martes, 22 de septiembre de 2009

Capítulo 4. "Una gran revelación"

Las dos semanas siguientes han sido muy tranquilas. He observado todos los movimientos de Baltazar. Se pasa casi todos los días en el club y por las noches desaparece, no sé qué hará pero seguramente nada bueno.
No me he encontrado con Julio de nuevo, y menos mal. El chico sospecha algo, comenzó a rondar por el parque siempre anocheciendo y por zonas con luz. Tan poco sería tan malo que supiera lo que soy, pero mejor es dejarlo al margen.
Esta noche voy a ver si consigo averiguar algo más sobre Baltazar, siempre va acompañado así que no puedo matarlo, he de esperar mi oportunidad.
Me dirigo a su casa. Espero a una distancia prudente a que él llegue. Estoy tan absorta en mi vigilancia que no me doy cuenta de que alguien se me acerca hasta que me llama. Me sobresalto. Sé quién es, Ángel.
-Hola. –Me dice.
-Hola, -le miro un segundo y vuelvo a centrar mis sentidos en mi vigilancia.
-¿Qué haces aquí?
-Nada. –Miento.
-Entonces podrás acompañarme.
-En verdad espero a alguien. –Digo para escabullirme.
-¿A quién? ¿A Baltazar? –Le miro sorprendida. –Está ocupado. No va a venir esta noche.
-¿Cómo lo sabes?
-¿Él qué?
-Que le espero a él y que no va a venir. –Mierda, acabo de aceptar que espero a Baltazar.
-Verás. No eres la única que le espía, y mis vigilantes me han informado de que llevas dos semanas rondándole. Y por supuesto sé dónde está ahora mismo. no vendrá a su casa en unos días.
-¿Dónde está?
-De caza. Buscan a unos vampiros que les han traicionado. –Me encojo de hombros y miro pensativa a la casa. -¿Me acompañas entonces o no?
-¿A dónde y a qué?
-Ven y lo sabrás. No puedo decírtelo aún.
-No sé yo...
-Vamos, recuerda que me debes una y necesito pedirte algo, pero no puedo decírtelo aquí, las paredes tienen oídos. –Bueno, así me quito esa deuda de encima, lo acompañaré. Además Baltazar no está y si tiene razón va a estar ausente unos días. Afirmo y le sigo mientras él me habla. Tras unos pasos me invita a subir a un coche que tiene pinta de ser muy caro. Tantos años sobre la faz de la tierra tienen sus recompensas. Nos bajamos delante de una gran casa, a la altura del lujoso coche, entramos y me conduce hasta una gran sala. Me invita a sentarme y se va en busca de alguien. Vuelve con otro vampiro, tanto como Ángel.
-Elisabeth, él es Lerón. –Tiene el aspecto de un hombre de treinta y pico de años y es enfermizamente hermoso. Se acerca, me toma de la mano y me la besa. Que caballero.
-Mucho gusto. –Su voz es aterciopelada.
-También para mí. –Se sientan en el sillón enfrente de mí.
-Verás, -comienza Ángel. –Te he traído aquí porque queríamos hacerte una proposición. Nos gustaría que te unieras a nosotros.
-¿A qué? –Pregunto. Un criado viene con vasos de sangre. Ellos cogen un vaso y a mí me ofrece otro pero lo rechazo.
-Tranquila. –Me dice Lerón. –Es sangre de oso. Muy nutritiva. Sabemos que no bebes sangre humana que no haya sido donada. –Tras la explicación tomo el vaso y lo huelo, sí, es sangre de oso. Bebo un poco y atiendo a Lerón. –Nosotros tampoco lo hacemos, es más, estamos en contra de la matanza de humanos.
-Comprendemos que es nuestro instinto y que a veces no es inevitable hacerlo. Pero ahora los vampiros lo hacen por diversión y no solo por necesidad como ocurría antes. –Continúa Ángel.
-Nosotros hemos formado una asociación, por llamarlo de alguna manera, para contrarrestar esto. Tenemos muchos aliados, pero también muchos contrarios, entre ellos que tú conoces muy bien. –Me quedo pensativa y por mi cara deben averiguar que no caigo en la cuenta.
-Vamos Elisabeth. –Me dice Ángel. Me habla como si me conociera de toda la vida. –Estuviste trabajando para él en tu adolescencia vampírica y cuando te fuiste de su grupo comenzaste a arruinar algunos de sus proyectos.
-¡Roberto!
-Sí, -me confirma Ángel. –Nos has ayudado mucho sin saberlo. Pero últimamente has estado centrada en Baltazar y hemos pensado que quizás tramas algo. Como a nosotros también nos interesa hacer algo con él pensamos que quizás querrías unirte a nosotros.
-Espera. ¿Por qué queréis hacer algo con Baltazar y el qué?
-Interrogarlo y eliminarlo.
-¿Por qué?
-Es la mano derecha de Roberto.
-¿Qué? ¿Desde cuando? –Pregunto atónita.
-Creemos que alrededor de un siglo. ¿No lo sabías?
-No.
-Pensábamos que ibas detrás de él porque trabaja para Roberto.
-No, no es por eso, ni mucho menos.
-¿Entonces? –me lo pienso un momento.
-Venganza. –Tan solo digo eso sus ojos se abren de asombro.
-Oh... la dulce venganza. –Dice Lerón.
-No, la venganza no es dulce, es amarga. –Le contradigo. Asiente y pregunta curioso.
-¿Podemos saber la razón de tus ansias de evnganza? –No veo ninguna razón para no contárselo.
-Él me convirtió, me arrebató mi vida. –Se quedan en silencio.
-Entendemos. –Dice Ángel tras un momento. -¿Por qué tienes ese pique con Roberto entonces?
-Asuntos personales. –Recordarlo es demasiado doloroso.
-Como quieras. –Han comprendido que no quiero hablar de ello. Ahora que recuerdo... ¿qué pasaría con Arturo?
-¿Qué pasó al final con Arturo?
-Escapó. –Me aclara él. –Cuando te fuiste me descentré y él huyó, tampoco me interesé en seguirle. –Asiento pensativa.
-Bueno. Entonces qué dices. ¿Te unes a nosotros? –Interrumpe Lerón.
-No. Digo cortantemente. Yo tengo mi propia guerra como para unirme a otra aún mayor.
-Elisabteh, estás en deuda conmigo. –Me recuerda Ángel. ¿Me salvó para poder chantajearme? Pues no le va a salir bien, está muy equivocado.
-Tú mismo lo has dicho, estoy en deuda contigo no con tu asociación o como vosotros la llaméis. –Me pongo en pie dispuesta a irme. –Si no queréis nada más me gustaría irme.
-Espera un momento. –Me pide Ángel. Yo no me siento, él piensa un poco y ya me habla. –Podemos hacer un trato. Nosotros vamos tras Baltazar igual que tú. Podemos ayudarte a cumplir tu venganza, y después te unes a nosotros. ¿Te parece bien?
-¿El qué? ¿Estar toda mi vida atada a vosotros por un poco de ayuda para algo que, sé, puedo hacer sola? No gracias.
-De acuerdo. Lo plantearemos desde otro punto de vista. Te unes a nosotros hasta que cumplas tu venganza, y después cada uno por su lado. No importa cuando lo hagas, ya sea una semana, un año o un siglo. No te pediremos que te quedes y además te aportaremos toda la ayuda que necesites. –Ambos me miran esperanzados.
-¿Por qué tenéis tanto interés en que me una a vosotros?
-Eres una gran vampiresa, tremendamente experta para tu edad.
-Tengo ciento cincuenta y siete años, no soy tan joven. Y si le sumas mis años humanos son ciento setenta y cuatro años.
-Sí, pero tienes una gran habilidad. Has vencido a vampiros más antiguos que tú. Y sin duda Arturo te habría matado en pocos segundos si no fuera así. –Quizás tenga razón, he sobrevivido a mucho, y dicen que lo que no te mata te hace más fuerte. –Además tú sola has causado más problemas a Roberto que nosotros.
-No puedo daros una respuesta tan pronto. He de pensarlo.
-Al menos eso ya es algo. Vamos, te llevaré a tu casa.
Nos montamos en el coche y de camino a mi casa no hablamos nada. Me deja en el portal de mi bloque de pisos y antes de que salga me dice.
-¿Cómo contactarás con nosotros para comunicarnos tu decisión?
-Bueno, puedo ir a tu casa.
-No es mi casa, es la sede de la asociación.
-Pues allí iré.

1 comentario:

  1. olap tu blog es genial
    x eso le e dado un premio en mi blog>:
    www.un-mundo-oscuro.blogspot.com
    bss
    aLBa!!...

    ResponderEliminar