lunes, 31 de agosto de 2009

Capítulo 2. "Humano afortunado"

Llego a casa y voy directa a mi frigorífico. Guardo las provisiones que he traído y me tomo una taza de sangre calentada en el microondas.
Me siento en el sofá y enciendo la televisión simplemente por tenerla encendida porque me pongo a pensar en lo sucedido esta noche. Ese vampiro…después de todo, quizás debería haberme quedado para averiguar al menos su nombre, me ha salvado y me quería “sana y salva”. Pero como siempre actúo antes de pensar.
Son las seis de la madrugada. Apago el televisor y voy a darme una ducha cuando termino me arreglo un poco. Voy a ir a una discoteca de vampiros. Está abierta las veinticuatro horas del día pero cuando más se llena de vampiros es durante las horas que el sol brilla y cuando está oculto la mayoría son humanos, a esas horas a los vampiros nos gusta tomar el aire, mucho más que durante el día. No nos daña, pero tampoco nos beneficia, nuestros reflejos disminuyen de día y somos presas casi fáciles, en cambio de noche es al revés.
Por eso, muchos vampiros deciden ir a discotecas como esta durante el día, hay por todo el mundo y en cada ciudad al menos puedes encontrar dos o tres. A la que yo voy se llama “Noche Oscura”, todas tienen títulos así. Normalmente los dueños son vampiros antiguos y ricos que se aburren mucho.
Me arreglo como cualquier chica de diecisiete años lo haría para salir una noche, después de todo es la edad que tiene mi cuerpo, es un poco dificultoso estar atrapada para toda la eternidad en un cuerpo de una joven de diecisiete años… pero por suerte con algo de maquillaje puedo aparentar más. Para la discoteca no importa, pero para otras muchas cosas si.
Unos pantalones cortos, debajo de los cuales escondo un cuchillo, una camiseta simple y unos tacones que realzan mis piernas es lo único que me hace falta, en verdad sin esto seguiría estando igual de bien, pero como a cualquiera me gusta arreglarme y eso me ayuda más a la hora de ir de caza. Voy siguiendo el rastro a un vampiro odioso y muy escurridizo, Baltazar. Él es quién me convirtió y llevo detrás de él mucho tiempo. Por fin estoy cerca. El dueño de la discoteca es amigo suyo así que se pasa mucho tiempo allí, disfrutando de la sangre de chicas y mujeres inocentes e ingenuas. Es asqueroso que dejen entrar a humanos para ser víctimas de los vampiros, y como no, solo pueden entrar humanos apetecibles.
Salgo de mi bloque de pisos con prisa, seguro que Baltazar ya está allí. Ahora si me encuentro a gente por la calle. Un chico de unos diecinueve o veinte años se me acerca.
-¿Qué hace una hermosura como tú tan sola a estas horas? –Me dice colocándose delante de mi y cortándome el paso. Es guapo, rubio con ojos de color marrón verdoso y los labios rojos y carnosos, además tiene un cuerpo entrenado y un olor muy apetecible. Si yo no me hubiera negado a beber sangre humana hace tiempo, ahora me lo llevaría a cualquier callejón…
Como no me interesa para nada y tengo prisa, le miro como diciendo: “Chico, este pez es demasiado grande para tu anzuelo.” Y me voy evitando sus comentarios tipo: “Oh, vamos. No seas así”.
Llego al club pronto, hay poca gente haciendo cola. Por supuesto son todos humanos. Yo me cuelo y voy directa al portero, los vampiros entran sin más fingiendo ser clientes habituales o amigos del dueño. Le lanzó una gran sonrisa al portero y entro tranquila.
Una vez dentro el ambiente tapona mis sentidos durante unos segundos. La música no está muy alta, de ser así ningún vampiro aguantaría aquí debido a que nuestro sentido del oído mejorado no podría soportar la música a tan alto volumen, pero el olor de tantos humanos y tantos vampiros juntos en una misma sala lo concentra todo mucho más, y si juntas eso al olor de las bebidas y comidas que sirven en las zonas privadas y el olor del tabaco de algunos fumadores ya es suficiente para colapsarme unos segundos. Sobre todo porque no estoy acostumbrada a estos ambientes.
Hecho un primer vistazo por encima y tras no detectar nada extraño me acerco a la barra principal, esta situada a la derecha de la puerta. A la izquierda están las zonas privadas y una escalera que creo lleva a las habitaciones que usan los vampiros para aniquilar a sus víctimas, un rótulo parpadeante indica que es la entrada a las salas VIP, y la entrada es ser un vampiro acompañado de un humano. La pista de baile esta frente a la puerta y se extiende hasta el final de la barra principal. En el centro de esta hay otra más pequeña, seguramente con muchas menos bebidas.
Me siento en uno de los taburetes y espero a que el camarero se me acerque. Son dos, un vampiro y una humana. Sin duda la humana servirá a aquellos que no le parecen extremadamente guapos o que se ve claramente que no son vampiros, y el vampiro servirá a los de su misma clase. Tras terminar de servir a un grupito de vampiros jóvenes se me acerca y le pido cualquier bebida alcohólica. Si quisiera podría pedir hasta sangre, para los humanos es una bebida muy especial y muy cara que casi ninguno se atreve a pedir. Te la sirven en vasos totalmente tapados para que no se vea el contenido.
-¿Conoces a un vampiro antiguo que se llama Baltazar? –Le pregunto mientras veo que me sirve algo de ron.
-Sí, es un cliente excepcional. ¿Por qué lo buscas? –Dice acercándose por encima de la barra. Sé que como humana no valía mucho, pero cuando me convirtieron en vampiro superé con creces a muchas otras vampiresas. Muchos vampiros intentan ligar conmigo. Y sin duda él lo está haciendo ahora.
-Quería conocerlo personalmente, además tengo un recado para él.
-Si ese recado no es muy secreto yo mismo puedo dárselo.
-Mmmm… no. ¿Sabes si está por aquí ahora?
-Sí, antes vino a por algo de beber, -al ver que no contesto a sus flirteos se rinde y me contesta sin ni siquiera mirarme, -creo que estaba en las zonas reservadas.
-Verás, es que no vengo mucho por aquí. Esas zonas reservadas son aquellas de allí, o las salas VIP.
-Esas de ahí. Las salas VIP no suele rondarlas hasta más tarde.
-¿Puedo entrar en las zonas reservadas?
-No, tienes que tener hecha reserva o ser invitada.
-Gracias por la información. –Le digo sonriéndole. Paso por delante de la entrada a las zonas reservadas sin llamar la atención, algunas tienen las cortinas echadas y no puedo ver a quienes están dentro, pero entre los demás no distingo a Baltazar. Me acerco a la pista de baile e inspecciono un poco. Tampoco está por aquí.
Vuelvo a sentarme en la barra y observo el panorama sin buscar a Baltazar. En la pista de baile hay chicas humanas refregándose por vampiros, a algunos les gusta excitarse antes de matarlas, y en algunos casos hasta las convierten. También veo a chicos tonteando con vampiresas, pobres, no saben donde se meten. Seguramente todos los aquí presentes acabarán hoy muertos. Y así estoy bastante tiempo, ya miro hacia delante sin mirar a nada.
Pero de repente veo de reojo a Baltazar. Va acompañado de una mujer y está entrando en las salas VIP desde las zonas privadas. Yo puedo acceder a ellas también solo necesito a un humano. Vuelvo a mirar a la pista de baile y la barra en busca de alguno que no tontee con nadie, no tengo suerte pero si veo al chico de antes. No creo que tenga muchas ganas de volver a verme pero siempre puedo embaucarlo.
Está apoyado en la barra y una joven vampiresa, deben de haberla convertido hace unos años, le habla al oído. Así mato dos pájaros de un tiro: podré entrar en las salas VIP y le salvaré la vida a ese chico. No suelo ir salvando humanos, solo cuando los persiguen los esbirros de Roberto. Pero ahora lo necesito.
Me acerco y me pongo a su lado. Él no se da cuenta de mi presencia pero ella sí. Aparenta ser un poco más joven que yo, tendría quince o dieciséis años cuando la convirtieron. Me mira cautelosa, habrá notado que aunque yo también soy joven soy más antigua que ella.
-Largo. –Le digo en un susurro. Con la música ningún humano me escucharía pero ella sí. Él, alarmado porque la chica ya no le hace caso, mira hacia donde yo estoy y sonríe por la sorpresa. No creo que me esperase por aquí y menos tan cerca de él. –Fuera.-Ella emite un pequeño gruñido y se va sin muchas ganas. Él intenta pararla pero yo agarro la mano con la que la va a sujetar y evito que lo haga. Después me coloco donde ella estaba. Está un poco desconcertado. –Hola guapo.
-Hola. –Enseguida se olvida de ella y me atiende completamente. Me acerco un poco más a él para que nuestros cuerpos contacten por varios puntos y enredo mi dedo entre su pelo. Quizá piense que voy muy rá pido pero tengo prisa. –Por cierto… Aún no sé tu nombre.
-Julio.
-Julio… -repito con voz seductora. La verdad es que nunca lo he hecho pero creo que me está saliendo bien. –Yo soy Elisabeth, pero puedes llamarme Eli.
-Encantado. –Se acerca a darme dos besos y en el segundo tuerzo un poco la cara y se lo doy en la comisura de los labios. Se sorprende pero no dice nada. -¿Quieres tomar algo?
-Claro, lo mismo que tú. –Pide dos copas de algo que para mí está asqueroso, pero me lo bebo igualmente. Hablamos un rato y yo sigo coqueteando. Después de un rato le invito a bailar y él me sigue.
Tras cinco minutos bailando se lanza e intenta besarme, pongo mi dedo en sus labios deteniéndolo y le digo al oído:
-Aquí no, vamos a un sitio más tranquilo. –Le cojo de una mano y me lanzo hacia la entrada de las zonas VIP. Cuando ve hacia donde vamos me rodea con su brazo la cintura y sonríe de oreja a oreja.
Por fin voy a poder subir, se que sigue ahí porque todo el rato he comprobado la entrada con mi visión periférica y no ha salido. Subimos las pequeñas escaleras y el vampiro me sonría. Por supuesto es un vampiro, se encarga de no dejar pasar a humanos que vayan solos. Nos indica las habitaciones libres y de camino a la primera agudizo mis sentidos. Aquí el ambiente es totalmente diferente. La música es tranquila y algo sensual, huele a incienso y hay lámparas en forma de antorcha junto a cada puerta, iluminan poco. Las habitaciones están insonorizadas, tendría que pegar la oreja para poder escuchar algo y eso no creo que le hiciera mucha gracia al portero. Sin embargo puedo oler el rastro de cuatro vampiros, uno me es familiar pero no lo puedo identificar del todo por culpa del incienso.
Llegamos a la habitación número seis y Julio me abre la puerta, esa estúpida sonrisa sigue en su cara. Después de cerrar la puerta pego la oreja, aquí ya no escucho nada pero así puedo oír al portero hablar y un poco la música. No me doy cuenta de lo que hace Julio y por eso no puedo evitar el beso. Mi primera intención es apartarme, pero entonces la adrenalina comienza a correr por mis venas y recuerdo lo que se siente cuando te besan… y ya no puedo evitarlo. Olvido mi propósito y me pierdo en el beso.
Julio tiene sus manos en la parte baja de mi espalda, yo pongo las mías sobres sus brazos musculados. Sus labios son suaves y carnosos y saben muy bien. Me besa delicadamente, como esperando que lo rechace. Mi cabeza me dice que pare pero mi cuerpo quiere más y sin darme cuenta me pego más a él, pongo mis brazos alrededor de su cuello y le beso casi ansiosamente. Me muerde el labio inferior y continua besándome cada vez más apasionado. Vamos andando hasta la cama y caemos sobre ella sin dejar de besarnos… y entonces lo siento. Siempre lo he sentido así de fuerte, no importa las paredes que hubiesen entre nosotros, si está cerca lo siento. Es Baltazar. Mientras me da un escalofrío aparto a Julio.
-¿Qué pasa?
-Chsss. –Le mando a callar. –No hables. –Me levanto y pego la oreja contra la puerta de nuevo. Está hablando con el portero… sí, es él sin ninguna duda. Tengo que ir detrás de él. Cojo el pomo y me dispongo a abrir, pero me paro a pensar que sería muy raro salir de allí tan pronto y que Julio este vivo, y tampoco le puedo dejar aquí, lo matarían. Le cojo de la mano y le acerco a la puerta. Le beso de nuevo, casi vuelvo a caer como antes pero estoy demasiado cerca. Bajo mis manos y saco el condón que lleva en el bolsillo trasero.
-¿Tienes condón? –Le pregunto parándome.
-Sí. –lo busca pero no lo encuentra, no se ha dado cuenta y ya está guardado junto al cuchillo, menos mal que tampoco lo ha notado porque entonces pensaría que estoy loca y saldría corriendo. –Vaya, juraría que había traído.
-No importa. Vamos a mi casa que yo tengo.
-¿Tu casa? –Claro, debe temer que nos pillen mis padres.
-Tranquilo. Estoy sola una semana, mis padres están de viaje. –Se tranquiliza y pasa su brazo por mi cintura de nuevo volviendo a sonreír como antes.
Pasamos junto al portero que me mira extrañado. Cuando estamos más cerca le guiño un ojo y digo sonriendo.
-Al chico se le ha olvidado el condón.
Él ríe y asiente. Julio me lleva pegada a él, como dando a entender que soy suya. Tendré que deshacerme de él para perseguir a Baltazar. Cuando llegamos abajo me suelto de Julio e intento perderlo entre la gente. Mientras miro en todas direcciones en busca de Baltazar, pero no está por ninguna parte, ¿dónde habrá ido?

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