viernes, 8 de octubre de 2010

Capítulo 14. "Julio".

Salgo del despacho de Lerón y al llegar a la cocina me encuentro una gran sorpresa. Arturo ha hecho buenas migas con Ángel e Inés y están riendo mientras cocinan. En este momento Arturo está picando un tomate; y por lo que veo en la mesa ha picado también cebollas, pimientos y ajos; y Ángel trocea una pieza de magro de cerdo. Inés está en el mismo lugar de antes charlando con ellos pero sin ayudar, hoy es su día libre.
-Veo que no necesitas mi ayuda para aclimatarte. –Digo acercándome a Arturo y observando mejor su trabajo. Ha cortado todo en perfectos e iguales trozos cuadrados.
-No era tan difícil.
-Ahí fuera puede que sí te necesite. –Comenta Ángel sonriendo, hay que ver como ha cambiado su opinión desde hace un momento. -Alicia ha montado un escándalo mientras estabais dentro y cuando lo vio salir directamente se fue a la barra. Juan debe de tener la cabeza a punto de explotar.
-Menos mal que en mi turno suele irse siempre, no me gustaría tener que lidiar con ella en la barra.
-¿Cuál es tu turno? –Me pregunta Arturo mientras reúne todos los trozos de tomate que ha cortado y coge otro para trocearlo igualmente.
-Noche.  Pero puede variar. ¿Qué hacéis?
-Carne en salsa.
-¿Os corre mucha prisa?
-No. –Dice ángel mientras coge lo que ha troceado Arturo y lo echa en una sartén para comenzar a dorarlo.
-Bien. ¿Arturo puedes venir un momento?
-Claro. –Termina de picar el tomate y suelta el cuchillo. Nos alejamos un poco de Inés y Ángel.
-Sabías que te vigilaban y no me has dicho nada. ¿Qué más me ocultas? –Arturo mantiene la cara inexpresiva. –Acabo de traerte aquí, les he dicho que me fío de ti. La que se juega el cuello soy yo y sin embargo no eres capaz de ser totalmente sincero conmigo. Dime Arturo, ¿qué más me ocultas?
-Beth, no es que quisiera ocultártelo, es que no quería romper la magia del momento.
-Arturo. Te lo pregunto por última vez. –Digo realmente cabreada. -¿Me ocultas algo más?
-Roberto no quiere capturarte. –Dice tras suspirar. –Un día mientras le espiaba le oí dar una orden a un grupo de que te atacaran, pero les dijo que no te mataran ni capturasen. Según comentó con otro vampiro, quiere mantenerte activa, siempre en movimiento y en combate para que desarrolles “tus habilidades especiales”. Eso es todo.
-¿Por qué no me lo has dicho antes?
-No… no lo sé. Sentía que tenía que contarte la verdad, pero no pude decírtela toda.
-Arturo. Si yo no puedo confiar totalmente en ti, ¿Cómo puedo esperar que lo hagan ellos? –Al menos esta conversación la estamos manteniendo en un tono tan bajo que los demás no nos escuchan.
-Beth. Yo no quiero fallarte. Es que no puedo. –Hace hincapié en las últimas palabras. –Algo en mí me lo impide, lo mismo que me pide a gritos que vuelva con Roberto.
-Tu vínculo… -Digo en un susurro. Claro, el vínculo puede estar manipulándolo, pero, ¿por qué antes no lo alteraba tanto?
-No creo que sea eso Beth. –Dice él totalmente despreocupado. –Si fuera eso podría deshacerme de él en un segundo. He de volver con Ángel, no quiero causar una mala impresión en mi primer día. –Me da un beso en la frente y vuelve a la mesa. Yo me quedo mirando al suelo.
No se mucho sobre el vínculo, pero sí se que puede llegar a ser irrompible para algunos vampiros. ¿Y si Roberto lo manipulara con él? Entonces, Arturo podría estar aquí para darle información. ¿Y si al traerlo aquí he condenado a todos? Lo miro. No, él es fuerte. Es mucho más fuerte que un vínculo. Ha acudido a mí porque él ha querido…
-Beth. –Miro sorprendida a todos lados hasta que veo a Juan en la puerta. -¿Podrías apoyarme en la barra? Alicia se ha ido toda desquiciada de que ha visto a Arturo ayudando y mi hermano ha tenido que ir a calmarla.
-Eh… claro. –Arturo me sonríe desde la mesa mientras camino hacia la puerta. Al llegar me paro un momento aún consternada.
-Beth… ¿Estás bien? –Me pregunta Juan.
-Sí. –Salgo y lo sigo hasta la barra. Una vez estoy situada en mi lugar de siempre vuelvo a darle vueltas a todo hasta que Juan vuelve a llamarme la atención. Dos jóvenes estaban esperando a que los atendiera. –Perdón, ¿Qué queréis?
-Una Shandy, una Fanta de limón y una jarra. –Agacho la cabeza y abro la nevera que tengo delante para sacar los dos botellines que me han pedido. Después saco un vaso, le hecho hielo y les sirvo la jarra. –Tres con ochenta. –Les digo una vez les he servido todo.
-Sabes, la rubia de antes era muy antipática. Tú pareces más sociable. –Dice el chico de la derecha sonriendo tanto como puede.
-Gracias.
-Si quieres, de que termines tu turno puedes unirte a nosotros. –Dice señalando con la cabeza al grupo más grande de toda la cafetería.
-Gracias por la oferta. –El otro muchacho vierte la Fanta en el vaso sin querer mirarme. Parece avergonzado.
-¿Puedo tomarlo como un sí? –Lo miro en silencio sonriendo levemente, ahora su amigo tiene cara de querer irse lo antes posible.
-No. –Digo secamente provocando una carcajada a su amigo.
-Como quieras. –Dice malhumorado mientras saca un billete de cinco euros del bolsillo. Voy a la caja y saco la vuelta para dársela. –Pero no sabes lo que te pierdes. –Coge la jarra y se va dando grandes zancadas.
-Perdónalo, está amargado.
-Yo creo que más bien lo ha amargado ella. –Dice Juan al pasar por detrás de mí en busca de hielo. –Dile que no se lo tome a mal. La chica está ocupada.
-No importa, se le pasará en un rato. –Coge el vaso y el botellín. –Hasta luego. –Dice sonriendo.
-Adiós. –Sonrío para no parecer muy seca. Cuando llega a su grupo lo veo hablar animadamente con varios chicos. Él sí me ha caído bien.
-¿En qué pensabas antes?
-En nada. –Digo mientras recojo el botellín vacío. Él se apoya a mi lado en la barra de espaldas a la sala.
-Parece buen chico.
-¿Quién?
-Tu novio.
-No es mi novio.
-Entonces, ¿qué sois? ¿Amigos con derecho a roce?
-No, no sé. Es complicado.
-No lo habéis hablado ¿eh? Bueno, supongo que ahora tendréis más tiempo. –Mira por la ventana de la cocina. –Es trabajador.
-Sí. Lo que hace lo hace bien, o no lo hace.
-Buena filosofía.
-Oye, ¿tú que sabes del vínculo?
-¿El vínculo creador convertido?
-Sí.
-Poco. El creador se convierte en algo así como… el dios del convertido. ¿Por?
-¿Por qué en ti y en mí no es fuerte?
-No lo sé. Eso pregúntaselo a Lerón que sabe mucho de estas cosas. –Gira la cabeza para mirar a alguien. –Atiéndele tú. –Se endereza y pasa por detrás de mí para volver a su zona de la barra. Sin mirar al cliente voy cogiendo mis pinzas para el hielo.
-¿Qué quieres? –Al alzar la cabeza me llevo una gran sorpresa. -¡Julio!
-Hola Eli, que alegría aún te acuerdas de mi nombre.
-Sí. ¿Qué haces aquí?
-Bueno, esto es una cafetería ¿no? Yo creo que no hay muchas opciones.
-Sí, claro. –Sonrío, haciendo que él aumente la suya. -¿Qué te sirvo?
-Una Coca-cola. ¿y cómo es que trabajas aquí?
-Pues fácil, -digo mientras echo hielo en el vaso, -vi la vacante y pedí el trabajo.
-¿No eres joven para trabajar aquí? –Me río.
-¡Tengo diecinueve años! Creo que soy lo bastante mayorcita.
-¿Diecinueve? No me lo creo.
-¿Cuántos me echas?
-Dieciséis a lo sumo. –Me río de nuevo. En parte tiene razón.
-Me lo tomaré como un cumplido. –Le abro el botellón y se lo coloco junto al vaso. Es increíble lo bien que me siento hablando con él. Saca un euro cincuenta y me los da.
-Quédate la vuelta. –Meto el dinero en la caja y me quedo mirándolo. Ahora parece un poco nervioso.
-Oye, el otro día… en el parque. Fue increíble como luchaste con aquel tío. Increíble y un poco extraño…
-Ya…
-¿Haces judo o algo así?
-No, aprendí sola.
-Pues vaya… como para meterse contigo. –Se hace el silencio. Cuando se acercan nuevos clientes él aprovecha para verter la Coca-cola en su vaso. -¿Crees… que podríamos charlar un rato cuando termines tu turno?
-Verás, es que también tengo que hacer el de noche y no creo que quieras esperar hasta las ocho de la mañana.
-Oh… Entiendo.
-Vamos mujer, no seas así. –Dice Juan parándose a nuestro lado. –Ve a charlar con él a una mesa y os tomáis algo. Que te quedan muchas horas por delante. –Ni que me fuera a cansar. ¿Qué trama? -¡Venga! No seas tan seca que ya has amargado a un pobre muchacho, no amargues a otro. –Lo miro con cara seria. Cuando vuelva él y yo vamos a tener una larga charla. Salgo de la barra y sigo a Julio.
-¿Prefieres una mesa o un privado? –Me pregunta.
-Me da igual.
-Pues vamos al privado, me hace ilusión, parecen muy cómodos. –Sonrío a su comentario. Nos sentamos uno enfrente del otro.
-Bueno, ¿y de qué quieres hablar?
-No sé. Conocernos.
-No sé si te convendría… -Pone una cara extraña. –Olvídalo, era broma. –Sonríe.
-Menos mal, ya pensaba que me iba a dar una paliza tu novio.
-No tengo.
-¿No? –Dice iluminándosele la cara, quizás debería haber omitido ese comentario. ¿Le gustaré? Es muy posible… -Que extraño, con lo guapa que eres.
-Sí, bueno. Algo malo tendré. –Digo sonriendo incómoda.
-¿No vas a tomar nada?
-No, no me apetece.
-Bueno, cuéntame. ¿Solo trabajas aquí? Quiero decir, ¿no estudias? –Niego con la cabeza.
-Am, yo estudio mecánica a la vez que trabajo en el taller de mi padre.
-Trabajo familiar.
-Sí. Es cómodo, siempre tienes el puesto de reserva. Yo voy a intentar montar un taller por mi cuenta, para tunear coches. Si me sale mal siempre puedo volver. –Sonrío. -¿Y qué tal es este trabajo?
-Está bien, y el sueldo es bastante bueno. –Una nimiedad comparado con mi sueldo de la organización, me pregunto de dónde sacarán el dinero para pagarnos a todos tales cantidades…
-Eh… -Otra vez se ha puesto nervioso. –No es por parecer quejica pero… aquella noche en la discoteca… Bueno, ¿qué pasó? –Baja la mirada para evitar cruzarla con la mía.
-Aquello… -¿Qué le digo? No quiero hacerle daño, pero tampoco quiero hacerle ilusiones. Se establece el silencio. Miro a Juan en la barra que atiende a unos clientes, ahora que me fijo la cafetería se ha ido llenando. Cuando observo la sala me detengo en el grupo de amigos de Julio. Una chica morena me estaba mirando pero al cruzar las miradas ella desvía la suya. Comenta algo con una muchacha que me mira disimuladamente.
-¿Eli? –Vuelvo a mirarlo, está sonrojado. –Creo que mejor dejamos el tema.
-No pasa nada, tranquilo. Mira, -me echo hacia delante, -yo, no soy adecuada para ti. Es mejor que ni siquiera tengamos trato. Es complicado de explicar pero no quiero que te veas envuelto. –Creo que ahora mismo está deseando que se lo trague la tierra.
-Bueno. Eso lo decido yo. ¿No crees? –La respuesta me pilla por sorpresa.
-Pues… bueno, si quieres arriesgarte.
-Me parece que vale la pena. –Me mira directamente a los ojos. ¿Qué me pasa? Siempre me he deshecho fácilmente de chicos como él, incluso de alguna chica en ciertas ocasiones. Él es distinto, parece que no se dará por vencido nunca. –Elisabeth yo…
-Beth… tenemos problemas. –La voz me llega desde la barra. Es Juan, está mirando hacia la puerta. Sigo su mirada y me encuentro con alguien que jamás esperaría ver aquí. Esto no puede ser bueno.
-¿Eli? –Me pregunta Julio, me había seguido hablando pero no me había dado cuenta.
-Julio, quédate aquí y no salgas,  espérame ¿de acuerdo?
-Por supuesto pero, ¿qué pasa?
-Nada importante. Ahora vengo. No salgas de aquí por nada.
-Vale. –Lo dejo preocupado, pero así mejor. Si no se mueve quizás no lo vea y así no corra peligro. Si lo ven conmigo quizás intenten utilizarlo contra mí. Salgo del privado y sin perderlos de vista me acerco hasta la barra. Ellos no se han movido, lo están observando todo.
-Juan…
-Sí, voy a avisarlos. –Se da la vuelta y avisa a los demás por la ventana de la cocina. En unos segundos todos salen por la puerta de la cocina y se colocan junto a mí delante de la barra, incluido Juan. Lerón se coloca a mi lado izquierdo y Arturo al derecho. Me sujeta la mano con fuerza.
-Tranquila, estoy aquí.

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-Eh… -Bueno, creo que es ahora o nunca, debería comenzar a abordar el tema como pueda. –No es por parecer quejica pero… aquella noche en la discoteca… Bueno, ¿qué pasó? –Bajo la mirada para evitar cruzarla con la suya, me da miedo su reacción. ¿Y si no le importa? ¡Dios! Qué difícil.
-Aquello… -De repente se calla. ¿No sabe qué decir? Subo la cabeza ligeramente hasta poder verla. Está mirando la sala. Tiene un perfil perfecto, es tan hermosa… si consiguiera… Puff… Mejor dejo de imaginármelo y se lo digo. Como dice Mery, “el no ya lo tengo”.  
-¿Eli? –Vuelve a mirarme. No puedo. No puedo decírselo. Es tan especial y perfecta… No está hecha para mí… –Creo que mejor dejamos el tema. –Pero, ¿qué digo? Nunca me he rendido tan pronto con una chica.
-No pasa nada, tranquilo. Mira, -se acerca más a la mesa, -yo, no soy adecuada para ti. Es mejor que ni siquiera tengamos trato. Es complicado de explicar pero no quiero que te veas envuelto. -¡Tierra trágame! Esto es un rechazo alto y claro. Pero no quiero rendirme aún.
-Bueno. Eso lo decido yo. ¿No crees?  
-Pues… bueno, si quieres arriesgarte. –Me dice mientras vuelve a relajarse en su asiento. Quizás no esté tan interesada en rechazarme…
-Me parece que vale la pena. –Le miro directamente a los ojos. Bueno, se lo voy a decir y punto. Ya no hay vuelta atrás. –Elisabeth yo… bueno, tú me gustas, -digo mientras voy bajando la cabeza, -mucho. Y me preguntaba si querrías… ¿Eli? –Ha vuelto a mirar hacia la sala y no parece oírme.
-Julio, quédate aquí y no salgas,  espérame ¿de acuerdo?
-Por supuesto pero, ¿qué pasa? -¿La he espantado? No, ni siquiera me ha respondido a lo que le he dicho, creo que se ha distraído con algo y no me ha escuchado.
-Nada importante. Ahora vengo. No salgas de aquí por nada. –Que extraña es…
-Vale. –Sale del privado y se acerca hasta la barra. Intercambia unas palabras con el camarero y acto seguido otros muchos trabajadores salen por la puerta de la cocina y se colocan junto a ella delante de la barra, el que se sitúa a su derecha le coge de la mano mientras todos miran preocupados a alguien. ¿Quién es ese? Me ha dicho que no tenía novio, pero ese no parece hermano suyo. Además, ¡es muy viejo! No. Tiene que ser un amigo o un familiar, pero ¿qué será tan importante como para que salgan todos y él le coja así de la mano? Parece protector…
Otro grupo numeroso de hombres se coloca frente a ellos, el hombre que habla con Beth parece el jefe. Y la conversación no parece agradable. ¿Qué pasa? Elisabeth, ¿en qué andas metida? ¿Es a esto a lo que te referías antes?