para que estés intacto. Pero me alegro de eso porque quiere decir que, por fin, piensas por ti mismo. Sin duda no es todo debido a tu esfuerzo, creo… que he de darle la enhorabuena a Elisabeth. Esto es sin duda culpa tuya… -Arturo empuja un poco hacia delante. Con un leve movimiento lo mantengo ahí. Lo miro a los ojos.
-Resiste, por favor. –Me vuelvo de nuevo hacia Roberto y doy un paso hacia delante quedando prácticamente pegada a él. Di la verdad Roberto. Déjate de rodeos y dinos por qué estás aquí. –Me mira y sonríe.
-No te puedo ocultar nada eh, preciosa. –Gruño ante su tono. –Solo venía a avisaros. Os habéis pasado de la raya secuestrando a un aliado mío. Hasta ahora os había permitido existir, ¡como si me importaran un grupo de ineptos que trata de destruirme! Aquí el único peligro… eres tú. –Dice bajando la mirada hacia mí, después vuelve a mirar a Lerón. –Vuestros días llegan a su fin. Yo que vosotros tendría mucho cuidado a partir de hoy. Se han acabado los días para vuestra organización.
-Eso, ya lo veremos. –Le contesta él desafiante.
-Sí, y lo estoy deseando. En cuanto a ti preciosa, -vuelve a alzar la mano para intentar tocarme pero esta vez soy yo quien lo detiene. Sonríe, me hace girar sobre mí misma sujetando mi brazo y acaba inmovilizándome con un brazo sobre mi pecho. Alzo la mano para detener a los demás que ya estaban moviéndose hacia nosotros. Se paran en mitad del movimiento.
Roberto ahoga una risa, después, con la mano libre me aparta el pelo del cuello y respira hondo.
-Siempre he adorado tu aroma. –No muevo un músculo. Cierro los ojos y espero. Noto el roce de sus dedos sobre mi cuello. Qué asco. –Y siempre he deseado tu sangre. –Sin ni siquiera abrir los ojos se que alguien a debido detener a Arturo para que no se lance contra Roberto. Abro los ojos y lo confirmo. Inés esta justo delante de él con sus manos en el pecho de Arturo. Intentando calmarlo. –Algún día… -Me suelta y me aparto de allí rápidamente, quizás demasiado rápido. Pero no me importa que me vea algún humano. Clavo mis ojos en los suyos. Arturo entrelaza de nuevo sus dedos con los míos y Lerón, Ángel, Inés y Juan se colocan delante formando un escudo. –Falta poco Elisabeth, muy poco.
Y con esas palabras se da la vuelta y sale del bar sin ni siquiera volver la vista atrás una vez. Cuando la puerta se cierra tras ellos todo el mundo se relaja. Arturo tira de mi brazo atrayéndome hacia él y me envuelve en un abrazo.  Me besa la cabeza y suspira.
-Juan, ve a comprobar con algunos si Beil está bien. Alicia, tú llévate a otro grupo y comprueba las entradas traseras. –Ni siquiera me había percatado de que Alicia estuviera aquí. –Los demás volved a vuestros trabajos excepto dos o tres. Permaneced por aquí. Nunca se sabe qué puede planear Roberto.
Todos comienzan a dispersarse pero nosotros nos mantenemos aquí. Él continúa abrazándome, se le nota realmente aliviado.
¿Qué ha querido decir Roberto con esas palabras? “Falta poco Elisabeth, muy poco.”
-Lo siento mucho Beth. Es todo culpa mía.
-No. –Me deshago de su abrazo. –Nada es culpa tuya. Vamos. –Le agarro de la mano y tiro de él.
-¿A dónde?
-A hacer algo que ya debía haber hecho. –Cuando voy a entrar en la cocina recuerdo algo. Más bien a alguien. –Espérame aquí. –Sin dar tiempo a replicas ando hasta el privado. Julio me espera nervioso.
-Elisabeth. ¿Qué ha sido eso? Yo…
-Shh. Se acabó Julio. No más juegos ni rodeos. Aléjate de mí. –Y de nuevo me alejo sin dar tiempo a excusas. Me acerco a Lerón. –Lerón. Me voy a la sede. ¿Estás seguro de que no quieres nada más de Baltazar? –Inclina la cabeza lentamente y no dice nada más.
Llegó la hora de obtener respuestas.