-No intentes luchar. Limítate a distraerlos, si te atacan te defiendes pero no permanezcas mucho tiempo en un sitio concreto, serías muy fácil de capturar. –Alguien cerca de nosotros recibe un golpe y sale disparado estampándose contra la barra, por la velocidad que llevaba y el impacto del golpe solo a podido darle un vampiro. Y eso es solo una muestra del revuelo que hay aquí. Por todas partes vuelan taburetes y vasos y los enfrentamientos se hacen cada vez más numerosos. De reojo veo a Roberto muy enfadado dar órdenes a sus hombres, o mejor dicho sus vampiros, mientras él se queda junto a Nilo amenazándolo porque se haya montado el revuelo finalmente. ¡Me encanta!
Vuelo a mirar a… ¿Juan? ¡Menuda mala memoria tengo para ser una vampira! Aunque en verdad es porque apenas si me interesé por sus nombres. Asiento y nos separamos. Paso junto a dos vampiros peleándose y veo a un grupo de humanos alucinando con ellos. Me acerco a uno de ellos.
-Vosotros, aquí no pintáis nada. Si no queréis acabar muertos largaos ya. Avisad a todos vuestros amigos y a todos lo humanos.
-¿Humanos?
-A todo aquel que este tan alucinado como vosotros. ¡Largaos! –Empujo a uno de ellos y sigo mi camino, así se salvaron unos cuantos humanos, tan solo los que sean lo bastante listos como para darse cuenta de que esto es grave y se vayan antes de que les impidan la salida por haber visto demasiado. Salto la barra y me agacho tras ella, donde también está l camarero humano tapándose la cabeza con las manos. Él no corre peligro, el dueño del bar lo protegerá. Me detengo justo detrás de Roberto y Nilo. Veo a Roberto que nota mi esencia y comienza a mirar a todos lados nerviosos, menos mal que este revuelo confunde a cualquiera. Salto encima de la barra, Nilo se queda mirándome extrañado. Lo cojo por el cuello de la chaqueta y lo lanzo lejos, cerca de donde están Ángel y los demás. Espero que se decidan a capturarlo por su traición. Roberto salta sobre mí lo que ocasiona que me golpee la cabeza con algunas botellas y acaben rotas en el suelo. Me quedo detrás de la barra tumbada boca arriba y medio incorporada esperando la aparición de Roberto. Tras un segundo salta a la barra.
-Al fin nos vemos la cara Elisabeth, eres una pequeña rata escurridiza.
-Muchas gracias por el piropo. –Me lanzo contra él haciéndonos caer al suelo. Cuando él quedó tumbado en el suelo salto de nuevo dando una voltereta en el aire y alejándome. Detrás de mí oigo gritar a Roberto que me capturen viva. Vi al menos siete vampiros ponerse en camino hacia mí, dos de ellos fueron aplacados por mi conspirador gemelo. Me guiña un ojo y se aleja antes de dar el cante, es bueno. Sigo corriendo. Llego al final de la pista de baile con cinco vampiros siguiéndome. Acelero y me apoyo en la pared para dar un salto hacia detrás para colocarme a sus espaldas. Uno de ellos, el más rápido, se da la vuelta y me mira ansioso de mi sangre. Antes de que pueda saltar hacia mí saco una de mis pistolas y lo disparo en la frente y el corazón con balas de mercurio (son las únicas que afectan a los vampiros). Uno menos. Sigo corriendo para despistarlos aunque es obvio que puedo con todos. He de ganar tiempo.
Intento no acercarme a los demás. Doy un salto por encima de dos vampiros peleándose y veo a Lerón y Alicia que mantienen a Baltazar inmóvil mientras un gemelo y la otra vampira abren paso hacia la puerta. Bien. Y Ángel lucha con Nilo, acerté al lanzárselo cerca. Eso me relaja un poco. Ya tenemos nuestro objetivo.
Aún estoy en la mitad de mi salto. Disparo a uno de los vampiros que impiden la salida a Lerón. Caigo en el suelo y me impulso hacia la puerta. Cojo uno de mis cuchillos, rajo el cuello de otro vampiro que obstruye la salida y lo lanzo lejos, como hice con Nilo. Miro a Lerón, que me grita un gracias mientras salían por la puerta. En dos segundos solo quedamos aquí dentro Ángel, el gemelo y yo. Decido que es hora de salir de aquí. Corro hacia Juan matando varios vampiros que me siguen, acabo con toda mi munición, menos mal que no hice caso a Alicia.
-¡Juan! –Grito, aunque me arriesgo a que Roberto descubra mi posición, pero no me preocupa demasiado. Tan solo me descubren tres de sus hombres, que se acercan hacia mí corriendo. Salto encima de uno y me apoyo en sus hombros para volver a saltar. Juan aparece a mi lado, mata a uno de los vampiros mientras yo me encargo de otro. El tercero se va evitando una muerte segura. –Ve y ayuda a Ángel con Nilo. En cuanto lo tengáis os largáis. Yo saldré tras vosotros.
-Elisabeth, ven conmigo y nos vamos juntos. No pienso abandonarte a tu suerte.
-Ya has visto que me defiendo bien. ¡Vamos lárgate! –Lo empujo hacia Ángel y me doy la vuelta para recibir a un grupo de vampiros, me han rodeado, menos mal que Juan ha tenido tiempo de irse.
Esto tiene mala pinta. Son muchos. O quizás no, Arturo está entre ellos, los entorpecerá.
-Dejádmela. –Dice Arturo.
-¿Qué? –Pregunta uno cerca de él pero sin perderme de vista.
-Tengo una cuenta pendiente con ella. -¡Bien! Saldré de aquí. Sonrío.
-Creo que más bien es al revés. –Digo. El sonríe también. Para evitar que lo vean cambia enseguida la sonrisa por un gruñido.
-Vosotros ocupaos de los alborotadores, ella es mía.
-Que varios se mantengan por aquí. –Maldita sea es Roberto. Y duda de Arturo. –Has fallado muchas veces ya. Más te vale que esta vez no se te escape o lo pagarás caro. –Esta será la pelea que más tendremos que currarnos. Es imprescindible que no vean nuestro engaño.
Me acuclillo a la vez que enseño mis colmillos, decidida a recrear una gran pelea. Tendré que darle algún que otro golpe, ya no solo por mí, sino por él. Cuando él asegura a Roberto que no fracasará y se coloca para luchar yo me agazapo más. Salta hacia mí y yo sigo el patrón saltando para dejar espacio entre nosotros. Él da unas volteretas por el suelo y sujeta mi tobillo mientras estoy saltando, tira de mí con fuerza haciendo que me golpee contra el suelo, el cual se agrita por el impacto. Noto algo extraño en el tobillo. ¡Ha cogido mi cuchillo! Él también quiere recrear una buena pelea.
Me revuelvo y me quedo agachada cerca de él. Arturo gira el cuchillo en su mano con una gran sonrisa.
-Lo sabía, siempre tienes uno ahí.
-Pues esta vez tenía dos. –Saco mi otro cuchillo, menos mal que lo guardé.
-Vas avanzando.
-¡Déjate de charlas y mátala! –Grita Roberto visiblemente frustrado. Arturo gruñe y se lanza hacia mí cortando mi brazo ligeramente, salto hacia un lado. No esperaba que me atacara así. Ahora estoy prevenida.
Mi brazo comienza a sangrar, pero en pocos segundos la herida se cierra. Aturo vuelve a lanzarse cuchillo en mano, con el mío le hago un corte en el antebrazo algo más profundo que el que él me hizo, Arturo lanza el cuchillo hacia mí. Lo esquivo.
-Agg… -Se queja.
-¿Duele?
-¡Es mi camisa preferida!
-Lo sé. Te la regalé yo. –Es una pena estropearla pero… en fin.
Se lanza de nuevo sobre mí y caemos al suelo. Él se pone sobre mí inmovilizándome y me sujeta los brazos. Comienza a golpearme el que sostiene el cuchillo contra el suelo obligándome a soltarlo, y saca sus colmillos. Acerca su boca a mi cuello relamiéndose. Yo pataleo, no quiero que me muerda, ¡¿en qué está pensando?! Eso me debilitará. ¿Acaso ha cambiado de opinión? No, no puede ser. Debe tramar algo. Justo cuando oculta su boca bajo mi pelo se detiene.
-haz que rodemos y quédate encima de mí. Te golpearé para lanzarte cerca de la puerta y que escapes, pero tengo que morderte o me pillarán. –Antes de que pueda hacer algún gesto para responderle me muerde. Yo grito. No haya cosa más molesta que tomen tu sangre sin permiso. Oigo la risa de Roberto, da por hecho que me ha vencido.
Arturo bebe poco, esperando que realice la parte de su plan que me ha indicado. Cojo fuerzas de donde puedo y lo hago rodar, Arturo suelta mi cuello y gruñe, no sé si finge o no… cuando me quedo encima de él miro a Roberto, de nuevo está enfadado. ¿Qué hago ahora? Ya sé, haré lo mismo que él.
Me acerco a su cuello y le lanzo una mirada significativa que espero que entienda por: “¡Lánzame ya!” Y lo hace. Me golpea fuerte con sus piernas y me lanza por los aires. Me golpeo contra el techo, del que caen algunos trozos y crea una nube de polvo. Caigo con las rodillas. Me pongo en pie y miro alrededor. Juan y Ángel deben de haberse ido, yo ya no los veo. Echo una última mirada a Arturo y salgo corriendo por la puerta. En el callejón hay varios cadáveres de vampiros. Entre ellos el portero. Juan está en la esquina del callejón esperándome.
-Ven, corre. Ángel ya se ha ido con Nilo. –Me reúno con él y salimos corriendo. –Nos vamos corriendo, un coche sería demasiado lento.
-Lo sé. –Miro hacia detrás y veo salir a varios vampiros, entre ellos Arturo. Todos salen corriendo detrás de nosotros pero Roberto, que por una vez se ha movido para hacer algo, los detiene. Arturo le da una patada a una pared intentando parecer cabreado, pero a mí me sonríe y me guiña el ojo. Roberto se le acerca y le dice algo. Espero que no sean muy duros con él. –No nos siguen. –Informo a Juan. -¿Por qué?
-No querrán llamar la atención. Seguirán nuestro olor hasta nuestra guarida.
-Pues hay que despistarlos.
-No, vamos directos. Vamos a cambiar de sede.
-Está bien.
Si es posible, aumentamos aún más la velocidad. Pronto pasamos junto al coche de Juan. Entramos sin decir una palabra.
-¿En qué coche se ha llevado Ángel a Nilo?
-En el de Nilo, pero tranquila. Ha dado un rodeo y tirará el GPS lejos. –Dice adivinando mi preocupación, no podemos dejar ningún cabo suelto. –Aunque de todas formas no era tan importante, debió de darles nuestra dirección.
-¡Maldito cabrón! –Digo sin poder contenerme. Casi nos echa a perder todo el plan, es más: casi hace que Roberto me capture.
-Tienes la cazadora rota. –Arturo me había cortado la cazadora verticalmente al lado de la cremallera y como no llevaba nada debajo se me veía el sujetador. Esto sin duda era una broma de Arturo. Le encantaba ese tipo de humor. De todas formas no importaba enseñar un poco el sujetador, no era como enseñar algo más que eso.
-No importa, ni siquiera es mía. Pienso quemar esta ropa. –Juan rió ante mi comentario.
-Te has portado de maravilla.
-¿A qué te refieres?
-Cualquiera en tu caso se habría preocupado tan solo de salvar su pellejo, sin embargo tú, sin estar unida aúna nuestra organización, te has comportado como si fueses Ángel o Lerón.
-¿Por qué como ellos?
-Son los fundadores de la organización, y actúan como nuestros padres. Se preocupan por cada uno de sus miembros, como tú has hecho esta noche.
-No te emociones, lo que he hecho ha sido para poder capturar a Baltazar. –Le digo con una media sonrisa en la cara, él ha notado mi tono de broma. Mejor. Tiene razón, me preocupó que los capturasen por mi culpa. –En verdad no podía hacer otra cosa, la trampa nos la han tendido por mí.
-Aunque tú no hubieses estado nos la habrían tendido igual.
-No. Me lo dijo Nilo, le habló de mí a Roberto, fue una trampa para mí. Sin duda. Lo malo es que todos estabais confabulados conmigo. Y además, me lo han confirmado.
-¿Quién?
-Uno de los vampiros de Roberto, es amigo mío. Me contó lo de la trampa y además me ha ayudado a escapar.
-¿Es el que te ha hecho eso? –Dice mirando la zona donde tengo sangre seca y el corte de la chaqueta. Su expresión me muestra que vio sino toda la pelea, la mayoría.
-Sí. –Digo bajando la mirada.
-¿Cómo puede ser tu cómplice y ayudarte a escapar si te chupa la sangre y te hace heridas? –Genial, tenía que ver la pelea más realista que hemos hecho…
-Sé que no lo parece, pero si no es por él no salgo de allí. yo también le he hecho daño a él, no tenía más remedio. –Su cara sigue siendo de desconfianza, miro a la carretera y por primera vez me doy cuneta de que damos rodeos para despistar, por si nos sigue alguien. Creo que Juan s buena gente, puedo contárselo. –Verás. Cuando yo trabajaba para Roberto… Arturo era mi novio.
-Arturo era el vampiro ese, ¿no?
-Sí. Cuando los abandoné, Roberto obligó a Arturo a llevarle mi cabeza y como siempre le pone un compañero debía actuar. Arturo es el mejor rastreador que tienen por lo tanto no se puede limitar a fingir que no me encuentra, si alguno de otros vampiros más necios que él me encuentra sería su fin y él está demasiado acostumbrado a la vida que Roberto le ofrece para dejarla pasar. Así que una noche me encontró, y como yo no estaba al tanto de nada se limitó a matar a su compañero. Yo me extrañé, pensé que tramaba algo mucho peor para mí pero no que lo que quería era salvarme. Me contó que no podría vivir sabiendo que por su culpa me habían matado. Así que organizamos un plan para que ninguno de los dos saliera mal parado. Cuando tuviésemos un encuentro y él fuese acompañado lucharíamos, mejor dicho, fingiríamos que luchamos. –Me detengo para analizar su expresión, e le nota muy interesado en mi relato. –Llevamos demasiado tiempo haciéndolo así que Roberto sospecha de él, y como estaba presente debíamos actuar bien. De ahí las heridas y los mordiscos.
-El mordisco. –Me corrige. –Noté tu sangre pero no la suya.
-No llegué a morderle.
-¿Lo intentaste? –Vale, sé que lo duda. Y con razón. Lo he hecho en otras ocasiones, cuando pensaba que nuestro amor se estaba perdiendo, pero con el beso de hoy… no podría haberlo mordido. ¿Habrá notado él eso? Me mantengo en silencio. Él adivina mi respuesta con mi silencio. –Ya veo. –Se hace otro silencio. –Se nota la tensión sensual entre vosotros. -¿Qué? ¿Por qué me salta con esto ahora? ¿Y a él que le importa? –Roberto también podría haberlo notado. –Suspiro, tan solo se preocupa porque haya salido bien la farsa.
-Podría achacarlo a que aunque somos enemigos aún nos sentimos atraídos.
-Esperemos que sea así, sino tu amigo estaría metido en un lío.
-Ciertamente… creo que ya lo está. –Me siento bien hablando de esto con él. Mas bien hablando de esto con alguien.
-¿Por qué?
-Roberto no permite el fracaso. Si ocurre cuando él no está presente y en una misión que no tiene una fecha determinada no importa, no te castiga. Pero si es al contrario… como hoy. Arturo tenía que capturarme hoy, era su última oportunidad. Y encima Roberto ha visto su fracaso. Le hará pagar cada vez que ha fracasado.
-¿Lo va a torturar?
-Seguramente. –Nos atraviesa un silencio imperturbable hasta que aparcamos frente a l casa de Ángel.
-Esta bien. –Me dice Juan. –Te creo. Arturo es de fiar.
-Gracias. –Murmuro. Voy a abrir la puerta pero Juan me detiene.
-Y si necesitas ayuda para rescatar a Arturo, solo tienes que pedírmela. –Esa propuesta me llega por sorpresa. No esperaba que tuviese un corazón tan grande. De repente me invade la pena, pena porque este ser tan amable y bueno tenga que cargar con el peso de la inmortalidad. Nadie tan bueno se merece esto.
-Muchas gracias Juan, pero yo no puedo hacer nada. Le pedí que abandonase a Roberto, que se uniera a mí. Pero le gusta mucho vivir de maravilla y pertenecer a un lugar. Él no es tan independiente como yo.
-¿Bebe sangre?
-¿Arturo? –Afirma con la cabeza. –Sí. –Agacho la cabeza, avergonzada por algo que yo no hago. –Pero nunca mata.
-Es un paso.
-¿Para qué?
-Para que lo podamos admitir. Le podrías ofrecer que se una a nosotros.
-Quizás… Pero ahora no tengo forma de contactar con él. Tendré que esperar a otro encuentro… eso si sobrevive y le dejan seguir buscándome.
-¿No tenéis un lugar especial donde os reuníais y donde pueda acudir él para recordar viejos momentos?
-No… pero eso me da una idea. Necesito un favor.
-Por supuesto. Solo tienes que pedirlo.
-Luego te lo cuento, ahora vamos a entrar.
-Sí, que tenemos prisa. –Dice cambiando su tono serio y preocupado por uno más excitado y alegre.
-¿Te alegra tener que cambiar de sede? –Le pregunto a la vez que salimos del coche.
-Sí, porque me recuerda que hemos tenido problemas con una misión que, sin embargo, salió bien al final.
-Es otro punto de vista. –Dentro de la casa se escucha barullo, por mis sentidos noto la esencia de al menos treinta vampiros nuevos. Nos abre una vampira que asiente dramáticamente y se aleja. Toda la casa está llena de vampiros volando por el suelo, recogiendo todo, empaquetándolo y llevándolo a un camión que había fuera. Entre ellos distinguí a Lerón y me acerqué a él agradeciendo poder correr tan rápido como quisiera sin temor a ser descubierta.
-¡Elisabeth! Que bien que ya hayas llegado. Estábamos preocupados por vosotros. Juan también está bien. –Dice afirmando. Ambos miramos a Juan que ya se ha puesto manos a la obra. –Muchas gracias por formar parte de nuestro grupo, sin ti no lo habríamos conseguido. –Genial, más halagos… No he hecho nada excepcional, me he limitado a ser yo y no creo que haberme preocupado un poco por ellos sea tan significante como para que me lo agradezcan así. En fin… ahora solo me preocupa una cosa.
-¿Baltazar y Nilo?
-A Baltazar nos lo hemos llevado ya, queríamos meterlo directamente en la nueva sede, lo vigilan Inés, Alicia y Jaime. Nilo está en el arsenal.
Bien. Me alejo de él y me dirijo a la armería. Un vampiro adulto vigila a Nilo. Este está atado a una silla con cadenas de mercurio. A diferencia de todas las leyendas y habladurías, la plata no nos hace daño. Es el mercurio el que resulta mortal para los vampiros. Una de las formas más fáciles de matar y torturar a un vampiro capturado es hacerle ingerir mercurio. En pequeñas dosis comienza quemando el intestino y el vampiro se recupera si se deja tiempo para la curación entre las dosis, pero si se hace ingerir grandes cantidades de mercurio de un golpe el mercurio te destroza desde dentro y a diferencia que otras formas de morir de los vampiros, es muy asqueroso. El vampiro acaba siendo una masa de putrefacción asquerosa, a diferencia de las otras dos muertes: por rotura del cuello el cuerpo permanece igual varias horas (tres como mucho) para comenzar a desaparecer en un proceso que dura unos minutos (el vampiro acaba pareciendo un montón de cenizas echando humo), y por muerte en el fuego, (el vampiro comienza a consumirse como un tronco, solo que más deprisa, y después huele mal).
Las cadenas de mercurio son tubos de un material tan fino que parecen finas laminas de papel cebolla y están rellenas de mercurio líquido. Gracias a la fina capa el mercurio debilita al vampiro sin llegar a herirlo y además crea una prisión psicológica también, pues crea un miedo al vampiro a intentar romper las cadenas ya que la cadena se rompería y el mercurio se derramaría sobre su piel quemándolo profundamente hasta llegar a los huesos. Algo muy doloroso, os lo aseguro. Una vez sentí una gota caer sobre mi piel, uff, que mal lo pasé. Y ahí está Nilo, con todo el cuerpo rodeado de cadenas de mercurio. Me acerco realmente cabreada.
Él mira al suelo y está tan débil que ni le interesa saber quién ha entrado. Me quedo delante de él y al final la curiosidad le vence. Comienza a mirar mi cuerpo desde los pies a la cabeza descubriendo las manchas de bebidas y sangre, y también el corte de la chaqueta. Cuando llega a mi cara sonríe.
-Preciosa, ¡has escapado! Aunque con heridas… -Dice mirando fijamente mi sujetador.
-Tranquilo, no me ha dolido.
-Me alegro. Oye, quizás tú puedas convencer a tus amigos de que no hice nada malo.
-¿Por qué debería hacerlo?
-Bueno, al final usaste a mis hombres.
-Sí, cierto. Tus hombres nos han ayudado y por eso están libres. Sin embargo tú… vas a pagar cara tu traición. Y no intentes engañarme, se la verdad.
-Bueno, no importa. Ellos vendrán a rescatarme.
-“Ellos” –digo ridiculizándolo –no hicieron nada para evitar que te capturasen. Estaban muy ocupados conmigo y ahora estarán muy ocupados castigando a los que han fracasado. –De nuevo me acordé de Arturo y mi gesto se torció en un gesto de pena.
-Vaya vaya, la dulce gatita teme algo. ¿Dime de qué se trata bonita? –Cabreada como estoy su comentario no me sienta nada bien. Alzando la pierna le doy una patada directamente en la cara y con la fuerza lo lanzo a él y a su silla hasta la pared. Solo gruñe un poco así que sus ataduras no se han roto. –De todas formas no importa. Me lo pasaré bien aquí. Tus amigos son unos blandos no me harán daño.
-Te olvidas de alguien, -digo dándome la vuelta.
-¿A sí? ¿De quién?
-De mí. –Digo y acto seguido cojo una navaja que había cerca y la lanzo contra él. Mi intención no es herirlo, es cortar una cadena de mercurio. Y lo consigo. En unos momentos Nilo se encuentra retorciéndose de dolor. Ha tenido suerte de que le hayan puesto muchas cadenas individuales en vez de una larga, o quizás preferiría morir a sufrir. No lo sé. El vigilante se me acerca.
-¿Qué has hecho?
-Darle su merecido, o al menos una décima parte. –Él me mira extrañado pero no se atreve a contradecirme. Seguramente se alegre también de que sufra por haber traicionado su organización.
Salgo de allí a la vez que Lerón y otro vampiro llegan.
-Vamos a recoger a Nilo y las armas y nos largamos. La casa ya está vacía, Juan te espera para acompañarte a la nueva sede. –Asiento. –Creo que vamos a tener que hacer algo con el tema de tu coche.
-No tengo.
-Ya lo arreglaremos. -Continúo hasta la casa y me encuentro a Ángel recogiendo cosas personales.
-Elisabeth, si quieres recoge tu ropa. Ya es para ti, Inés te la regala.
-¿Era de Inés?
-Sí, es mi novia. –Su novia… no sé como no me he dado cuenta.
-Dale las gracias pero no la necesito, voy recoger ropa a mi casa.
-Elisabeth, eso es peligroso.
-No, peligroso sería en otro momento, ahora es de lo más seguro. Además voy a ir con Juan. Y si noto que algún otro vampiro anda por allí me voy. Tranquilo.
-Está bien, pero no te entretengas. –Me reúno con Juan en su coche.
-¿Hora de tu plan?
-¿Cómo lo has sabido?
-Estás concentrada.
-Ah… ¿me dejas conducir? Hace tiempo que no cojo un coche.
-Está bien, pero cuídamelo, es nuevo.
Llegamos a mi bloque de pisos enseguida, en el transcurso Juan ha estado muy nervioso por mi modo de conducir, estaba preocupado por su coche.
-De vuelta conduzco yo. No te pienso dejar mi coche nunca más. –Dice mientras miro la ventana de mi piso. -¿Quieres que te acompañe? –No me apetece mucho estar acompañado pero será mejor llevar refuerzos por si acaso, aunque también estoy segura de que Arturo no ha delatado mi dirección. Cuando entramos Juan hace un gesto con la nariz. –Tu novio ha estado aquí.
-No es mi novio… -Digo despistada, si sigue hablando ya no captaré ni una palabra más. Estoy más preocupada siguiendo el rastro. Entró y se dirigió a mi cuarto. Encima de mi cama hay una nota:
“Beth, siento mucho lo que ha pasado. Espero que la próxima vez que nos veamos no salgas corriendo y me dejes demostrarte que aún te quiero. Arturo.”
Debió de dejarla aquí después de que yo saliera huyendo aquella noche. Su preciosa y elegante letra resalta en tinta roja sobre un fondo negro. Sí que me ha demostrado que me quiere, él sabía muy bien lo que le esperaba, mejor que yo. Se ha ofrecido a vivir un tormento por alguien que le culpa de algo que escapaba a su poder, es admirable. Y ese beso, aunque rápido y furtivo, ha sido suficiente para recordarme lo mucho que ansío su compañía. Tengo tantas ganas de llorar, siento las emociones reprimidas en mi pecho y amenazan con salir todas de golpe.
-A veces ñoras poder llorar ¿eh? –Me dice Juan, no había notado su presencia. Está apoyado en el marco de la puerta y me observa aquí de pie, leyendo la carta.
-No sabes cuanto.
-Supongo que, tú llevas más de cien años sin poder llorar, yo poco más de cincuenta. –Se acerca y apoya su mano en mi hombro. Juan me cae cada vez mejor. –La nota son malas noticias.
-No… la dejó aquí hace tiempo y solo me está pidiendo otra oportunidad. Si hubiese venido antes quizás me podría haber avisado de la trampa y ahora no estaría a punto de sufrir una horrible tortura. –Voy elevando poco a poco el tono hasta gritar.
-Tranquila. No es culpa tuya. El idiota es él por no querer estar siempre a tu lado.
-No es eso lo que más me duele Juan. –Espera que continúe. –Lo que más me duele es que en parte él no está conmigo porque yo… lo culpo de la muerte de mi familia.
-¿Tu familia?
-Sí. Roberto los ordenó matar para cortar mis lazos con ellos y Arturo tuvo que estar allí y contenerme para que no los matara a todos.
-¿Y lo culpas de eso?
-Sí. Es un error ¿verdad?
-Depende desde donde quieras mirarlo. –Nos quedamos callados unos minutos. –Deberías dejarle una nota por si vuelve.
-Sí. –Cojo un bolígrafo y escribo por la parte de atrás de la tarjeta.
“Arturo, muchas gracias por tu ayuda, sin ti no podría haber escapado de allí. necesito verte, quiero saber si estás bien, no puedo para de pensar que por mi culpa deben de estar torturándote. Lo siento mucho. Me gustaría quedar contigo pero no sé cuando podrás, así que a partir de ahora acudiré al lugar donde Ángel me “salvó” de ti y de Marcos todos los jueves al caer el sol. Espero verte allí pronto, espero no tener que ir en tu busca. Beth”.
El haber firmado como Beth le da derecho a llamarme así pero ya no me importa, en cierto modo lo añoro y todo. Pienso en dejar la carta ahí, sobre la almohada como ha hecho él, pero podría ser peligroso si descubren que esta es mi casa. Debo ocultarla en algún sitio… ya sé. Me arrodillo para buscar en el fondo de mi armario.
-¿Qué haces? –Me pregunta Juan extrañado.
-Buscar una cosa… Aquí está.
-¿Qué es? –Dice observando el bulto que estoy sacando entre mi ropa de invierno.
-Un joyero que me regaló Arturo. Lo coloco encima de la cama. –Tiene un compartimiento oculto que me enseñó él. Sin duda si ve el joyero lo recordará y encontrará la respuesta. –Abro el joyero y en la tapa despego un trozo del fieltro que deja ver una pequeña cavidad suficiente para guardar mi carta.
-Buena idea.
Me quedo mirando un momento el joyero, añorando aquel tiempo cuando podíamos estar juntos sin problema alguno.
-Tenemos que irnos Elisabeth.
-Sí, eh… Juan, llámame Beth.
-Vale. –Cojo mi bolsa de viaje y la lleno con ropa, casi toda de diario y algún que otro trapillo que no me apetece perder, calzado de diario y más arreglado, mi maquillaje, algunas joyas, y mi documentación, por supuesto toda falsa. Juan me pide con un gesto que se la deje ver.
-Es buena, ¿quién te lo ha hecho?
-Un viejo amigo.
-Con que diecinueve años. ¿Con cuántos te convirtieron en realidad?
-Diecisiete, ¿a ti?
-Veintiséis. ¿Los aparento?
-Sí, -más o menos es la edad que da a entender.
-Tú no aparentas los diecinueve.
-Por eso llevo la documentación falsa.
Mientras bajamos pienso en Arturo, ni siquiera sé si podrá venir aquí, o si se le ocurrirá venir. Pero una cosa tengo clara. No lo voy a abandonar a su suerte. Si el cuarto jueves no se presenta, iré a rescatarlo. No me queda otra, le debo la vida.
Y si ya lo ha matado… Roberto pagará su muerte también.
No hay comentarios:
Publicar un comentario