Es jueves. El segundo jueves desde que dejé la nota para Arturo. La semana pasada no se presentó, estuve toda la noche y me fui al amanecer, decepcionada. Hoy siento que va a ocurrir algo, estoy nerviosa.
Ángel y Lerón me han regalado un coche, el cual me viene muy bien para trasladarme hasta Salamanca, es un Aston Martin modelo “One-77” de color verde plata y con todos los cristales tintados, precioso pero demasiado llamativo para mi gusto. Es una edición especial, cuesta alrededor de un millón de euros y solo existen setenta y siete ejemplares, dos de los cuales están aquí en Plasencia: el mío y el de Lerón. He intentado rechazárselo, pero me ha resultado imposible. También me han regalado un teléfono móvil táctil, un Nokia 5800 Xpressmusic, otro lujo más. Según me han dicho es el mejor del mercado y tiene una gran cantidad de extras y posibilidades, que no creo que use.
Y además me han contratado como camarera en su cafetería, el sueldo envuelve el pago por mi trabajo como socia también, lo que lo hace muy elevado. Creo que lo han hecho para darme una razón más para quedarme con ellos, quizás hayan notado que estoy cómoda aquí. Me estoy planteando seriamente el quedarme. Hasta ahora solo he existido para una cosa: la venganza. No he vivido, he estado apartada del mundo tanto humano como vampírico. No he tenido amigos, no he pertenecido a ningún lugar. Me he sentido viva al colaborar con ellos, al preocuparme por alguien más. He vuelto a reír y a conocer gente, a interesarme por disfrutar de mi inmortalidad.
Ya no soy una solitaria, y no quiero volver a serlo. Y… quizás, solo quizás, logre que Arturo deje a Roberto y se una a nosotros, con ellos también obtendría lujo y no tendríamos más problemas con nuestros encuentros… hay que ver lo rápido que puede cambiar todo… hace unos días le decía que me olvidara, y hoy sueño con que vuelva a mi lado…
Bueno, lo primero es asegurarme de que está a salvo. Me monto en mi coche nuevo y conduzco hasta Salamanca. Espero tener suerte esta noche… deseo que aparezca. ¿Cuántos jueves he de esperar hasta encararme con Roberto? Puede que ni siquiera le haya hecho daño, puede que lo estén vigilando y por eso no acuda a mi encuentro. Bueno, puestos a suponer, puede no haber ido a mi casa, puede que aunque haya ido no haya encontrado la nota (cosa que creo imposible, seguiría mi rastro hasta la habitación y vería el joyero, y una vez que lo vea encontrará la nota), puede que Roberto lo haya encerrado, puede que lo esté torturando en este mismo momento… Cierro fuertemente los ojos ante el dolor que me causa pensar en eso.
Debo ser optimista y dejar de montarme paranoias, todo llegará. Un jueves cualquiera, el que menos me lo espere, Arturo acudirá a nuestra cita y mi tormento habrá terminado. Y cuando lo haga podré encargarme de lo último que me falta para ser totalmente libre: Roberto. Baltazar ya no me preocupa, está encerrado en un sótano de la nueva sede del que no puede escapar. Aún no lo he podido ver. Lerón teme que cuando lo tenga enfrente no pueda resistirme y lo mate, y no ayudó mucho mi primer comentario al respecto: “No me hago responsable de lo que haga cuando lo tenga enfrente”. Así que lo interrogarán primero y después será todo mío, y según parece aún no ha cantado nada…
Llego a Salamanca antes de que anochezca y aparco mi coche cerca de la Plaza Mayor. Para hacer tiempo iré caminando tranquilamente. Al llegar a la plaza me encuentro con diferentes grupos de espectáculos ambulantes: malabaristas, pintores, estatuas vivientes… No se parece en nada a aquella noche… pequeños flases aparecen en mi cabeza. Recuerdos que nunca olvidaré… pero hoy recuerdo algo más… alguien nos miraba.
Mientras Baltazar me seguía oculto en las sombras esperando que terminara de cruzar la plaza… me di cuenta de que algo no iba bien, y asustada me di la vuelta. Primero caminé cautelosa pero cuando noté que salía de la oscuridad corrí cuanto pude, me dirigí hacia la parte contraria sin darme cuenta de que iba directa a un callejón sin salida, literalmente. Me pare al llegar a la entrada, él ya estaba ahí, sonriendo. Sus ojos no eran normales, o al menos no me lo parecieron en ese momento, su iris era completamente rojo.
El miedo me invadía, pero sabía que no podía estarme quieta, ese hombre me acabaría atrapando si lo hacía. Di dos pasos hacia detrás, tratando de que no se diera cuenta y me volví para volver a correr. Pero él estaba ahí de nuevo. Me impedía el paso. Me resultó incomprensible que se moviera tan rápido y miré hacia detrás, no estaba allí. Cerré los ojos esperando que ocurriera algo, pero no sentí nada. Abrí los ojos, estaba sola, aparentemente. Estaba haciendo de aquello un juego. Sabiendo que seguía entre las sombras pensé en mis posibilidades, teniendo en cuenta lo rápido que era, la huída no era una opción para mí, pensé que lo mejor era esconderme. ¿Y qué sitio mejor que aquel oscuro callejón?
Corrí hacia el callejón y cuando entré en la oscuridad corrí hacia un lado, me apoyé contra la pared intentando amoldarme a ella, ¿por qué habría decidido salir? Seguí caminando muy despacio hacia el fondo del callejón. Entonces lo toqué. Estaba a mi lado. Sabía perfectamente donde estaba. Rió. Cuando intenté correr hacia delante alzó su brazo, tapó mi boca para evitar mi grito y me atrajo hacia él…
Su piel estaba muy fría al tacto. Respiró fuertemente el olor de mi pelo, mientras, con la otra mano comenzó a apartarme el pelo del cuello. Lo único que pensé fue que iba a violarme… pero me equivoqué.
-Delicioso… hueles como ninguna otra… -Pensé que estaba enfermo. –Es un placer hacer esto… -me dijo a la vez que acercaba su boca a mi cuello. Enseguida note la amenaza, no me iba a violar, me iba a hacer algo peor. Mucho peor.
Noté sus colmillos presionar mi cuello… me rompieron la piel y él me apretó aún más fuerte, me hacía daño. Noté como mi sangre me abandonaba para satisfacer a aquel monstruo, ya sabía lo que era. Era un vampiro. Había oído historias sobre ellos. Y uno chupaba mi sangre entonces. Cada vez me sentía más débil.
Cuando pensaba que me dejaría seca… mi sangre comenzó a entrar en mi cuerpo de nuevo, pero iba acompañada de algo más, algo doloroso que pertenecía al vampiro. Cuando hubo restaurado toda mi sangre, el vampiro me soltó dejándome caer. Me di un golpe contra el suelo, pero pude mantenerme despierta lo suficiente como para ver algo que nunca hasta ahora había recordado.
El vampiro camino lentamente hacia la plaza… y allí… se reunió con otro hombre, quizás fuera también otro vampiro. Aquel me miraba fijamente. Cuando mi agresor llegó a su lado no pude más y me desmayé.
Este recuerdo me provoca una sensación de aturdimiento que nunca he experimentado desde que me convirtió… ¿Quién era aquel hombre? ¿Por qué no me ayudó? Debía de ser un amigo de Baltazar. Es una pena que no pudiera distinguir su cara… esto lo solucionaré más tarde.
Ahora camino hasta el callejón donde debo encontrarme con Arturo. Me siento en una caja oculta en las sombras y cierro los ojos.
Pasan las horas, y Arturo no aparece. Pasa la noche, y Arturo tampoco ha aparecido. El sol me deslumbra. Arturo ya no vendrá esta noche. Me levanto apenada y vuelvo a mi coche. Cuando llego encuentro a un joven intentando abrir la cerradura. Me acerco y le doy dos golpecitos en la espalda.
-¿Qué? ¿Se te han perdido las llaves?
-Eh… Sí. Las perdí anoche.
-¿No serán estas por casualidad? –Digo sacando las llaves de mi bolsillo.
-… -Contiene el aire. Duda entre irse o robarme las llaves, lo sé. Le cojo de un brazo y lo inmovilizo intentando no excederme con mi fuerza, así no tendrá que esforzar su mente.
-Con que robando ¿eh? Eso está penalizado por la ley, así que si no quieres que llame a la policía lárgate y no vuelvas a acercarte a mi coche. ¿Lo has captado?
-Sí, sí, sí. –Le suelto y él sale corriendo. Mejor así. Entro en mi coche y apoyo la cabeza en el respaldo, tengo ganas de romper algo, menos mal que he dejado escapar a ese ladrón. Arranco el coche sin abrir los ojos, oír el sonido del motor me relaja un poco. Cuando voy a dar marcha atrás un todoterreno me tapa la salida. Miro por el espejo retrovisor y veo que se baja un hombre, pero no es un hombre cualquiera: es un cazador. Me deslizo fuera del coche, normalmente me iría (tengo salida por delante) pero tengo ganas de pelear. Cuando lo tengo enfrente su físico me sorprende: es idéntico a Lerón, excepto porque este hombre es un cazador y no tiene la extrema belleza de Lerón, sin embargo también es muy bello, gracias a él puedo tener una idea de cómo sería Lerón cuando era humano. ¿Serán familia? Sería tremendamente improbable… son polos opuestos.
Los cazadores son “humanos” dotados de casi los mismos dones que un vampiro, aunque a ellos no les afecta ni la luz del sol ni el mercurio. Un cazador, a diferencia de un vampiro, elige serlo; no tiene más que mezclar su sangre humana con la sangre de un vampiro. Se dedican a matar a los vampiros indiscriminadamente (a los que pueden). Por supuesto, no hay muchos puesto que para un humano cazar un vampiro es algo más que casi imposible, y además, lo necesitan vivo (la sangre de un vampiro muerto no dura más que unas horas, se la inyecten en su cuerpo o no).
El clon de Lerón se para a unos dos metros de mí, analizándome. Le gano en fuerza, velocidad, y reflejos (a pesar de que el sol me afecta), y él tendrá objetos como cadenas, pistolas, lanzaredes… creo que podría ser una lucha equilibrada. Y de paso puedo intentar averiguar algo sobre su gran parecido a Lerón.
-¿Quién eres?
-Un cazador, pensaba que tenías suficientes años para saberlo.
-No me refería a eso. –Entrecierra los ojos.
-¿No huyes?
-No.
-Tremendo error. –Acto seguido me lanza una red con un lanzaredes. La esquivo saltando al capó de mi coche.
-¿Quién eres? –Repito.
-No te interesa. –Me lanza otra red, está dando por hecho que me capturará sin esfuerzo.
-Creo que si estás tratando de matarme sí me interesa. –Salto al capó de su coche y me bajo por el lado contrario a donde está él. Me agacho rápidamente y rajo sus ruedas. Él aparece detrás de mí e intenta enredarme con un cable de mercurio. Me agacho y me deslizo por debajo de sus piernas, cuando estoy detrás salto apoyándome en su coche para acabar delante de él.
-Eres mejor de lo que creía. Supongo que te mereces conocer mi nombre: me llamo Nerón.
-Nerón… yo tengo un amigo que se parece mucho a ti. Lerón.
-¡Lerón! ¿Lo conoces? –Se para en seco. Sin duda, lo conoce. -¿Está aquí?
-Mmm… -Digo saboreando su interés. De repente, mi ira se ha desvanecido. Quiero saber qué relación tiene con Lerón. –Creo… que eso no es de tu incumbencia.
-¡Dímelo! –Se lanza contra mí descontrolado, esta vez sin intentar usar sus artilugios. Me muevo para esquivarlo, la siguiente vez que se lanza contra mí me agacho y le doy una patada en las piernas provocando su caída. Me siento encima de él inmovilizándolo. La adrenalina de vencerle no es ni incomparable a la de vencer a otro vampiro igual que yo. ¿Se parecerá a la de vencer a un vampiro antiguo?
-Me pregunto que sentiría si bebiera tu sangre… -Le susurro al oído mientras le enseño mis colmillos. No pienso tomar nada de su sangre, si no pruebo la de un humano, menos la de un cazador.
-No, por favor. No.
-Pff. ¿Y tú te consideras un cazador? –Me levanto y me apoyo en mi coche cruzándome de brazos. –Esperaba algo más divertido. –Ya no me preocupa lo más mínimo. No sé si es porque no está en forma o no tiene ganas de seguir viviendo, pero de los tres cazadores que me he encontrado en mi vida este es el peor.
-No te hagas ilusiones, es que te necesito. –Arqueo una ceja.
-Perdona mi ignorancia pero, ¿para qué necesita un cazador a un vampiro?
-Para encontrar a otro. –Sigue a unos pasos lejos de mí, a ninguno nos gusta la cercanía del otro si no es para partirle el cuello. –Necesito encontrar a Lerón.
-¿Por qué piensas que te voy a ayudar?
-Te he perdonado la vida. –Más que vida, existencia.
-Creo que ha sido más bien al revés. –Me río, él frunce el ceño.
-Podría matarte ahora mismo.
-Pero no lo harás, me necesitas. –Digo puntualizando las dos ultimas palabras con una sonrisa irónica.
-Puedo buscar el lugar donde has comprado tu coche y seguir investigando desde ahí, con la matrícula tengo suficiente. –Pues buena suerte, no sé los detalles pero sí se que Lerón no es tan tonto. Seguramente haya ocultado su identidad para comprarlo y eliminado cualquier hasta él.
-No tendrás oportunidad. No encontrarás ninguna pista.
-Siempre las encuentro. –Pues en los años que debe tener Lerón no lo ha encontrado, así que no será muy buen cazador.
-En ese caso, ¿por qué no me matas? Harás tu trabajo, cumpliendo con el propósito por el que entregaste tu vida; eliminarás un individuo más de la plaga y tendrás tu pista, podrás encontrar a Lerón.
-Me conviene conversarte.
-Hablas de mí como si fuese tuya.
-Lo eres, me debes la vida. –Cuando un cazador perdona a un vampiro este le pertenece y a de obedecer todas sus órdenes. Pero ese no es mi caso. No ha llegado a alcanzar una clara ventaja sobre mí.
-Sigue haciéndote ilusiones. Yo me largo. –Nerón se coloca entre mí y la puerta del conductor de mi coche impidiéndome el paso.
-No te vayas. Tienes razón. Te necesito. –Dice entre dientes.
-Vaya vaya. –me regodeo en esas dos palabras. –Así que admites que me necesitas… y ¿qué es exactamente lo que necesitas de mí?
-Quiero encontrar a Lerón.
-¿Y cómo sé yo que no tienes intención de hacerle daño? –Silencio.
-Porque… -una leve expresión de dolor atenaza su cara antes de desaparecer rápidamente, -somos hermanos. -¡Eureka! De ahí viene su gran parecido. –Somos gemelos, mejor dicho. Por supuesto ahora somos diferentes en algunos aspectos. Me convertí en cazador para matar a quien me lo arrebató.
-¿Lo conseguiste? –Me recuerda a la lucha que yo tengo con Baltazar.
-Él se me adelantó. –Waw… Lerón mató a su creador (este es el nombre que suelen usar los vampiros para denominar al vampiro que los convirtió), o sea que también sintió odio hacia él, y puede que también sintiera asco de aquello en lo que se había convertido.
-¿No se te ocurrió sobornar a un vampiro para que te convirtiera? Así no seríais enemigos naturales.
-¿Sobornar a un vampiro? No podía, no tenía el dinero para hacerlo; además, como podría fiarme de que cumpliera su palabra.
-Estrategia. –Digo sin más. -¿Cómo conseguiste la sangre de un vampiro vivo?
-Acudí a otros cazadores. Tardé años tras la muerte de mi hermano. Pero lo conseguí. –Una pregunta aparece de repente en mi mente, nunca me atrevería a preguntárselo a Lerón, peor sí a él.
-¿Cuánto hace de todo eso?
-Seiscientos cincuenta y siete años. -¿Esa edad tiene Lerón? Entonces tiene alrededor de los mismos años que Roberto… Arturo me dijo que le calculaba más de seiscientos cincuenta. Por supuesto sus cálculos son unas estimaciones posiblemente erróneas.
-Me encantaría ayudarte, -es la verdad. Me siento identificado con su dolor (aunque no es exactamente el mismo: yo quiero vengar la muerte de mi familia a manos de vampiros y él quería vengar la conversión de su hermano). –Pero no puedo fiarme de ti. No puedo llevarte hasta él sin saber qué opina. –Aunque su declaración puede ser la verdadera; también es posible que quiera encontrar a Lerón para matarlo, puede no soportar en lo que se convirtió su hermano. Y si Lerón no se ha dejado encontrar será por algo.
-Lo entiendo.
-Tampoco te puedo decir donde vivimos.
-Entiendo… -Repite aún más bajo.
-dame un número al que llamarte para organizar una cita o darte información. –Saca una tarjeta de su bolsillo y me la entrega. –Detective, ¿cómo no? –Casi todos los cazadores tienen oficios parecidos a este, por un lado para encubrirse y por otro para tener un sueldo fijo y no depender de los puntuales y escasos encargos que reciben. Pero tienen los mismos problemas que nosotros, tienen que cambiar de identidad cada vez que su físico no encaja en la edad que intenta hacer creer a los humanos.
-¿Cuándo me llamará?
-Cuando hable con Lerón. –Espero que entienda que no quiero darle una fecha específica.
-Está bien. –Ha captado el mensaje. Comienza a andar con la cabeza agachada hacia su camioneta.
-No creo que puedas irte. –Digo caminando hacia mi coche y sin mirar atrás. Me subo en mi coche y antes de cerrar la puerta lo miro, está extrañado. –Antes te rajé las ruedas. –Y cierro a la vez que me río. Salgo por delante y me encamino de nuevo a Plasencia.
Al llegar me paso por mi piso. Lo hice la semana anterior también, para comprobar si Arturo había estado aquí. Una nueva decepción: no ha pasado aún por mi casa (eso si viene algún día). Tomo una gran bocanada de aire simplemente por sentir este llenar mis pulmones.
Salgo de nuevo y cuando voy a entrar en mi coche alguien me llama.
-¡Elisabeth!