Hola, siento haber estado ausente tanto tiempo.
Pero aquí está el siguiente capítulo. Quiero de dicaroslo a todas: Regina, Halo, Alba, Alamber (tataaaaaa =D),... pero en especial a Iris. porque cuando he leido su comentario en el cBox se me ocurrió la escena de la piscina, que no sabía como rellenarla. Muchas gracias a todas de verdad!!!
Aquí va el cap!!
He aceptado la propuesta de Ángel y Lerón. Yo sola jamás burlaré la vigilancia de Baltasar, pero con ellos es diferente, con ellos podré conseguirlo. Me han prometido que una vez capturado será mío, podré vengarme. Me gustaría más que fuese por méritos propios y con un gran enfrentamiento a muerte. Pero más vale pájaro en mano que ciento volando.
Estoy sentada en la azotea de mi bloque de pisos, me gusta venir aquí arriba para pensar. Es un lugar tranquilo y desde aquí tengo unas vistas maravillosas. Mañana comenzaremos una misión. Yo no quiero saber los detalles hasta entonces, pero creo que está relacionada con Roberto.
-Hola escurridiza. –Me levanto de un salto. ¡Es Arturo! Ha vuelto a encontrarme, genial.
-¿Qué quieres? –Le digo desafiante, está solo.
-Bueno, es que el otro día te fuiste sin decir adiós.
-Por lo que he escuchado tú también.
-¿Quién te lo ha contado? Ese vampiro ¿verdad? Debí matarlo.
-No habrías podido.
-Claro que sí. –Me encojo de hombros con una sonrisa burlona. En cuanto pueda me voy, iré a casa de Ángel, la mía ya no es segura. –En fin. Venía a darte un mensaje.
-¿De Roberto?
-No, de uno de los guardaespaldas de Baltasar. –Intenté poner cara de poker. –Beth, no sé que es lo que quieres pero deberías olvidarlo. Aléjate de él, es peligroso.
-No me llames Beth, hace mucho que perdiste el derecho a hacerlo.
-Beth… pff –suspira –Elisabeth, siento mucho lo que pasó. De verdad que lo siento.
-Pues no lo parece.
-¡Yo nunca he querido que sufras!
-Oh, ¿en serio? Pues obligarme a ver aquello me hizo sufrir así que no conseguiste tu objetivo.
-Eras una vampiresa joven, -dijo dando un paso hacia mí –debías perder tus lazos con los que ya no pertenecían a tu mundo.
-¡¿Y por eso me obligaste a estar presente mientras matabais a mi familia?!
-Eran órdenes de Roberto.
-Roberto, siempre Roberto. ¿Acaso eres su perro faldero? –Me estoy enfadando. No soporto que siempre ponga de excusa a Roberto, hemos tenido muchos enfrentamientos así desde que Roberto me puso en caza y captura y todas acaban igual.
-No lo soy. Solo trabajo para él.
-Pues entonces haz bien tu trabajo. ¡Vamos, me tienes aquí puedes capturarme y entregarme! Ya estoy cansada del teatrillo que montas siempre. Estoy cansada de fingir que huyo de ti, que nos enfrentamos y por alguna casualidad de la vida siempre escapo. ¡No quiero seguir con esto! –Se pone a mi lado con un grácil movimiento y me sujeta por los brazos.
-Elisabeth sabes… ¡sabes que no puedo hacerlo!
-¿El qué? Matarme o abandonar a Roberto.
-Ambas cosas. –Si da la vuelta y mira al suelo. Ahora me recuerda al Arturo que conocí mientras trabajaba para Roberto. Tiene un buen corazón, pero está acostumbrado a la vida que Roberto le ofrece y teme que, si deja a Roberto, este pida su cabeza.
-Arturo, mírame a mí. El único de los hombres de Roberto que se acerca a mí eres tú. Nunca me han encontrado y nunca he estado en peligro. No te pasara nada si huyes tú también.
-No…
-Pues entonces despídete de mí.
-¡No! –Me abraza.
-Arturo… tú y yo fuimos novios cuando trabajaba para Roberto pero de eso hace mucho tiempo ya. Nuestra historia terminó cuando me fui, y si tú no te vas no podemos seguir viéndonos.
-Yo te necesito Beth.
-No me llames Beth. –Me deshago de su abrazo y me alejo de él unos pasos. –Olvídame Arturo, es lo mejor para todos. Cumple con tu trabajo. La próxima vez que me veas no fingiré, y tú tampoco lo hagas. Si puedes, mátame. Pero no me dejes escapar. Otra vez no. –Le miro a los ojos dolida. Le amo, siempre le he amado y dudo que pueda dejar de amarlo. Pero no quiero seguir con esta vida. Y sé que él me ama. Pero es demasiado peligroso para los dos seguir engañándonos, ya no pertenecemos al mismo bando. El está con Roberto, y yo acabo de unirme a Ángel y Lerón.
-¿Cómo me pides eso?
-Tienes que hacerlo Arturo. Si volvemos a vernos, seguramente estaré en el bando contrario al tuyo y deberás luchar si no quieres que Roberto se encargue de ti personalmente. Si se enterase de que me has estado ayudando todo este tiempo…
-Espera… ¿qué quieres decir con lo del bando contrario?
-Adiós Arturo. –Me dispongo a saltar.
-Espera, dime de qué hablas. –Dice viniendo hacia mí. Yo salto y me alejo. Él no me sigue, sabía que no lo haría. Siempre ha sido así. Me conoce bien.
Cuando llamo al timbre me abre su mayordomo. Me hace pasar y espero en el salón tan solo unos segundos, Ángel ya sabe que estoy aquí, no hace falta que su mayordomo le avise.
-¡Elisabeth! ¿Ocurre algo? -¡Wow! Ángel está en bañador y viene completamente mojado. Así es mucho más guapo.
-No… bueno sí. Arturo me siguió hasta mi casa, ya no puedo seguir viviendo allí.
-¿Ha intentado hacerte algo?
-No, solo traía una amenaza: no debo acercarme a Baltazar.
-Está bien. ¿Te ha seguido?
-No, y he escondido mi rastro.
-Perfecto. Ya te lo dijimos Elisabeth, eres una gran vampiro.
-Gracias. –Me siento culpable, no he ocultado nada, pero sé que nadie me ha seguido, y menos Arturo. Así que puedo estar tranquila.
-A partir de ahora vivirás aquí, te prepararán una habitación. Mientras tanto puedes darte un baño en la piscina, si quieres.
-No he traído nada de ropa… -Digo para dar a entender que no tengo bañador. –Tranquila, te dejaremos algo de ropa. Mimo, acompáñala a su habitación y enséñale la ropa. –Mimo es su mayordomo, es vampiro también. Le llaman mimo porque nunca habla, pero a él no le importa, es más, le hace gracia.
Mi habitación es muy acogedora, tiene una ventana enorme con un balcón que da al patio central, donde está la piscina. Echo la cortina y me cambio. Entre todos los bañadores que tengo para elegir escojo un triquini color rojo sangre, irónico. Para no ir tan solo con el triquini me pongo un vestido blanco con vuelo. Es precioso. Salto desde el balcón para atajar y sorprendo a Ángel. Una vez me dijo que me sintiera como en mi casa así que… le sonrío y me lanzo al agua.
A los vampiros nos encanta sentir el agua alrededor nuestro. Al no necesitar respirar no tenemos problemas para mantenernos sumergidos mucho tiempo. Además en el agua somos aún más mortíferos. Tras nadar un rato me siento en el borde, la luna se refleja en el agua, está hermosa.
-Puedo hacerte una pregunta personal. –Me pregunta Ángel.
-Supongo… -Le digo encogiéndome de hombros.
-¿Qué relación tienes con Arturo?
-Él me persigue y yo lo esquivo.
-Es más que eso ¿no?... –Le miro inexpresiva, el se ríe y deja el tema.
-Bueno, entonces, ahora que formas parte de todo esto, -dice abarcando la enorme casa con la mirada –¿puedes contarme que te pasa con Roberto?
-¿Por qué te empeñas en saberlo?
-Porque si es algo que pueda arruinar alguna misión, he de saberlo. –No estoy segura que mi guerra con él pueda traerles problemas a ellos, pero tampoco quiero arriesgarme.
-Cuando Baltazar me convirtió, me escondí en un callejón. Pasaba las noches y los días allí, oculta y alejada de los humanos. No quería hacer daño a nadie. Un día, otro vampiro entro en el callejón, iba directo hacia mí, sabía que yo estaba allí. y también sabía que no había probado nada de sangre desde que me convirtieron. Me ofreció beber de él y no pude contenerme, me pudo la sed, sin embargo eso no fue suficiente para calmar mi hambre y el vampiro me convenció para probar la sangre humana. Me lo pintó tan bonito que me pareció que no era nada malo. Él me llevó junto a un grupo de vampiros y uno de ellos, Roberto, tentó mi débil mente con suculentas palabras y consiguió que me uniera a él.
>>Una noche, fuimos de caza. O eso pensaba yo. Me llevaron a mi casa, y querían obligarme a matar a mi familia. Ellos se sorprendieron al verme viva e igual que cuando desaparecí. Como supongo adivinarás no pude hacerlo. Ni pude ni quise. Entonces… me obligaron a presenciar como algunos de los hombres de Roberto los mataban.
>>Huí. Me separé de ellos y juré vengarme de todos. De Baltazar por convertirme, de aquellos despiadados vampiros por matar a mi familia, y de Roberto por haberlo organizado todo. Ya maté a los que estaban allí esa noche. –Excepto a Arturo, pero eso jamás podré hacerlo. Sé que él no estaba de acuerdo aunque no fuera capaz de oponerse a los deseos de Roberto. Él tan solo se limitó a mantenerme sujeta junto a otro joven vampiro. Esta parte Ángel no tiene por qué saberla. –Creo que es en lo que os he ayudado. Siempre que he fastidiado algún plan de Roberto no fue por placer, fue por vengarme de esos vampiros.
-Entiendo… -Parece emocionado.
-Solo me faltan Baltazar y Roberto. –Digo poniéndome en pie y con un tono que le resta importancia a la escena. –No pienso dejarlos escapar. Me voy a mi habitación. necesito descansar la mente para mañana.
-Como quieras. –Subo a mi nueva habitación de un salto y cuando estoy junto al marco de la ventana me apoyo en él. Estoy dolida. Recordar esto me vuelve a hacer sentir la rabia y el dolor que sentí aquella noche. Si pudiese, lloraría.
Como me arrepiento de haberme dejado llevar por Arturo cuando estaba en aquel oscuro y apestoso callejón.