martes, 15 de junio de 2010

Capítulo 11. "Juego Peligroso"

-Julio. Julio. ¡Julio! –Ante el grito de mi nombre me sobresalto y miro a todas partes. Estoy en casa de María, mi mejor amiga. Creo que me hablaba de algo pero solo he captado mi nombre.
-Eh, ¿qué has dicho?
-Te he preguntado si quieres tomar algo. Pero ya te sirvo un café que necesitas uno urgentemente. –Se levanta y camina hacia la cocina de su piso, separada del salón por una simple barra. –Te pasas el día soñando despierto Julio. –Me sirve una taza de café y vuelve a sentarse a mi derecha a la vez que me ofrece el café. No me apetece y menos tan negro, además no lo necesito, no estoy soñoliento solo pensativo. ¡Yo no tengo culpa de que esa chica calara tanto en mí! -¿Aún piensas en esa chica?
-Sí. No logro sacarla de mi cabeza. –Me acerco el café pero el olor me echa para atrás, lo siento no puedo tomármelo, espero que no se enfade.
-Me das miedo. –La televisión sigue sonando por debajo de nuestra conversación, y ahora que lo pienso, creo que es la conversación más larga que he conseguido mantener desde hace mucho.
-¿Por qué?
-Porque te vuelvas loco. –Me dice seriamente, no está de broma.
-¡No es para tanto Meri!
-¿Qué no? Julio por Dios. Si no eres capaz de mantener la concentración en nada solo porque piensas en ella, y no me digas que no piensas en ella porque se te ve en los ojos. Además, -añade muy pagada de sí misma, -desde la última noche que te la encontraste no has vuelto a salir con nosotros. Y yo sin ti en la “Noche Oscura” no me siento cómoda. –Dice poniendo cara de pena.
-Es que no me apetece, solo es eso.
-¿Solo? Desde que cumpliste quince años no hay quien te obligue a quedarte en casa un fin de semana y ya llevas varios, y a las fiestas de mi pueblo ni viniste, y siempre me acompañas.
-Estaré madurando.
-¿Insinúas que tengo mente de cría?
-¡No! –No sé como las mujeres siempre encuentran la forma de volver tus palabras en contra de ti, yo solo buscaba una excusa. –Mira, lo que quiero decir es que puedo estar cambiando de forma de ser.
-¡Já! –La miro enfadado. -¡Eso no te lo crees ni tú! Deja de inventar excusas ridículas que nadie cree y admite la verdad. Piensas cada segundo en ella, te estás volviendo paranoico. –Afirma. Puede que tenga razón. Yo nunca m quedo en casa, soy el primero en salir y no hay quien me saque de la discoteca hasta que van a cerrar. O al menos solía ser así.
-Vale lo admito, he estado un poco despistado… bastante. –Admito al ver su cara de amenaza, no es que sea un blandengue pero no me hacen gracia sus pellizcones.
-¿Ves? No era tan difícil. Y ahora que ya lo has admitido le vamos a poner remedio. No puedes estar siempre pensando en ella.
-¿Y qué quieres hacer? –Yo no quiero dejar de pensar en ella, me agrada recordarla. Pero quizás si que me convenga distraerme un poco.
-Por lo pronto te vienes conmigo, que he quedado con los demás y he prometido que vendrías. Además, vamos a un sitio nuevo, una cafetería en las afueras. A lo mejor allí conoces a alguien que te distraiga un rato la mente. –Me dice a la vez que me guiña un ojo. Yo enarco las cejas. –Tranqui, no te vamos a tender ninguna trampa. Pro es que Nuri me ha contado que va gente así como especial, y muy guapa, así que a lo mejor encuentras a alguien que sustituya a la tía esa.
-Elisabeth. –Digo entre dientes.
-Como sea. Voy a cambiarme que sino llegamos tarde. Y tú dale la vuelta a la chaqueta, que por el lado negro te queda mejor, con esas rayitas tan monas. –Dice entrecerrando los ojos y sonriendo. Se levanta corriendo y se va a su habitación.
Mientras le doy la vuelta a la sudadera y me la pongo por el otro lado pienso en lo que me ha dicho Meri.
La conozco desde que comenzábamos a andar y no nos hemos separado nunca. Nos ayudamos en todo, desde estudiar hasta a ligar, y sé que solo quiere verme bien. Quizás… solo quizás, debería hacerle caso. Pero es que Elisabeth era tan guapa… y lo seguirá siendo, no creo que haya envejecido por arte de magia en unas semanas. Pero… ¿en qué estoy pensando? Meri es como tu hermana tienes que hacerle caso. Muy bien Julio, olvídate de la chica más maravillosa que has conocido en el mundo. Tienes que sacarla de tu mente.
Me siento en el sofá y miro la televisión hasta que escucho el taconeo que produce Meri al andar. Giro la cabeza y la veo aparecer en un paseillo que imita a las modelos, le encanta hacerlo. Se ha puesto unos vaqueros ajustados que realzan sus piernas, unos tacones negros de los que se arrepentirá más tarde y una camiseta negra ancha que cae hacia un lado dejando su hombro derecho al descubierto. Su pelo liso vuela alrededor de ella cuando da una última vuelta sobre sí misma. He de admitirlo, si no fuese mi amiga haría todo lo que pudiera porque fuese mi novia.
Me pregunta qué tal va y respondo con un silbido.
-Espectacular, y me quedo corto.
-Tú tampoco estás nada mal eh. –Se acerca y me coloca bien la chaqueta. Me sonría y me da un beso en la mejilla dejándome un pequeño rastro de brillo de labios.
-Si no te conociera desde que gateabas, te soltaría un beso en los labios ahora mismo.
-Si no te conociera desde que pegabas mocos en la pared, te soltaría una colleja ahora mismo. –Me río con su respuesta. No sé cómo lo hace pero siempre tiene una replica para mí. Supongo que es algo de esperar después de veinte años de amistad. -¿Nos vamos?
-Sí claro. –Digo. -¿En tu coche nuevo o en el mío?
-¡En el mío! Tengo que lucir mi SEAT León.
-Como quieras.
Salimos de su piso y nos montamos en su gran coche nuevo de color rojo. Está muy orgullosa de él, se lo ha pagado realizando varios trabajos y aunque su sueño es tener un descapotable, de momento se conforma.
Arranca y se dirige a las afueras. Me cuesta admitirlo, pero he de decir que conduce mejor que yo. Suspiro.
-¿No estarás pensando otra vez en lo mismo, no?
-No, pensaba en… que.. no tengo ganas de ir a la cafetería esa.
-Pues vas a ir sí o sí. No porque te vaya a obligar, que podría, sino porque ya estamos aquí y tú no traes coche. –Miro a todas partes, pero no veo nada. Por aquí solo hay un montón de naves.
-¿Seguro que es aquí?
-Sí, segurísimo. Mira, ahí están los demás. –Me dice mientras está girando una esquina. Y efectivamente, ahí están. Toda nuestra pandilla reunida, y creo que no falta nadie. Meri aparca, nos bajamos del coche y nos acercamos a nuestros amigos.
-Hombre Julio al fin te dignas a salir con nosotros. –Me dice Antonio.
-Sí, ya era hora. –Digo riéndome para quitar hierro al asunto.
-Bueno, ¿ya estamos todos? –Pregunta Nuri.
-Sí.
-Bien, pues vamos a entrar. La cafetería no tiene letrero ni promoción alguna pero según parece es famosa. –Nos va explicando mientras la seguimos. –Me lo ha contado mi hermana, vine con ella el otro día. Viene gente especial.
-¿Cómo que especial? –Dice Antonio interesado.
-Ahora lo verás. Son como la gente de Noche Oscura pero más tranquila.
-A mí esa gente no me termina de agradar. –Se queja Meri. Me ha contado muchas veces que se siente muy incómoda en ese ambiente. María es especialmente perceptiva y la última vez que fuimos juntos me contó que se sentía amenazada. Como si aquello fuera peligroso.
Peligroso. Elisabeth me dijo lo mismo, que era peligroso estar en esa discoteca. ¿Y si las sospechas de Meri son ciertas y allí pasa algo malo? No creo que me Elisabeth me mintiera cuando me dijo eso. ¿Qué ganaba con eso? Nada, solo asustarme. Cosa que tampoco ha logrado, no creo que esa discoteca tenga nada malo. Además, parecía como muy bipolar. Primero me tiró los tejos y después de invitarme a su casa me dejó colgado.
-No te quejes Meri. Que luego bien que te meneas en la pista de baile. –Meri pone cara de enfadada ante el comentario de Antonio. Sé por qué lo hace, dice que si baila no piensa que esa discoteca sea tan mala. Es a la que más nos gusta ir así que ella tuvo que buscar una forma de tranquilizarse, y bailar le relaja, o al menos le ayuda a distraerse.
-Espero que ahí dentro haya una pista bien grande, -refunfuña a mi oído. Me río y la miro, está nerviosa. En la Noche Oscura lo que realmente le da miedo es la gente, y si la que hay aquí es igual no creo que le apetezca repetir otro día.
Nuri abre una puerta negra y pasamos a un pasillo largo iluminado con lámparas en forma de antorcha, las paredes azules contrastan con el suelo plateado, del que salen finas líneas plateadas semejantes a una enredadera y que suben hasta el techo blanco. Al final del pasillo hay otra puerta negra custodiada por un hombre alto, robusto y con cara de pocos amigos. Es el portero, ¿portero en una cafetería?
-Buenas tardes. –Dice Nuri con una amplia sonrisa. El hombre la mira serio. –Vine hace unos días. ¿Me recuerdas?
-No. –Que seco. Nuri se pone nerviosa.
-Ah… vine con una muchacha muy parecida a mí, nos dejaste pasar sin problemas. –El portero alza la mirada por encima de ella para mirarnos a todos. Como poco somos diez.
-¿Hay algún problema? –Dice Antonio adelantándose.
-No. –Se lleva la mano al pinganillo de la oreja y murmura algo tan bajo que ni Nuri debe haberlo oído. –Podéis pasar. Pero no me hagáis entrar a por vosotros. –Dice apartándose y abriéndonos la puerta para que podamos pasar. Al entrar vemos que el decorado del pasillo se extiende por toda la sala, la luz es tenue igual que la música (están poniendo electro, me encanta), las mesas se distribuyen en filas diagonales, en las paredes hay cubículos privados en forma de media esfera elevados un poco, varias columnas dispuestas para aguantar el peso del techo sirven para clavar carteles y al final hay una enorme barra en la que atienden dos gemelos, detrás de ellos unas puertas deben conducir a la cocina. El local está bastante lleno sin llegar a estar abarrotado, varios privados están ocupados y tienen un biombo para mantener su privacidad, en las mesas dispuestas por el amplio salón hay al menos quince ocupadas. Algunos levantan la mirada hacia nosotros pero enseguida vuelven a lo suyo. Escogemos unas mesas cercanas a la pared y las unimos para sentarnos juntos.
-Es una cafetería que se sale de lo convencional. Parecería una discoteca si no fuera porque no hay pista de baile, la música está baja y está todo lleno de mesas.
Antonio y otros preguntan que queremos y se acercan a pedir pues no vemos a ningún camarero rondando por aquí para apuntad lo que queremos.
-¡Tíos flipad! Hay una camarera que está… -Dice Paco cuando vuelve con varias bebidas. –Así morena, los ojos azules, y un cuerpazo de cine, ¡madre santa! –Antes no vi ninguna camarera, giro y la busco por la barra pero nada más que están los dos gemelos.
-No la veo. –Digo volviendo a mirar al frente.
-Ha salido por esa puerta negra, le ha dicho a uno de los gemelos que tenía que hablar con no sé quién.
-Am. –Digo ya sin atender. Meri ha llamado mi atención, se ha sentado a mi lado. -¿Cómo estás? –Le susurro al oído.
-Bien.
-¿No te sientes angustiada ni nada?
-No. Este sitio es diferente. La gente es enigmática también pero no me dan malas vibraciones, es como si fueran del mismo país que los otros pero estos fueran la parte de la sociedad buena y los otros la mala. ¿;Me entiendes?
-Creo que sí.
-¿Y qué vamos a hacer este sábado? –Preguntan después de un rato de charlas individuales y grupales. –Ya es viernes, tenemos que pensarlo.
-Lo mismo que todos los sábados.
-¿Noche Oscura? No, no ,no, allí no pienso ir. –Dice Meri.
-¿Por qué? ¿Otra ves estas con tus paranoias? Ese lugar no tiene nada de malo, van muchas tías buenas he chicos, -dice Paco guiñándole un ojo a los demás, -y es la mejor discoteca de toda Plasencia.
-Yo estoy con ella, -digo. Quiero apoyarla, y además las palabras de Elisabeth aún causan un poco de intriga en mí. “Te he salvado ¿vale? No voy a perder más tiempo contigo. No vuelvas a esta discoteca si no quieres pasar un mal rato. Vete a casa, duerme y sal con tus amigos.” Ahora que lo pienso, en ningún momento dijo explícitamente que fuera peligroso., pero si lo insinuó. Y no me diría eso si no fuera verdad, quizá sea policía y estuviera investigando si vendían droga o algo por allí… No, eso es imposible. –Me río de mí mismo. -¿Una chica que es imposible que pase de los diecinueve años, policía? Que tonterías se me vienen a la cabeza, y es aún más imposible porque coqueteó conmigo, y no lo podría haber hecho si estuviera trabajando.
-… ya sabéis, Carmen, la muchacha esta que venía siempre con mi prima. –Varios asienten. ¿De qué estará hablando? ¿Ya han cambiado de tema? –Pues ha desaparecido.
-¿No jodas?
-Que fuerte.
-¿Y no saben nada?
-¿Y qué hace la policía? –Los comentarios se hacen numerosos entre el grupo. Carmen, la recuerdo. Es una muchacha muy agradable, siempre sonriendo y de buen humor, al menos cuando yo la he visto.
-Dejadme terminar. –Se queja Mari Ángeles. –La última vez que la vieron un tío se la llevaba a las salas V.I.P. de Noche Oscura. Y, -nos indica que nos acerquemos para que podamos oírla, -dos días después dos hombres fueron a casa de su familia para que no dijeran nada prometiendo que la encontrarían, pero me ha dicho mi prima que n la familia no saben nada más ni de los hombres ni de Carmen, y eso fue hace una semana más o menos. Y aunque su madre intenta volver a poner una denuncia al día siguiente ya ha desaparecido, y la primera que puso igual. Y cuando llama a los telediarios y a cualquier programa de televisión, o a la radio, o en los periódicos; da igual a donde vaya, todos le dicen que no tienen tiempo ni espacio para su problema.
-Eso es muy extraño.
-Extraño e imposible, los programas de televisión siempre están buscando noticias aí para sacar tajada con la audiencia. –Dice Antonio.
-Extraño no, -dice Mari Ángeles. –Da miedo. Yo estoy con Meri y Julio, paso de ir allí.
-Yo os apoyo también, -dice Antonio. Yo sonrío, está coladito por Mari Ángeles, así que hará todo lo que pueda por estar de su parte siempre.
-Oh vamos, no seáis unos caguetas. En todos los sitios puede haber un cabrón de esos, y Carmen tuvo la mala suerte de fiarse de él. Pero no pasa nada si nosotros vamos todos en grupo, llevamos haciéndolo mucho tiempo y que yo sepa nunca nos han raptado. Aunque Julio se ha quedado como tonto desde aquella noche en la que se fue a las salas V.I.P. con aquel pitonazo. Jajaja. Pero bueno ahí tenéis un ejemplo, se separó del grupo y sigue vivo y sin un rasguño. Y encima pasó un buen rato con la tía esa.
-Ya te lo he dicho, no llegamos a hacer nada.
-Sí, sí. –Dice irónicamente. Yo lo dejo así, ya he discutido ocn Paco esto muchas veces.
Pasan el resto de la tarde igual, Meri al final les admitió a todos que al bailar no pensaba en que no se sentía incómoda allí y Paco le prometió tenerla toda la noche bailando. Antonio estuvo hablando con Mari Ángeles y le dijo que si ella quería estaría protegiéndola si fuesen al final a la Noche Oscura, y entre todos los demás intentaron convencerme a mí y a ellos. Al final todos dijimos que sí iríamos, pero que no podíamos separarnos.
Yo he vuelto a mi mundo. Este lugar me la recuerda, es misterioso como ella. ¡Mierda! Otra vez pensando en quien no debo. Tengo que olvidarla, por Meri y por mi salud mental, ¿peor cómo? Es tan especial y tan diferente a las chicas que conozco… tiene un aire de rebeldía que me vuelve loco, sus ojos azules parecen tan vivos,… y su cuerpo es perfecto. No creo que tenga alguna pega. Si pudiera tan solo verla una vez más…
-¿Y ese suspiro Julio? –Me dice Antonio desde el otro lado de la mesa. Está abrazando a Mari Ángeles, ¿habrá hecho algún progreso mientras yo pensaba? –bueno, si quieres animarte te sugiero que mires a la barra, la camarera que dijo antes Paco me recuerda mucho a la descripción de esa tal Elisa que me dijiste.
-Elisabeth, -digo dudando. Es imposible que sea ella. ¿Qué iba a hacer aquí de camarera? Esta cafetería abre de noche, ¿para qué iba a ir a la Noche Oscura entonces? No, seguro que no es ella, y no me apetece llevarme una desilusión así que simplemente no miraré. Pero Antonio me da una patada por debajo de la mesa, ¿o ha sido Mari Ángeles? Se miran riéndose y Antonio me indica con la cabeza que la mire. –Vamos, mírala.
Refunfuñando me giro para descubrir que tenía que haberme girado hace mucho tiempo.
-Meri. –Digo sin apartar la vista de la camarera y dándole golpecitos en la espalda. Ella sigue mi mirada hasta la camarera. –Es ella. Es Elisabeth.

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