Comienzo a andar hacia la puerta sin esperar a Julio. Él me sigue, con más dificultad a la hora de pasar entre la gente que yo, me agarra del brazo y tira de mí para quedar cara a cara.
-¿Qué pasa contigo? –Me exige.
-Eh... –No sé muy bien que contestarle.
-Haces que se largue otra tía con la que me podía haber liado, -que te podía haber matado, pienso yo. –Tonteas conmigo pero pasas de mí, vuelves a tontear y te piras y se supone que vamos a tu casa. ¿Puedes explicármelo? –Y justo ahora que le voy a contestar tiene que aparecer él. Pasa por nuestro lado y sale por la puerta... ¿Se va ya? Si es muy temprano solo son las diez de la mañana... es extraño pero no importa. Pienso seguirlo y si puedo lo mataré. -¡Contéstame!
-Mira, tengo cosas más importantes que hacer. No te he estropeado ningún rollo. Te he... –No puedo decir que le he salvado de una vampiresa que solo quería chupar su sangre junto a tantos vampiros sedientos. Le agarro la mano y lo saco a la puerta. La luz del sol me ciega un poco, parece que hoy brillará fuerte cosa que odio. Me llevo a Julio a una esquina donde da sombra y lo pongo contra la pared sin medir mi fuerza y noto que le hago un poco de daño. –Te he salvado ¿vale?
-¿Qué?
-No voy a perder más tiempo contigo. No vuelvas a esta discoteca si no quieres pasar un mal rato. Vete a casa, duerme y sal con tus amigos. –No le doy tiempo a responderme y salgo corriendo. Yo ya le he avisado, él sabrá si creerme o no. Sigo el rastro de Baltazar y llego a lo que, supongo, es su casa. Una casa enorme con jardines muy bien cuidados y una gran piscina, debe tener mucho dinero. No creo que sea capaz de colarme, tendrá seguridad. Me da tanta rabia que le doy una patada a la pared. Esta se resquebraja un poco y la punta de mi zapato se rompe. Me los quito y antes de irme echo otro vistazo y veo a un hombre mirándome desde una ventana. Perdón, no es un hombre, es un vampiro. Nuestras miradas se cruzan, supongo que estará vigilándome por si se me ocurre hacer una tontería.
Alguien le llama y yo desaparezco en el momento que mira detrás de él. Habiendo estado huyendo ciento once años una coge la costumbre de desaparecer sin más.
Ando despacio de camino a mi piso y analizó mi situación. Llevo persiguiendo a Baltazar algo menos de cien años, le he seguido la pista por todo el mundo y al fin lo he encontrado. No me he vengado hoy pero lo haré pronto, ya sé dónde vive.
Abro la puerta de mi casa y tal y como la abro me paro. Me impacta el olor de un vampiro, lo conozco, es aquel que me salvó hace no más de unas horas. Aún anda por aquí. El rastro lleva a mi dormitorio. ¿Por qué me ha seguido? ¿Qué querrá? Mi instinto de supervivencia me dice que me vaya pero ya he huido mucho por hoy y seguro que él ya sabe que estoy aquí.
Y por qué no decirlo tengo curiosidad. Voy a mi cuarto y lo encuentro tumbado en mi cama con los ojos cerrados pero no está dormido, lo sé. Me apoyo en el marco de la puerta y espero a que se digne a darme explicaciones. Pero no lo hace, así que carraspeo un poco. El sonríe y ¡al fin!, dalea un poco la cabeza y me mira. Sin embargo no se mueve de la cama.
-Buenos días. –Le digo burlona.
-Gracias. –Se sienta en la cama y me mira de pies a cabeza. Observa mi pelo negro como el carbón y liso hasta la mitad de mi espalda que ahora mismo está un poco despeinado, mis cejas perfectamente recortadas, mis ojos azules, mi pequeña nariz, mis labios rosáceos y gruesos, la forma de mi cara que es un poco ovalada. Veo que se fija en mi cuello, mis hombros, en cada delicada curva de mi cuerpo, mis piernas descubiertas y mis pies descalzos. Cuando vuelve a mirarme a los ojos descubre mi expresión enfadada. ¿Quién es el para mirarme así? –Perdóname, no suelo encontrar chicas tan guapas.
-Querras decir vampiresas. –Le corrijo. Parece un poco engreído pero no de la misma forma que Arturo y Marcos. –Ya que te has colado en mi casa... –digo mientras me acerco un poco, -podrías decirme tu nombre, y si no es mucho pedir, también podrías decirme qué es lo que quieres.
-Oh... Claro que te lo diré. Me llamo Ángel. Y no es que quiera nada en especial... pero ya que te salvé la vida anoche quería saber tu nombre.
-Elisabeth.
-Bonito. –Se pone en pie y se para a mi lado.
-¿Quieres algo más?
-No, de momento no. –Le miro desconfiada. Sale de mi cuarto, yo corro y me pongo delante suya.
-¿Por qué me salvaste antes?
-No sé... –Se encoge de hombros. –Pasaba por allí y me pareció que necesitabas ayuda. Y así me debes un favor. ¿Y tú por qué te fuiste así?
-Porque no me fío ni de mi propia sombra. –Asiente pensativo.
-En fin. Yo me voy ya, solo estaba esperándote.
-¿Cuánto tiempo llevas aquí?
-Bueno... te ví salir muy arregladita, pero no quise molestarte.
-Ya... –Entonces lleva aquí solo unas horas, ¿qué habrá hecho?
-Me voy. Adiós. –Vuelve a echar a andar. Cuando abre la puerta ya no lo veo, además de porque estoy de espaldas porque desde donde estoy no se ve la puerta, así que él tampoco me ve a mí pero se que me oirá.
-Gracias. –Noto que se para.
-No me las des. Ya me devolverás el favor. –Y se va.
¿Qué favor podría yo hacerle a él? Sé que lo haré, los vampiros siempre lo hacemos, no nos gusta deber nada a nadie, pero sobre todo porque me salvó la vida. Me tumbo en la cama. Aún huele a él, y huele muy bien.
Necesito descansar la mente, con todo lo que me ha pasado la tengo saturada. Estoy así hasta bien entrada la noche. No he dormido, nunca duermo, (como un buen vampiro que soy) pero sí he desconectado. Cuando vas a vivir toda la eternidad (a no ser que alguien te mate antes), de vez en cuando más te vale desconectar del mundo y descansar la mente, sino acabas volviéndote loco.
Me doy una ducha fría, me pongo un chándal verde y me asomo al balcón para que el aire seque mi pelo. El balcón de mi piso (que está en un tercero) da a un parque y me gusta observar a los animales, así de lejos sí puedo pero cuando intento acercarme huyen de mí. Pero hoy no hay ningún animal, todos han huido... que extraño... o quizás no tanto. Más allá hay un vampiro adolescente; la adolescencia de un vampiro es durante los primeros cincuenta años, es cuando tienes el veneno más reciente y no piensas con la cabeza, tan solo quieres divertirte; está acechando a un chico que anda por el parque... ¡Madre santa! Es Julio. Este chico parece atraer los problemas. Antes de darme cuenta salto del balcón y corro hacia el parque. Me mantengo oculta entre los árboles. Ahora que lo pienso, no sé qué hago aquí, no le debo nada. Pero ahora no me voy a volver, le ayudaré. El vampiro sigue al acecho, en cuanto Julio se adentré más en la oscuridad se lanzará. Ando despacio entre los árboles esperando el ataque. Julio entra en la zona que ya no iluminan las pocas farolas del parque y el vampiro salta hacia él con un brillo rojo en los labios, tiene mucha sed. Salto y antes de que pueda ni siquiera rozarle lo derribo. Julio se vuelve y nos ve. No creo que me reconozca.
Con el forcejeo volvemos a la zona iluminada por una farola, aquí si me verá. Solo espero que sea listo y se vaya corriendo, aunque quizás sea mucho pedir para él.
-¿Qué pasa contigo? –Me exige.
-Eh... –No sé muy bien que contestarle.
-Haces que se largue otra tía con la que me podía haber liado, -que te podía haber matado, pienso yo. –Tonteas conmigo pero pasas de mí, vuelves a tontear y te piras y se supone que vamos a tu casa. ¿Puedes explicármelo? –Y justo ahora que le voy a contestar tiene que aparecer él. Pasa por nuestro lado y sale por la puerta... ¿Se va ya? Si es muy temprano solo son las diez de la mañana... es extraño pero no importa. Pienso seguirlo y si puedo lo mataré. -¡Contéstame!
-Mira, tengo cosas más importantes que hacer. No te he estropeado ningún rollo. Te he... –No puedo decir que le he salvado de una vampiresa que solo quería chupar su sangre junto a tantos vampiros sedientos. Le agarro la mano y lo saco a la puerta. La luz del sol me ciega un poco, parece que hoy brillará fuerte cosa que odio. Me llevo a Julio a una esquina donde da sombra y lo pongo contra la pared sin medir mi fuerza y noto que le hago un poco de daño. –Te he salvado ¿vale?
-¿Qué?
-No voy a perder más tiempo contigo. No vuelvas a esta discoteca si no quieres pasar un mal rato. Vete a casa, duerme y sal con tus amigos. –No le doy tiempo a responderme y salgo corriendo. Yo ya le he avisado, él sabrá si creerme o no. Sigo el rastro de Baltazar y llego a lo que, supongo, es su casa. Una casa enorme con jardines muy bien cuidados y una gran piscina, debe tener mucho dinero. No creo que sea capaz de colarme, tendrá seguridad. Me da tanta rabia que le doy una patada a la pared. Esta se resquebraja un poco y la punta de mi zapato se rompe. Me los quito y antes de irme echo otro vistazo y veo a un hombre mirándome desde una ventana. Perdón, no es un hombre, es un vampiro. Nuestras miradas se cruzan, supongo que estará vigilándome por si se me ocurre hacer una tontería.
Alguien le llama y yo desaparezco en el momento que mira detrás de él. Habiendo estado huyendo ciento once años una coge la costumbre de desaparecer sin más.
Ando despacio de camino a mi piso y analizó mi situación. Llevo persiguiendo a Baltazar algo menos de cien años, le he seguido la pista por todo el mundo y al fin lo he encontrado. No me he vengado hoy pero lo haré pronto, ya sé dónde vive.
Abro la puerta de mi casa y tal y como la abro me paro. Me impacta el olor de un vampiro, lo conozco, es aquel que me salvó hace no más de unas horas. Aún anda por aquí. El rastro lleva a mi dormitorio. ¿Por qué me ha seguido? ¿Qué querrá? Mi instinto de supervivencia me dice que me vaya pero ya he huido mucho por hoy y seguro que él ya sabe que estoy aquí.
Y por qué no decirlo tengo curiosidad. Voy a mi cuarto y lo encuentro tumbado en mi cama con los ojos cerrados pero no está dormido, lo sé. Me apoyo en el marco de la puerta y espero a que se digne a darme explicaciones. Pero no lo hace, así que carraspeo un poco. El sonríe y ¡al fin!, dalea un poco la cabeza y me mira. Sin embargo no se mueve de la cama.
-Buenos días. –Le digo burlona.
-Gracias. –Se sienta en la cama y me mira de pies a cabeza. Observa mi pelo negro como el carbón y liso hasta la mitad de mi espalda que ahora mismo está un poco despeinado, mis cejas perfectamente recortadas, mis ojos azules, mi pequeña nariz, mis labios rosáceos y gruesos, la forma de mi cara que es un poco ovalada. Veo que se fija en mi cuello, mis hombros, en cada delicada curva de mi cuerpo, mis piernas descubiertas y mis pies descalzos. Cuando vuelve a mirarme a los ojos descubre mi expresión enfadada. ¿Quién es el para mirarme así? –Perdóname, no suelo encontrar chicas tan guapas.
-Querras decir vampiresas. –Le corrijo. Parece un poco engreído pero no de la misma forma que Arturo y Marcos. –Ya que te has colado en mi casa... –digo mientras me acerco un poco, -podrías decirme tu nombre, y si no es mucho pedir, también podrías decirme qué es lo que quieres.
-Oh... Claro que te lo diré. Me llamo Ángel. Y no es que quiera nada en especial... pero ya que te salvé la vida anoche quería saber tu nombre.
-Elisabeth.
-Bonito. –Se pone en pie y se para a mi lado.
-¿Quieres algo más?
-No, de momento no. –Le miro desconfiada. Sale de mi cuarto, yo corro y me pongo delante suya.
-¿Por qué me salvaste antes?
-No sé... –Se encoge de hombros. –Pasaba por allí y me pareció que necesitabas ayuda. Y así me debes un favor. ¿Y tú por qué te fuiste así?
-Porque no me fío ni de mi propia sombra. –Asiente pensativo.
-En fin. Yo me voy ya, solo estaba esperándote.
-¿Cuánto tiempo llevas aquí?
-Bueno... te ví salir muy arregladita, pero no quise molestarte.
-Ya... –Entonces lleva aquí solo unas horas, ¿qué habrá hecho?
-Me voy. Adiós. –Vuelve a echar a andar. Cuando abre la puerta ya no lo veo, además de porque estoy de espaldas porque desde donde estoy no se ve la puerta, así que él tampoco me ve a mí pero se que me oirá.
-Gracias. –Noto que se para.
-No me las des. Ya me devolverás el favor. –Y se va.
¿Qué favor podría yo hacerle a él? Sé que lo haré, los vampiros siempre lo hacemos, no nos gusta deber nada a nadie, pero sobre todo porque me salvó la vida. Me tumbo en la cama. Aún huele a él, y huele muy bien.
Necesito descansar la mente, con todo lo que me ha pasado la tengo saturada. Estoy así hasta bien entrada la noche. No he dormido, nunca duermo, (como un buen vampiro que soy) pero sí he desconectado. Cuando vas a vivir toda la eternidad (a no ser que alguien te mate antes), de vez en cuando más te vale desconectar del mundo y descansar la mente, sino acabas volviéndote loco.
Me doy una ducha fría, me pongo un chándal verde y me asomo al balcón para que el aire seque mi pelo. El balcón de mi piso (que está en un tercero) da a un parque y me gusta observar a los animales, así de lejos sí puedo pero cuando intento acercarme huyen de mí. Pero hoy no hay ningún animal, todos han huido... que extraño... o quizás no tanto. Más allá hay un vampiro adolescente; la adolescencia de un vampiro es durante los primeros cincuenta años, es cuando tienes el veneno más reciente y no piensas con la cabeza, tan solo quieres divertirte; está acechando a un chico que anda por el parque... ¡Madre santa! Es Julio. Este chico parece atraer los problemas. Antes de darme cuenta salto del balcón y corro hacia el parque. Me mantengo oculta entre los árboles. Ahora que lo pienso, no sé qué hago aquí, no le debo nada. Pero ahora no me voy a volver, le ayudaré. El vampiro sigue al acecho, en cuanto Julio se adentré más en la oscuridad se lanzará. Ando despacio entre los árboles esperando el ataque. Julio entra en la zona que ya no iluminan las pocas farolas del parque y el vampiro salta hacia él con un brillo rojo en los labios, tiene mucha sed. Salto y antes de que pueda ni siquiera rozarle lo derribo. Julio se vuelve y nos ve. No creo que me reconozca.
Con el forcejeo volvemos a la zona iluminada por una farola, aquí si me verá. Solo espero que sea listo y se vaya corriendo, aunque quizás sea mucho pedir para él.
- - - - - - - - -
cuando me doy la vuelta veo la silueta de dos personas luchando, pero con muchísima fiereza. Se mueven muy rápido apenas puedo seguirlos. Tienen mucha gracilidad aunque uno más que el otro, parece una chica. Además no hacen ruido.
Uno de ellos ha empujado al otro y ahora puedo verlos. ¡Es ella! ¡Ella otra vez! La chica de la discoteca, Eli. ¿Por qué lucha con ese tipo? Me acerco preocupado, ella parecía tan frágil... pero ahora es totalmente diferente. Parece letal. Aunque ese tipo le golpee ella ni se inmuta, en cambio cuando es ella quien le golpea él si parece sentirlo, y mucho. En un rápido movimiento casi imperceptible se pone detrás de ella, pero Eli salta por encima de él, lo que me deja helado, lo agarra del cuello y lo lanza a varios metros. Este se pone en pie y desaparece entre los árboles. ¿Ha acabado la pelea? Intento acercarme a Eli pero ella me indica que me pare alzando una mano.
Está tan guapa así, con la luz de la farola reflejándose en su pelo mojado. Lleva un simple chándal pero está mejor que esta mañana... pero... ¿Qué estoy pensando? Sacudo la cabeza para sacarme de la cabeza esos pensamientos.
Ahora da varios pasos hacia detrás, se pone en cuclillas y salta. Casi a la vez el tipo de antes sale de entre la copa de un árbol. Chocan en el aire y esta vez sí, hacen muchísimo ruido. Rebotan y vuelven casi al lugar del que saltaron. Ambos están en cuclillas mirándose. Él me mira como si quisiera... comerme... y vuelve a mirarla a ella. Veo a Eli mover los labios pero no escucho ni un susurro, aunque él si parece captar algo. Le gruñe y se va.
¿Le ha gruñido? Qué tío más raro. Todo esto es raro. Como han luchado, el gruñido, su agilidad y fuerza... vuelvo a sacudir la cabeza, no quiero montarme paranoias.
Eli se pone en pie muy despacio, parece desconfiada, pero se le pasa en un momento y se acerca a mí. Yo sigo atónito por lo que he presenciado. Se para delante de mí, está preciosa, esos ojos azules... porque eran azules... pero ahora... ahora parecen rojizos...
-Tienes que ser más cuidadoso. ¿Tú madre no te ha enseñado a no andar por sitios oscuros tú solo? –Su voz es hermosa, tanto como ella.
-Sí, pero no pensé que pasara nada.
-Pues ese iba detrás de ti. –Su voz tiene algo atrayente... me encanta.
-¿Cómo has sido capaz de luchar así?
-Eh... –Duda, que raro. –He dado clases de defensa personal. –Se aleja un poco. –Vete a casa por calles luminosas y con gente.
-Pero... ¡espera! –Le pido. Ella no se mueve. –Yo...
-¿No recuerdas el camino a casa? –Me dice burlona. Tiene una gran sonrisa en la cara, así está aún más guapa si eso es posible.
-Sí pero... –No puedo decirle que quiero estar más tiempo con ella.
-Vete. Este sitio es peligroso para ti. –Me dice y se da la vuelta.
-¿Y para ti no? Vamos, al menos soy dos años mayor que tú.
-Ya has visto que sé defenderme bien. –Dice sin mirarme y echa a correr. La sigo, pero para cuando yo salgo a la calle ella ya no está. Es muy rápida. Espero verla otra vez...
- - - - - - - - -
Mientras estoy en el parque corro manteniendo un ritmo normal, pero en cuanto salgo del parque aprovecho que no hay nadie y corro tan rápido como soy capaz. Me coloco debajo del balcón de mi casa y salto. Me agarro del hierro y me impulso para acabar de pie como estaba antes de saltar para ayudarlo. Miro hacia abajo y lo veo salir del parque y mirar a todos lados. Esta ha sido la segunda vez que le salvo la vida y como dicen: no hay dos sin tres. Espero que no lleven razón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario