Ángel ha venido antes a llamarme. Me ha dicho que los miembros de la misión llegarían en breve para que bajara, sin embargo me he quedado en mi habitación hasta que he oído a varios vampiros llegar.
Me siento incómoda. Esta no es mi ropa, sin duda es de una mujer algo más grande que yo y con mucho más para rellenar. En fin… al menos puedo ir cómoda con unos clásicos vaqueros.
Cuando bajo me encuentro con cinco vampiros, tres mujeres y dos hombres, además de Ángel y Lerón. Hablan animadamente sentados en el sofá.
-Mirad, aquí llega nuestro último fichaje. –Dice Lerón colocándose a mi lado en un grácil movimiento. Me pasa un brazo por los hombros y me acerca a los demás con una gran sonrisa. –Os presento a Elisabeth, ya os he hablado de ella. –Todos asienten.
-Elisabeth, estos son miembros de nuestra organización. Ellas son Alicia, -dice Ángel señalando a la primera vampira que está sentada en el sillón de su derecha. Es rubia con rasgos delicados, ojos castaños y piel blanca como todos. Debe de tener unos cuantos de años más que yo. –Y Marta. –Señala a la que se sienta al lado de Alicia. Es mucho más alta que los demás y más delgada, de rasgos duros a la vez que bellos. Es toda una contradicción verlas a las dos allí sentadas. Es morena con el pelo liso y ojos castaños claros con un tono acaramelado. –Ellos son Juan y Jaime. –¡Son gemelos! Gemelos vampiros… nunca lo había visto. Y acabarán de salir de su adolescencia vampírica. Tienen el pelo negro y un poco largo, cuerpo musculoso y la tez algo más oscura que la de los demás pero aún sigue siendo blanca. Sus ojos son verde ceniza con una aureola plateada alrededor de la pupila. Pero aunque son gemelos se les ve diferente. –Ellos conforman la unidad de acción y ataque. Y esta es Inés. –Dijo mirando la mujer sentada a su lado. Es pelirroja, un poco más corpulenta que yo pero sin dejar de estar delgada. La ropa que llevo es suya, sin duda. Tiene los ojos grandes y es lo que más destaca de su rostro. –Ella forma parte del grupo táctico.
-Encantada. –Me alejo y me apoyo en el marco de la puerta que lleva al pasillo. Nunca he sido de mucha compañía.
-¿Quién falta? –Pregunta Jaime.
-Nilo y su pandilla. -Le dice Lerón.
-Siempre llegan tarde.
-Dijimos aquí a las nueve y son y siete. –Replica Alicia.
-Tranquila. Para lo que queremos hacer no hace falta ir a una hora exacta.
-Pero podrían ser más puntuales.
-Agradece que se presten a ayudarnos hoy.
-Podrías haber llamado al resto de los miembros. –Se queja Marta. –No entiendo por qué has preferido que sean ellos. ¡Son como Roberto! Beben sangre humana.
-Pero se alimentan de ellos casual y moderadamente y no los matan. Tienen cuidado.
-Chicos tranquilos. Ya os contamos el plan a todos, excepto a Elisabeth.
-¿No? –Pregunta Alicia asombrada. -¿Cómo dejáis que vaya a una misión sin información? ¡Podría estropearlo todo!
-Tranquila, no estropeará nada. –Dice Lerón.
-No pienso ir con ella.
-Alicia, por favor… -Interviene Ángel.
-¡No! –Dice poniéndose en pie y mirándome mal. Creo que no solo se comporta así por mi desconocimiento de la misión. Creo que no le caigo bien.
-Estate tranquila. –Digo sin moverme. –Me pondré al día enseguida. –Me muevo rápidamente y me coloco al lado de los gemelos donde queda un sitio libre bastante alejado de ella. –Ponme al día. –Le digo a Lerón.
-Está bien. Vamos a ir a la discoteca que frecuenta Baltazar. Nilo y su pandilla se mezclaran entre la multitud. Cuando Baltazar entre en la zona VIP yo les haré una señal y formarán un gran alboroto. Entonces nosotros que entraremos en la zona VIP, con la confusión no se percatarán de nosotros. Y capturaremos a Baltazar y a unos vampiros que estarán allí también.
-¿Ese es el plan?
-Sí.
-Pues es pan comido, yo elaboraba planes más complicados que este.
-Los demás vampiros son de su guardia personal…
-No me importa quienes sean. Yo quiero a Baltazar.
-No Elisabeth. En cuanto te vea huirá sin darnos oportunidad a capturarlo.
-Lo capturaré antes de que huya. –Digo ya de pie.
-Elisabeth, sé lo que sientes. –Interviene Ángel. Ahora sabe lo que pasa por mi cabeza. –Pero debes dejárnoslo a nosotros. Te prometimos que tendrías tu venganza pero debes dejar que nos encarguemos de capturarlo. Ten paciencia. –Voy a replicar pero alguien llama a la puerta, es un vampiro. Mimo abre la puerta y deja entrar a un vampiro adulto. Calvo, con gafas de sol, barba incipiente (la que debía tener al ser transformado) y bastante delgado. Para ser un vampiro no parece nada fuerte. Los vampiros tienen un patrón y sus pequeños músculos van al contrario.
-Nilo, al fin llegas. –Dice Alicia crispada.
-Siento el retraso. –Su voz es baja y oculta algo.
-No importa. ¿Y tus hombres?
-Están ya en la discoteca.
-¿Cómo? –Dice Alicia.
-¡Oh dios! Deja de quejarte. –Grito, ya no puedo escuchar más quejas suyas, parece que nada la contenta. Nilo me mira curioso.
-¿Perdona? ¿Acaso crees que puedes mandarme callar?
-Sí. –Alicia se lanza contra mí con intención de luchar. Yo no me muevo porque veo a Ángel a mi lado que va a interponerse. Una vez delante de mí la detiene y sujetándola por los brazos le da la vuelta y se aleja con ella.
-No tenemos tiempo para discutir entre nosotros. –Se va con ella al pasillo y discuten.
-Eres mi heroína. –Me dice uno de los gemelos. –Creo que tú y yo nos vamos a llevar bien. –Se levanta y pasa su brazo por encima de mi hombro.
-Supongo… -Miro de nuevo a Nilo, quien me mira aún con su expresión curiosa. Parece que quiere decir algo pero no encuentra las palabras.
-Espero no haber venido para nada. –Comenta sin dejar de mirarme. -¿Sigue en pie el plan?
-Por supuesto, -dice Lerón, -esto solo ha sido un pequeño altercado, no cambia nada. ¿Por qué has mandado a tus hombres ya a la discoteca?
-Para que vayan integrándose, han ido en grupos variados para pasar desapercibidos. No quiero que ninguno de mis hombres salga malherido por culpa de esta misión.
-Os pagamos bien.
-Cierto. –Comienza a andar hacia su derecha mirando al suelo. –Pero debe de haber algún peligro… -lo mira sin alzar mucho la cabeza –porque sino habrías recurrido a los demás vampiros que forman parte de este grupo. Por eso quiero asegurarme de que no sospechen de nosotros.
-Este tío piensa. –Digo apartándome del gemelo y acercándome a la puerta. Paso por su lado y me paro junto a la puerta. -¿Vamos no?
-Antes hay que equiparse. –Me dice Ángel, que acaba de llegar con Alicia, esta me mira por encima del hombro y me da la espalda.
-Démonos prisa. –Ángel nos guía por la casa hasta un cobertizo que hay al otro lado del patio. Cuando entramos no veo más que una sala de juegos. Pero Ángel pulsa un botón de su reloj de muñeca y en las paredes se abren unas compuertas que dan paso a unas estanterías transparentes que llevan cientos de armas colgadas, desde cuchillos y navajas hasta escopetas. Todos me miran esperando que haga o diga algo.
-¿Puedo servirme? –Lerón y Ángel asienten a la vez. Genial. Todo esto a mi disposición. Hecho un primer vistazo y después me acerco a los cuchillos: son mis armas preferidas. Cojo dos medianos y me los guardo en los calcetines. Veo unas bolas pequeñas.
-Bombas. –Cojo varias y me las guardo. –Se accionan al recibir un fuerte golpe. -Sigo hacia otra estantería que tiene pistolas y sus respectivas pistoleras. Me coloco la que tiene espacio para más pistolas y comienzo a rellenarla. Cuando estoy comprobando la penúltima Alicia me interrumpe.
-No vas a la guerra. –Se queja Alicia.
-Puede que tú no, yo sí. –La guardo, me coloco la última y me acerco a la puerta esperando a que los demás se equipan. La mayoría escoge lo mismo que yo pero en menor medida. Alicia por el contrario se conforma con un cuchillo y varias bombas.
-Listos. –El sonido de las armas cargándose retumba por toda la estancia. -¡Vámonos!
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